domingo, 7 de diciembre de 2014

Agónica

Ay letra, tu que eres la única forma de sacarse del cuerpo esta alma convulsiva y angustiada, tu que eres el único camino para escupir sin miedos todos los miedos y los horrores. Yo sin ti soy apenas un rastrojo, un despilfarro de átomos y células. Letra, descúbreme, permíteme, configúrame, límpiame, absuélveme.
Si lejos de ti soy el silencio que miente y que contiene las verdades, el que no dice y se queda sostenido y pendiente, sin dejar que el fluir de la vida se haga cierto. Lejos de ti, querida, soy una herida leve que profundiza y se infecta, que pierde toda la conciencia y la razón, que va haciendo polvo y olvido lo bonito, el corazón, el cariño.
Déjame estar aquí, ahora, déjame usar tu cuerpo para poner aquí todas mis tristezas, todos los dolores, la gripa, la agonía, la miseria, de ser este ser humano, tan inhóspito y tan prolijo, tan configurado con tanto cariño y con tantas cicatrices, esta yo tan estúpidamente humana, tan ingeniosamente construida.
Voy deambulando, vagabunda de tus ritmos y tus acentos, buscando entre las curvas de tus signos el alivio, la tranquilidad y lo hermoso. Cuánto me miento! Cuanto trato de manejar los sentimientos que se me arremolinan y se me acumulan en la vida, bajo las axilas, entre los dientes, bajo los lunares. Cuanto trato de aceptarme así de innoble, así de simple, así de mezquina y orgullosa, así de injusta y de vulgar. Y me aferro a la misma esperanza a la que todos se aferrar en el último instante de desespero antes de perderse para siempre en la sinrazón. Me aferro con las uñas astilladas el borde del todavía, del es posible, de queda un rato, del futuro irregular e inexistente.
Tal vez exista alguien, alguna, que se quede para siempre. Y esa mentira que no puede ser falseada se hace indispensable. Tal vez allá a lo lejos hay un alma que se parece a la mía y que sabe en lo profundo del cariño. No tengo nada más que eso. Lo único que me queda entre las manos y entre las realidades son las fantasías de un futuro irreal que todavía me permita mantener la conciencia, la oportunidad de equilibrar los agujeros de mis sentimientos que se hacen infinitos y consumen a mí alrededor hasta la luz.
Existir es supremamente doloroso, y sin embargo, prefiero desfigurada el dolor en las entrañas a esa inexistencia en vida, a ese entierro de la desconexión de mis neuronas y mis sistemas. Prefiero este dolor simple e insaboro de la soledad angustiante que ese no ser en silenció y despectivo. Y aunque lo prefiero, una vez tras otra, un día tras otro, segundo tras segundo, siempre, aunque lo prefiero, cómo duele hijueputa! Como se me enmohece el corazón en esta soledad llana y abrumadora, como se me retuerce la ternura secándose sin a quien serle húmeda y agradecida, como me tiemblan las yemas de los dedos y se espinan de no tener un alma a la que acariciar en las mañanas.
Tú, enemigo de mis sueños, que te arrinconas en mis ideales optimizado, tu, real y apabullante, inquebrantable, inalcanzable, te dejo esta letra como el único testigo de que te quiero, sabiendo lo lejos que somos, lo inequiparables y limitados, tú con ese cuerpo de árbol hacia el cielo, con esa piel ávida y ulcerada de cariño, que me está vetada subsanar así lo quiera, tú, bestia herida de inigualable aspecto, cordero hecho salvaje y apabullante, serpiente coral hipnotizada, dios quiera que sepas envenenarme.
Por ahora no eres ni siquiera un mal recuerdo, agradecida. No te vuelvas ese a quien también quiero olvidar hasta los huesos. Te prefiero lejos e inalcanzable que miserable y agónico, si no hay posibilidad de que seas sol y cariño entonces quédate en los imposibles. Y hablo de las realidades, porque se bien que el cariño no es magia y unicornios, se bien que el cariño es cada día escoger de nuevo estar con quien se ama, todos los días escoger otra vez el cariño. Se bien que el amor es eso que uno construye entre las manos y las entrañas, compartido y frágil pero sublime, impune y húmedo pero concreto. Quiero más que nada, más que el borde del éxito y de los honores, más que el chillido de las voces y los queridos, quiero un alma como la suya, a quien florecerle todos los días. Si usted es o no es no tengo manera de saberlo, por más que quiera. Yo lo quiero aquí de una manera inigualablemente estúpida y agria, yo lo quiero con mis espinas y mis horrores, y lo quiero con el borde de mi lengua, con el filo de mis piernas, con todo lo que me palpita en el cerebro.
Viste? solo la letra y su poderes secretos me proveen de lo necesario para calmar esta angustia, un buen placebo, no se va, pero se aquieta, cómo la marea, juro que no voy a perderme todavía, que esperaré aún un otro día, hasta mañana, solo querida hasta mañana, mientras tanto distraeré esta cabeza con el universo, con los genes y los mares, con el sol y el masoquista, con el cuerpo corriente y la cabeza hirviente, mientras le pongo flores al cariño y chocolate al ánimo.

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