miércoles, 30 de agosto de 2023

La última pista de las promesas olvidadas

¡Ay Agosto!
Escapar de ti era imposible.
Se tejen apretadamente los latidos.
Las células divididas se me mueren.
Las cascadas oscuras y profundas del corazón susurran.
Se resquebrajan estremecidos los cimientos.
Se rompe la crisálida justo a tiempo.
Se me desaguan los ojos y las encías.
Arrastro conmigo todo lo inoportuno.
Les dejo a cada una un pedacito.
De lo que soy, de lo que amo.
El tiempo adquiere otra vez ese lenguaje diferente.
Esa dimensión extraña que parece inexistente.
Nada soy sin ustedes.
Nada de lo que soy tiene valor sin ustedes.
No quiero nada sin ustedes.
Y ustedes viven desesperadamente sus vidas.
Allá, desesperadamente.
Ustedes se continúan paso a paso sin mi.
¡Sin mi! día a día.
Y yo los extraño.
Con una gravedad extrema que me sustrae.
Con una velocidad creciente que me trastoca.
Con una voracidad enorme que me trasboca.
No quiero estar sin ustedes.
Sin ustedes, aquí, apenas sobrevivo.
Me hacen falta en el sentido hasta las sombras.
Extraño en lo cotidiano hasta la angustia.
Que esta tranquilidad insípida y aburrida me deshoja.
No me alcanzan los abogados y los gatos.
No me son suficientes los largos días y las millas.
Requiero la estabilidad de las 12 horas y los kilómetros.
Necesito, hasta en los huesos, las montañas, las frutas.
Respiro en cada instante el regreso.