Amo abandonarme a tu voluntad de diluir mis pensamientos en
tus ideas. Tu historia es limpia e intrincada, perderse en ella sería fácil,
pero tu voz es un hilo claro que me va conduciendo, que me evita los callejones
sin salida, que me salva de las ajugas de las hipótesis invalidas, que me libra
de los abismos de las preguntas vacías. Eres real, como la sangre, como el
oxígeno, como el cansancio, como el placer. Eres real y lindo como los sueños,
como dormir, como jugar, como cantar, como reír. No eres fácil, para nada, al
contrario, eres complejo, dinámico, estratificado, diverso, y tu encanto
consiste en eso exactamente, yo al menos no logro resistirme. Tu realidad
simple y tu historia compleja me perturban, me cimbran, me incomodan, me
modifican. Hacen que desde lo profundo y lo salvaje, desde los huesos y los
intestinos, cruzándome el corazón y los pulmones, modificándome la respiración
y los impulsos eléctricos, hacen que desde entonces y sobre todo desde ahora me
broten como estorninos las sonrisas.
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