lunes, 13 de diciembre de 2021
Azul
El día se va. El tiempo transcurre a su paso natural. La tierra rota en ángulo sobre su propio eje. La luz del sol alcanza esta tierra a alguna hora de la mañana, y transcurre sobre ella hasta que anochece a alguna hora de la tarde. Hace frio, en este lado del mundo las plantas adormecidas no tienen hojas ni hacen fotosíntesis, están soñando, esperan por los días largos y cálidos. A pesar de que las plantas duermen es parte de su vida, es su propio ritmo y su lugar. Otras criaturas siguen su curso, las bacterias se reproducen cada vez que pueden y los humanos van de un lado a otro suponiendo que tienen una vida que es aparentemente relevante. La tierra no está aún congelada y las lombrices siguen apareciendo extraviadas en las aceras cuando llueve. Las aves que se quedan andan juntas de un lado para otro, los gorriones se refugian en las pajas secas en los jardines de la ciudad, los cuervos pasan en grupos inmensos en el cielo abierto, los gansos aterrizan en el canal, los Blue Jays saltan entre las ramas secas de los arboles, los American Robins se posan en los chamizos sin hojas de los robles frente a la ventana. Las ardillas todavía corren por las ramas, cargan hojas, hacen chasquidos. El mundo, la vida, sigue su curso a ninguna parte. El día pasa. Diciembre parece un mes atropellado, más que festivo es ocupado y alucinante. Los humanos corren buscando regalos y se ilusionan con la idea de la fraternidad y el cariño, planean encuentros, comidas, abrazos, tratan de disimular el tedio y la desazón de lo incierto. Se quieren. Catalina, mal sentada frente a la pantalla escribe estas letras a modo de mantenerse entretenida, pero le falta todo. Los sentidos mudos no transmiten mensajes, y el cerebro procesa la información tan lento que una sola palabra parecen siglos y siglos. Debe estar haciendo frio, cerca a cero centígrados, hay que usar un saco, una chaqueta... es medio día, hay que comer un almuerzo preparado sin cuidado... es la oficina hay que leer los correos. El cerebro lento intenta. La rutina aprendida de tantos años permite seguir, la convicción profunda y diáfana de no creerle a los pensamientos oscuros y poderosos que auguran daños y destrucciones. El quedarse mirando por mucho tiempo el teclado, midiendo y remidiendo la próxima letra. Leyendo tres, cuatro, cinco veces la respuesta de un correo. Con cuidado que sin la atención del cerebro es increíblemente fácil cometer un error, cambiar una letra por otra, enviar un correo a otro destinatario, equivocar el nombre de un archivo. No puedo confiar en mi misma. Hay que cortar la lista de prioridades, no puedo ahora escribir - irónicamente - no puedo. Generar una idea cuesta la vida y - tristemente - hay que cuidar la vida para tal vez luego cuando no sea tan costoso generar otra idea. La lista de prioridades hay que reducirla, no son 15 cosas ni 10 las que hay que cumplir para el final del día, son tres si se puede: comer, dormir, y seguir respirando. A veces son solo dos, porque dormir se hace muy difícil. Y a veces comer también es demasiado, entonces solo se puede respirar, todo lo que soy y toda mi energía se concentra solo en seguir respirando. Todo lo demás es una inercia lenta aprendida luego de tantos años, la comida no sabe a nada y no siento hambre, pero algo hay que meterle al estomago. No me da sueño y no descanso pero hay que apagar las luces y el computador y obligarse a intentar el sueño. Todo lo demás, todo lo importante, detenido. Todo lo valioso y lo querido, postergado.
miércoles, 24 de noviembre de 2021
Deuda
A Raquel la queremos como se quiere al viento
Con deseo pero sin esperanza.
A Raquel la queremos como se quiere al viento.
¿Cómo?
Todavía.
viernes, 5 de noviembre de 2021
Despues
¡Es el silencio!
