No es más fácil vivir con el tiempo o con la experiencia,
Los niveles son cada vez más inalcanzables, más imposibles.
La terquedad hereditaria que me ha tocado me empuja,
Me avasalla a insistir,
Un día más, un año más, una vida más,
A pesar de los desamparos, de las carencias, de los dolores, de las alergias,
La terquedad irreemplazable y obstinada me sostiene,
Ante el estómago revuelto, ante la piel escamada, ante el cerebro detenido,
Frente a las deudas impagables, frente a los científicos abominables.
No todavía!
La testarudez de hacer posible lo indomable,
De hacer amable lo innombrable,
De hacer cierto el cariño.
Nada sería de mí sin ustedes,
Mis amigas, mis amigos,
Ni rastro quedaría de mí sin ustedes,
Heroínas cotidianas,
Diosas terrenales,
Andariegas de pasados usurpados,
Corredoras de sonrisas estelares,
Medidoras del valor preciso del cariño,
De la energía necesaria para mover al mundo,
Sostenedoras de las plumas que caemos.
Traedoras del verde, de la calidez, de la frescura.
Tejedoras de voces, movimientos, letras.
Hacedoras de instantes, de saberes, de futuros.
Ustedes, las continuas, la presentes, las infinitas,
Tania, María José, Camila, Valentina...
Y todos ustedes todas, las que no nombro.
Ya va, dosmilveinticinco, ya va. Que hay que querer!
Y aquí estás tú,
Idiota!
En medio de la incertidumbre
Al borde de lo inalcanzable
Cuando viene la mañana,
Al despedirse el día,
A la hora del dragón, de la cenicienta.
Estás tu.
En el encuentro entre la cama y la tormenta,
El gato dentro de la caja,
El observador del evento que se modifica,
En las uvas, en las velas, en los caballos al viento,
En las uñas, en lo húmedo, en los besos,
En todos mis errores, mis rencores, mis falencias,
En el equilibrio dinámico del desequilibrio sostenido.
Mi cuerda floja, mi tornillo refundido,
La razón, la belleza,
El rastro del amor,
La promesa.
El augurio.