jueves, 12 de julio de 2012

Mírame, estas líneas en mi rostro no son gratis, me han costado más de una lágrima y cientos de sonrisas. Mírame, ya no juego al gato y al ratón y aprecio como nada una sonrisa venida de la tranquilidad de un momento en silencio. Mírame, para que reconozcas que a fuerza de haberlos repetido muchas veces, ya casi no repito los errores de antes, he aprendido.

miércoles, 4 de julio de 2012

Vuelvo

La escritura siempre es un desafío a la supervivencia.
Es un reclamo urgente de presencia.
Una vibración profunda que trae todas las realidades.
Escribir es la liberación de todos los seres ocultos en mis pulmones.
El acorde que no sé tocar en la guitarra ni en el piano.
La melodía fundamental que viene a aunar todo lo que soy y lo que poseo.
Las letras son ese jugo ácido que me permite la vida.
Los eslabones de la cadena que resume mi ser y mi existencia
La algarabía de los sueños que se dibujan en el parpadeo incesante de mi infinito cerebro.
La escritura me busca y sabe encontrarme de vez en cuando entre las inconsistencias.
Me perdona, me equilibra y me desborda.
Me reconoce en toda la extensión inagotable de mi humanidad postergada.
Me devuelve el poco aliento de ser menos que nada en este universo incomprensible y pálido.
En esta luz constante e inacabable que se desliza entre las almas de todo cuanto ha existido, existe hoy y viene luego.
Me resume, me consuela, me multiplica y me fragmenta.
La escritura me persiste y al tiempo me abandona en el instante exacto en que pongo el punto.
Amo como se va disolviendo el té en el agua... siempre parece un profundo proceso de libertad, cambio y armónia puesto en escena por las partículas coloreadas del té y esas incoloras del agua... compartiendo el mismo espacio sin dejar de ser ellas, amoldandose despacio a la realidad del otro, bailando, confundiendose, aclarandose, siendose... amo el lento y casi eterno diluir del té en el agua.