Es el silencio que sigue a la muerte
Alrededor todo calla
Se queda mudo, sin palabras
Todo alrededor contiene el aliento.
Es el silencio
Vacío y desprotegido
Ningún sonido puede regresar el tiempo
Ningún significado puede devolver una vida
No hacen ruido las lágrimas que ruedan
No se quejan las hojas que caen
El viento pasa suave, en silencio.
Las personas caminan a lo lejos
En la obra de teatro que es la vida
Se deja ver el telón, la cortina
Se alcanza a percibir el escenario
Por un momento se nota el libreto, el vestuario
Todos las actores se miran confundidos.
Yo que no sirvo para tanto observo
Escucho el silencio que transcurre
Me miro desconcertada las manos
¿Qué pasó? ¿Dónde estuvo? ¿Quién ha sido?
Y también callo, que no soy yo, ni estuve ahí
¿O también soy yo esta que muere acaso?
No sé bien de dónde me nace el dolor
A dónde se desplaza
No me alcanzan estas palabras para descubrirlo
El lejano pasado se instala en el presente
Y las angustias olvidadas todas vuelven.
No sé bien que decirles ni como repararlas
Haber fracasado en el intento me salvó la vida
Y la vida tiene estas formas amargas de recordármelo
Nadie está a salvo, no hay como.
No fui yo - enuncio - ¡No todavía!
No me he muerto, aún estoy viva
Aún me quedan minutos, tal vez días
Estoy aquí - susurro - esta es mi voz
Es mi cuerpo es mi paso el que se agita
Soy yo, aún soy yo, la que respira.
viernes, 29 de octubre de 2021
Humedad en los últimos días antes de visitar a los muertos
¿Qué es tanto silencio?
¿Dónde quedó Octubre? ¿Qué fue de Septiembre y sus cálidas mañanas?
¡Cuánto desorden dios mío!
Y viene una a tumbos a dar a finales de Octubre en una semana enrarecida.
Donde nos olvidamos de las citas y hace frío.
En que nos raspamos por descuido el índice derecho.
En frente de las estudiantes ¡Que mal ejemplo!
Se hizo, se ha hecho, un montón, un tanto.
Puedo respirar tranquila y decir: hice, he hecho.
Y sin embargo este sutil y lánguido sentimiento de la insuficiencia.
Esta necesidad fina y porcelánica de la angustia y el desespero.
En Alicia yo siempre fui el conejo.
Siempre mirando el reloj, cada instante persiguiendo al tiempo.
Sabiendo que a este paso no vamos a llegar
¿A dónde? ¡No importa!
¡Allá! Salta el conejo.
Se endereza el corbatín, se sacude la tierra de las patas.
Ojea el reloj, se queja.
Hice, he hecho.
Que no me he dado el lujo del descanso.
En estos meses he andado firme y hacia adelante.
Y los frutos son muchos pero minúsculos, casi imperceptibles.
No ¡Que va! completamente imperceptibles.
Que no son frutos para hoy, ni para mí.
Que no llevan mi nombre ni están escritos.
Yo, que aunque me cueste la vida, no voy a tener hijos.
Ya dejé todo mi genoma en las bases de datos humanas.
Ustedes, futuros, verán que hacen con eso.
Nada deber haber de meritorio en mis genes.
Digo, no más, no es por demeritarlos.
Malos tampoco han de ser si hasta aquí han venido.
No suficientes como para otra generación, he dicho!
Aunque la suerte tiene esa costumbre astuta y vagabunda de burlárseme.
De ganar poco pero estrepitosamente, inesperada pero maravillosa.
Inconsecuente pero loable.
Es viernes.
Hay universos en los que siempre es viernes.
Hay dimensiones en las que lunes es siempre.
¿Se imagina?
¿Dónde están? ¿Quiénes son los "nombrarios"?
Esas y esos que le pusieron nombre a las cosas.
A los días, a las estrellas, a los humores.
