viernes, 26 de diciembre de 2014

Borrador

Vuelven los lunáticos, los amenazados, las noches sin insomnio, los días sin gloría, vuelven las lunas de diciembre con sus secretos y sus escombros, las heridas vuelven a abrirse suavemente y con dolor, no ese dolor agudo y visceral de las heridas de batalla, sino ese dolor pausado y subterráneo de las heridas que no sanaron nunca, que se infectaron por dentro mientras afuera la piel no mostraba ningún signo de alarma, solo una cicatriz plana para recordar el sitio, eso trae diciembre con sus luces y sus alborotos, noches largas y solitarias rodeadas de gente que sonríe y que por dentro también carga sus propias angustias. El sufrimiento de diciembre es leve para la mayoría, las nostalgias vienen como olas a traernos los restos de amores y cariños que se pudrieron en el lodo al fondo de los remolinos. No es que quede demasiado. No es que queme demasiado. Es solo estos días del fin de año que como todo los fines hacen recapitular y asignar valores, esto fue bueno, esto no tanto, esto otra vez quedó pendiente, a por cierto, te quiero, sin tener ni la más remota idea de lo que eso significa. Vuelven los poetas y sus voces profundas y vagas, sus decires que nada dicen y contienen como el Aleph todo el universo. Vienen las letras de sus poemas a rasgar el aire y quebrantar los quejidos, a derramar en las heridas ese bálsamo espeso que arde pero que cura, ya que no hay manos que vengan a corroer el miedo. Hablo de mí, por supuesto, por egoísmo supongo o porque sé tan poco de los otros.

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