Es este momento de delirio,
en que abandono el silencio y la prudencia, en que busco en mi cerebro hasta la
agonía las delicias de los segundos compartidos contigo, y los resumo mezclándolos
en millones de posibilidades que configuren imaginarios nuevos y me permitan la
ilusión. Esa mentirosa. Te busco en los rincones de mi mente para intentar
traerte a llenar cada segundo de soledad que me atropella mientras la sangre me
cruza inmune por el pecho y no me da opción de controlarme. No estas, ya lo sé,
lo sé, lo sé bien. No eres tú ahora, lo sé bien, lo sé. Pero la soledad tiene
esos trucos que te desconciertan, esa manera de escurrirse entre los huecos que
deja la paciencia y entre las cuevas que va formando en mi conciencia la
ausencia de otro que procure las sonrisas. La soledad tiene ese poder de
hacerse grande e invencible aliada con el tiempo, solo para recordarme que no
soy infinita, que los segundos son un regalo medido y terminado. Y cómo no
tengo armas para defenderme de su ataque, cómo poco me queda porque el cariño
se me hace pequeño sin quien lo alimente, y la ternura se me acurruca entre los
hombros y el cuello entristecida, como los besos se me ahogan en la boca y se
me olvidan, y la palabras lindas se traducen en miradas que apenas reconozco,
por eso no puedo, a veces simplemente no puedo sostenerme. No puedo quedarme
muda y lejana, no puedo simplemente esperar otro segundo, y entonces sin
permiso, sin razón, sin medida, sin realidades y sin inocencias, reivindico tu
recuerdo al borde de lo absurdo y te nombro con ese nombre que no tienes, y te
llamo cariño aunque no hayas sido sino cuando mucho un silencio incómodo, y
quiero tenerte aquí a mi lado sin siquiera considerar lo que eso significa, y
como todo eso no es más que una idea desfigurada e ilusa de lo que es el
universo, no tengo otro remedio que esculpirlo en letras para hacerlo menos
cierto. Así que aquí estoy, incoherente. Mañana será otro día, y podré quererte
de nuevo de veras, sin apuros y sin dolores, así desde tu lejanía y mi extrañeza,
desde ese punto humano en el que tú eres lo que eres y yo soy esto que soy
aunque no esté muy bien segura de lo que eso sea.
domingo, 28 de septiembre de 2014
martes, 23 de septiembre de 2014
Feliz cumpleaños
Esto es un libro! Se llamaba el libro.
Era un libro!!! Escribió el.
Yo me reí desde el principio, desde el momento en que leí el libro y lo reconocí entre sus páginas.
El libro era un ejemplar poco común, una mezcla sutil y elegante de simplicidad, profundidad, ternura y sarcasmo, delicadamente equilibrada.
- ¿Todo eso viste en el libro? - Imagino que me pregunta.
- No - Imagino que le respondo - El libro es solo un reflejo tuyo.
Era un libro!!! Escribió el.
Yo me reí desde el principio, desde el momento en que leí el libro y lo reconocí entre sus páginas.
El libro era un ejemplar poco común, una mezcla sutil y elegante de simplicidad, profundidad, ternura y sarcasmo, delicadamente equilibrada.
- ¿Todo eso viste en el libro? - Imagino que me pregunta.
- No - Imagino que le respondo - El libro es solo un reflejo tuyo.
La maldición del pájaro
El
animal conocía su destino. Lo había vivido tantas veces! Y cada vez que el
tiempo se acercaba, el miedo crecía en él hasta hacerse infinito, hasta el
desespero de desear la muerte una y otra vez, como un deseo puro y
sublime. La prefería de seguro, sin sombra alguna de duda en ningún rincón de
su emplumado ser, así de seguro, prefería la muerte definitiva. Pero lejos de
ella, la maldición impuesta al ave desde el principio de los tiempos se repetía
incesante una y otra vez. Su única fortuna consistía en que la vejez se tardara
casi un siglo en alcanzarle. Sin embargo, cada año en que se hacía más viejo el
animal se estremecía desde la punta de las largas plumas de su cola hasta la
punta de su afilado pico. Un año más era un año más cerca del martirio, un año
más era sentir como en algún lugar de su cuerpo se iba encendiendo una llama,
como adentro suyo el fuego empezaba a consumirlo, poco a poco y lentamente, ese
ardor agudo que le eriza constantemente el alma y el borde del cerebro. Ya en
la vejez, el pico corneo se le agrieta, las garras se le reducen a muñones
incendiados, y las plumas van cayendo una a una hechas ceniza. Ya en la vejez,
todo huele a pluma y carne chamuscadas, en vez de sangre al bicho le corre
ardiente lava por las venas y sus ojos escupen chispas en destellos y crujidos.
Al final, al fondo, durante el último latido, el corazón enciende el gran
fuego rojo que consume por completo al pájaro, que se deshace desquiciado en
sus cenizas antes de renacer de nuevo. Ser un Fénix no es de manera ninguna una
forma deseable, sino, como la piedra, es el eterno suplicio de
destruirse uno mismo, de incinerarse solo para nacer de nuevo de entre las
propias cenizas a repetir el rito.
lunes, 22 de septiembre de 2014
Medida
Y yo aquí con estas ganas de saberte, decirte, serte, preguntarte, abrazarte, quererte.
Pero que la prudencia! me digo.
Pero que la paciencia! me regaño.
Pero que ahora no es buen tiempo! me figuro.
Allá estás tu, a lo lejos.
Yo estoy aquí sentada escribiendo estas letras para no correr a verte.
Es tan difícil ser paciente.
Es tan bonito andar así sonriendo porque está bien.
Sigue siendo tu voz la que me dice en sueños buenas noches y buenos días.
Son tus ojos los ojos felinos que provocan mi sonrisa.
Son tu belleza y tu lejanía los que me dan la confianza para quererte.
Que finalmente somos dos simples animales profundamente asustadizos.
Andá! Cuídate!
Que te quiero y nos hace falta tiempo.
Duerme bien!
Duerme tranquilo!
Descansa!
Te veré mañana.
Pero que la prudencia! me digo.
Pero que la paciencia! me regaño.
Pero que ahora no es buen tiempo! me figuro.
Allá estás tu, a lo lejos.
Yo estoy aquí sentada escribiendo estas letras para no correr a verte.
Es tan difícil ser paciente.
Es tan bonito andar así sonriendo porque está bien.
Sigue siendo tu voz la que me dice en sueños buenas noches y buenos días.
Son tus ojos los ojos felinos que provocan mi sonrisa.
Son tu belleza y tu lejanía los que me dan la confianza para quererte.
Que finalmente somos dos simples animales profundamente asustadizos.
Andá! Cuídate!
Que te quiero y nos hace falta tiempo.
Duerme bien!
Duerme tranquilo!
Descansa!
Te veré mañana.
viernes, 12 de septiembre de 2014
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