¿Los amores? esos son siempre anónimos, como los Dioses.
No se nombran, innombrables.
Adolescente la Julieta cuando preguntó ¿Qué hay en un nombre?
¡Todo Julieta! cada minúsculo secreto que define el destino preciso y exacto de los hombres.
Y a veces también el de las mujeres.
Pero no sotras por costumbre hemos sido anónimas,
Hacemos, hemos hecho.
Sin nombre pero como la araña.
Mudas pero no letárgicas.
Lejanas pero insaciables.
¡Ah! que una condor puso huevos sin fecundar y nacieron las condorcitas.
Partenogénesis ¡Si señora!
Imagínese.
Y todos nosotros todos idiotas sorprendidos
Caramba si somos una especie puro ensayo.
Pero por supuesto nos creemos mucho, demasiado.
Y apenas debemos ser alguno de esos ensayos evolutivos poco prósperos.
Yo mejor ya me callo que no tengo ningún derecho.
Ya había decidido salirme de la ruta evolutiva así que mejor ni opino.
Ah pero el silencio,
¿Qué se cocinó en ese silencio?
domingo, 29 de agosto de 2021
Aguja
La mayor limitación de la vida es que una solo puede ser lo que una es. Tal vez en eso a triunfado un poco la imaginación, que nos permite, así sea solo un poco, soñarnos algo diferente, pero de resto, la acribillada realidad se nos presenta en cada segundo con todos nuestros percances y nuestros lastres. La muerte de algunos amigos la he llorado incluso cuando aún están vivos. Así de importantes son continuamente. Continuamente son así de importantes. ¿Cuánta suerte habrá que tener en la vida para merecer pasar los últimos días en la compañía de un par de caballos? ¿Cuándo habré menguado suficientemente mi deuda y podré respirar un día largo sin calumnias ni espinas? La luz que se filtra en la mañana me corroe los oídos. Seguiré, según este ejemplo, escribiendo letras inconclusas y sin sentido, que sirven para acompañar las lágrimas y las largas tardes sin amores ni amigos. Tal vez incluso no soy suficiente ni siquiera en letras y por eso me escribo apenas de a retazos. Historias cortas sin pasado y sin futuro; untadas, manchadas, marinadas en los dolores simples de un cerebro que sin poder consigo mismo siempre quiere más y no se hastía. Largas tardes de domingo con pensamientos sombríos. Por lo menos ya sabe una para quien será el voto. En la larga larga larga lista de las injusticias de las que se trata la vida, hay una mujer dolida que se aferra a lo desconocido. Vacía y seca la idea de aspirar a ser un mártir sin causa ni discípulos. Por lo menos y por fortuna no hay para los hijos. Y no podrán ellas entonces exigirme la vida, ni echarme la culpa, ni pedirme permiso. Para eso están los otros, para los hijos. Veinte años más le suplico a esta carne que soporte. Veinte años pido, imploro, ruego, de buena ciencia y algunos artículos. Que corta es la vida incluso para los que no la quieren. Aquí estoy yo que no la quise entonces suplicándole a rastras que no se me acabe, que me de ánimos, fuerza y sobre todo cabeza por otro ratico. Alguien me remojo el corazón en Borges, y me silbó a Jairo Aníbal en el oído. Un mujer y un hombre me han partido la vida en pedacitos, antes de ella y después de ella, antes de él y ahora que no hay ninguno. En lo de que "no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista" creo que es más frecuente lo segundo. No tiene el tiempo tantas propiedades curativas como se me había dicho, y las ruinas circulares siguen quemándome los pies como con hierro. Aun no soy vieja ¿Cuánto me falta? y la niña que soy no deja de atacarme. De mujer me tocan todas las inequidades. Me tocan, así, me rozan, me acarician las manos, me rasguñan la espalda, se restriegan contra mi las inequidades. Yo, a veces, cansada, las pongo a un lado, pero ellas me saltan a la piernas, se me trepan a los hombros y me pasan la cola por la cara, parecen como gatos las inequidades. Aunque vienen siendo más bien como ratas o como bacterias las inequidades. En medio de estas infinitésimas tragedias la sangre que me baja es un gran jubilo, aunque también cobra. De esas grandes mentiras que le cuentan a uno es que hay cosas gratis. No, no hay nada gratis, siempre hay alguien pagando ese precio, siempre hay escondido entre la propaganda barata y la ilusión de lo lleno, alguien detrás comiendo menos, alguien que pierde, alguien que en últimas se muere antes de tiempo. Por cierto, recuerde Augusto que el sueldo que le pagan no cubre tratar con imbéciles, aunque es sabido que no hay advertencia que valga. Vacúnese al menos, no sea tan sucio y tan miserable. Y así quieren que una ande por ahí salvándoles la vida. Vaya haga fila, ponga el brazo, recoja el carné! Pero no, que porque es su derecho! Porque los derechos son gratis ¿Cómo no? Como son gratis el tiempo, las letras, las montañas, el agua... siempre hay alguien ahí detrás, pagando ese precio.
lunes, 23 de agosto de 2021
Espejos y Laberintos
Se me perdió Agosto cómo suelen perdérseme los meses. En una depresión cortita y, extrañamente, no tan profunda, pero con unos visos de paranoia que me dejaron temblando las neuronas y me recordaron lo cerquita que estoy de la locura. Se me perdió agosto cómo se me perdió un pedazo de cartón y se me refundieron los días como una caja con ropa escondida en el closet. Los otros en cambio se portaron como las líneas de los parapentes y me dieron aire para seguir viviendo sin ser demasiado poco y sin ser demasiado mucho...
Como es costumbre hoy en la terapia hicimos un resumen que me devolvió parte de la conciencia que se me pierde cuando me deprimo y me puso a llorar. Han cambiado muchas cosas en estos 20 años, he aprendido, y sin embargo nunca es igual, siempre es distinto. El barco de Teseo sigue siendo el mismo solo mientras siga siendo el barco de Teseo.
jueves, 12 de agosto de 2021
Coordenada
Se asoma entre los segundos y los errores la ineludible. Me busca.
Nunca sé si soy yo la que la invoco o es ella la que me conjura.
Nunca sé si soy yo la que la invoco o es ella la que me conjura.
martes, 20 de julio de 2021
miércoles, 14 de julio de 2021
Fragmento de una carta al olvido - Octava
2020y07m03d
Esta carta, como todas las cartas no es más que un desahogo. "Háblame del mar marinero, dime si es verdad lo que dicen de él, desde mi ventana no puedo yo verlo, desde mi ventana el mar no se ve." Yo siento tanto. Todo el tiempo. Es desgastante. Hoy salí a caminar, solo por el placer de caminar. Desde que comenzó la cuarentena (¿desde marzo?) he salido solo tres veces (había), en todo caso había salido para hacer mercado; pero hoy necesité salir por salir, por ir a buscar algo que no tengo, que nunca ha sido mío. La vida pasa tan rápido que es inútil aferrarse y sin embargo ¿Qué sería de nosotros sin la ilusión de lo relevante? Fui ¿Cómo no? a la universidad. La única razón por la que he podido sobrevivir en esta ciudad inconmensurable ha sido la presencia poderosa y abrigadora de los campos universitarios. En la Nacional en cada rincón un árbol, en algún lugar un caballo. En los Andes el atardecer, la presencia protectora de los cerros. Me sostienen, son finalmente mis raíces. Yo en cambio, sostenida por ellos vuelco mis pasos hacia los edificios, hacia las neveras que susurran irreconocibles en la noche, hacia los pacillos y las puertas de vidrio, hacia la promesa inventada de conocer el mundo, hacia la luz fría y querida de los laboratorios, allí, todo lo que soy y lo que quiero. En la Nacional era el cuadrado que es el Instituto de Genética, el diminuto espacio que era mi oficina en un rincón del laboratorio, el sofá barato, rojo, y viejo en el que dormía cubierta con las batas de laboratorio y en el que me encontraban en la madrugada las señoras del aseo. En los Andes el 303, la terraza, todas las veces que los celadores vinieron a las 9 de la noche a preguntarme a qué hora me iba a ir. Como si ellos, las señoras del aseo, los celadores, fueran además los guardianes encargados de organizarnos la vida, de recordarnos el desayuno, la cena. Los pétalos de los cerezos japoneses caen a una velocidad aproximada de 5 centímetros por segundo. Esas si son las cosas importantes. Fui a la Universidad. La esquina de La Pola que en un día como hoy, viernes, a las seis de la tarde, estaría atestada de jóvenes bebiendo, comiendo empanada, fumando marihuana, y de los policías responsables de echarles un ojo, esa esquina por la cuál yo hubiera pasado "como alma que lleva el diablo" para evitar a la gente, hoy estaba vacía. La estatua de la La Pola amarrada de manos y vendados los ojos sigue sentada en su silla. La rectoría y su cerezo siguen en pie. La construcción de al lado sigue avanzando. El jardín vertical sigue vertical y jardín, pero el Franco esta dormido y las luces están apagadas. Subí por la calle externa hasta llegar al M y al J, Biomics al menos parece intacto, los árboles de al frente aún reciben golondrinas y las mirlas (amadas ellas) aún se "hablan" entre las ramas, pasa un colibrí chillando ya a esta hora - supongo yo - buscando donde dormirse. El puente del A al J sigue estando ahí pero con la vista lateral no puedo ver a Evolvert, no sé si está bien, si las pipetas descansan imperturbables en sus soportes, si mi bata de laboratorio sigue doblada dentro del cajón con los últimos guantes usados entre los bolsillos, si los residuos de fenol-cloroformo en sus botellas de vidrio opaco aún aguardan bajo el lavaplatos. Más allá no puedo ver el 304, mi oficina, no sé si los colibríes de madera aún cuelgan de sus cuerdas y si Octavio, el unicornio, aún está en pie resguardando mi puesto. En el A, todo el edificio parece dormido y un silencio que juzga se extiende aún hasta la calle. Dado que mi apartamento está orientado de norte a sur y que el Bacatá me bloquea la vista sur, este es el primer anochecer que veo en mucho tiempo. La inminencia de este tiempo que termina me golpea hoy, en medio de esta ausencia. ¿Cómo hacen los demás para apañárselas con sus ideas y su sentimientos? Yo requiero escribirlos.
viernes, 28 de mayo de 2021
Al vuelo
Mayo
Un mayo de silencios y secretos.
De palabras retiradas, aburridas.
De rabias profundas y amores panditos.
Cansada.
El tumulto y el alboroto comienzan a calmarse.
Vuelven como primicia las preguntas conocidas:
¿Quién soy? ¿Qué hago? ¿Qué es importante?
Y hago, y tejo, y hago, y corro, todos los días.
Y sin tejer y sin correr se me va la vida.
Hago.
Algo, un poco, todos los días.
Nada suficiente, que siempre falta.
Nada alcanza para lo que ocupa.
Así está bien.
Es tan amable tener en que ocupar el tiempo.
Es tan lindo saber que hay mucho por hacer, todavia.
Aquí, en la casa que es mi corazón los llevo.
A ustedes, señores y mujeres.
A ustedes amigas y conocidos.
Estoy en un lugar en el que no pasa nada ¡Por fortuna!
Y la nada que pasa me permite soñar, y ser, y hacer cuanto me place.
Todavía no se atropellan los segundos, ni las tareas pendientes.
Aunque me pican en el cuello los escritos inconclusos, y los amores inconclusos.
Aunque me ardan en la lengua y en las plantas de los pies las marchas, los muertos, los asesinos.
Así soy.
No sé separar el pasado del futuro.
Hago todo lo que puedo y lo que no puedo me perdono.
Pero "me falta un suelo de cal con lágrimas y una ventana donde esperar espumas".
martes, 20 de abril de 2021
Partida en dos
Dejo todo lo que soy y todo lo que tengo.
Solo me llevo lo que aún no he sido, lo que me hace falta.
lunes, 15 de marzo de 2021
En la madera
Desorientada
Sin la idea de futuros u horizontes
Contenida
Como el agua en la nube
O la lágrima en el ojo
Desdibujada
Vibra en el oído el desespero
Susurra gota a gota
Discrimina
Los días apagados se atropellan
Pretenden torpemente ser el mismo
Brotan desde los huesos el óxido y el polvo
Se cristalizan azules los horrores en la lengua
Unos los escupo
Otros me tragan
Me secan la garganta
Me quiebran las sonrisas
Me rasgan la piel
Me rasguñan los ojos
Hay un entendimiento confuso y abrigado
Un detenimiento amarillo predeterminado
No es el líquido ayer ni es el sólido mañana
No entono los detalles de la imaginación desbordada
No invoco a los demonios ni complazco a las doncellas
Reniego de los dioses humanos
A las diosas inhumanas las condeno
Exhorto a los húmedos fantasmas
Ahogo a las pálidas sirenas
Huyo de la levedad de las plumas sutiles que caen desde los cuerpos de los colibríes
Rechazo el placer de la oscuridad y el silencio que perduran en la tierra de los bosques
Aquí estoy
Vencida ante la delicadeza
En el frágil equilibrio entre la felicidad y la agonía
Sin la inclinación de la línea de los labios que las diferencia
Y todo lo que está detrás
Aquí en la espalda
A cuestas
miércoles, 10 de marzo de 2021
Cúbito y Radio
Esta
necesidad oscura y desgarradora de escribir sin saber qué
Este imperioso instinto de sacarse de la cabeza y del corazón lo que no tiene nombre
El retorcido y húmedo sentimiento de no saber hacer lo que corresponde
Esta presión en la tráquea y en los bronquios
Este ardor líquido y caliente a lo largo de la médula
Este imperioso instinto de sacarse de la cabeza y del corazón lo que no tiene nombre
El retorcido y húmedo sentimiento de no saber hacer lo que corresponde
Esta presión en la tráquea y en los bronquios
Este ardor líquido y caliente a lo largo de la médula
La contradicción continua y extendida
La tergiversación de no ser, de no estar, de no ir
Este camino que me devuelve a ninguna parte
Esta cercanía en el estar tan lejos
La lentitud de la sangre fría que circula
El ángel que ni la letra logra exorcizarme.
martes, 9 de marzo de 2021
lunes, 22 de febrero de 2021
Los secretos del cumpleaños
Habría que ver lo que se esconde
Y por qué pena o dolor se esconde
Habría que calibrar las culpas y las indultos
Y seguir adelante
Habría que detener la incertidumbre y sus comodidades
Que es necesario encontrar un camino
Los secretos
Lo que no se nombra ni se comparte
Lo que no digo
Pero acuno en el piso de las neuronas
Lo que recuerdo entre amarguras y sonrisas
Pero callo
Para que no exista
Para que no sea cierto
No para olvidarlo
Que los secretos no permiten el olvido
Sino para quitarle
Para hacerlos menos
Presentes pero secretos
Solo míos
Y de los que los vivieron
De nadie más
Que no pueda filtrarse de ninguna manera
Ni la dicha
Ni la pena
Algunos duelen largamente
Como caminar entre las zarzas
Otros son grises
Como el amanecer en la montaña
Y otros son sonrisas sonrojadas
Los valores cambian con el tiempo
Son 37 los secretos a gritos
Los días enterrados
Las agonías marchitas
Los amores amados
Están ahí en el silencio
Vigilantes
Y murmuran
Susurran con voces chiquitas que no le pertenecen a nadie
Son secretos
Y así se quedan.
miércoles, 10 de febrero de 2021
Añoranza
Atravesado
Como una espina, como una aguja, como una espada
Atravesado ahogado
Iracundo
Inocuo
Voz atragantada que corroe,
Manos abiertas y vacías
Como una pregunta sin respuesta
Inútil
Aun palpitante
Claro
Inútil
Las palabras mueren al filo de la boca
Naufragan
Se diluyen
No tienen en que sostenerse
Nada las soporta
No son
La idea agoniza y se resiste
Tiene la propiedad de resucitarse
¿Hasta cuándo?
¿A qué costo?
Es pesada y dolorosa
Ocupa tiempo y espacio
Asfixia
Inflama los nervios
Supuran las neuronas
Se resiste al abandono la idea
Nada eres
Y desde la nada me amedrantas
Me cohíbes
Me deslíes
Nada eres
Y me lleno de la nada que te nombra
Te respiro y no eres aire
Te acaricio y no eres piel
Te escucho y nada dices
Eres el silencio
La ausencia
El sinsentido
El autoengaño
Tan poco te conozco
Tan poco se de ti
Que aún te considero
Me resisto a liberarme de tu embrujo
Tejo la paciencia como telaraña
Que ya vendrá
Vendrá con toda su fuerza
Se interpondrá poderoso
El olvido
Y no habrá conjuro
ni dios
ni razón
que puedan sostenerte.
Miedo
Las manos no alcanzan para esconder los ojos.
Otra vez mi cerebro juega a escribir las mil y una formas de hacernos daño.
Y lo que queda de mí, espada y escudo en mano, junto con todos los hechizos y los rezos, me interpongo.
El trozo minúsculo que queda de lo que soy utiliza todo lo que tiene para evitarlo.
Ese mínimo resquicio que soy gasta toda la energía que tiene disponible en negarse a si misma la posibilidad de herirse.
No, dice entumecida.
No, entre esas gruesas gotas que caen desde la oscuridad de los ojos.
No, desde cada músculo que se contrae.
No vamos a hacernos daño, retumba.
Pero el cerebro insiste.
Y si hacemos esto,
Y se hacemos aquello.
Una botella de vodka.
Una botella contra la pared.
Un vidrio.
Una mano que aprieta la otra.
Una cabeza que se inclina con fuerza hacia una puerta.
Un cigarrillo.
Un alguien desconocido con quien desnudarse.
Un alguien conocido con quien mentirse.
Una aguja.
Una balde de agua.
Una llama.
No cerebro.
Dice el trocito de bondad que queda en mi.
No vamos a hacernos daño.
Y así la guerra contra mi misma continua.
Adentro.
Y los días transcurren sin que los sienta.
Y la vida se me va en no morirme.
miércoles, 13 de enero de 2021
martes, 5 de enero de 2021
Lánguida, lúgubre, leve
Pareciera extraño, pero es la escritura la única.
Debería acudir a la lectura, a las imágenes, a los videos, a los audios.
Debería acudir a los otros, a las otras.
A las historias que ya han acontecido.
A los ejemplos.
Al conocimiento acumulado.
Debería buscar en las demás las respuestas, las voces, las ecuaciones.
Pero no puedo.
Tengo miedo.
De lo conocido y lo desconocido.
Tengo miedo.
De descubrir lo que ya sé.
De saber lo que no quiero.
Temo.
Debe ser soberbia.
Deber ser esa necesidad oscura de no estar perdida.
Pero no me encuentro.
Debe ser el terror al cambio.
Como si entrar en ellos fuera rasgar la vida.
Como si oír sus voces fuera afirmar el destino.
Como si leer sus escritos fuera dejar de ser.
Y temo.
Está la vejez pisándome los huesos.
Y lo que sé no me hace más, si acaso menos.
Es mudar la piel y mientras tanto estar ciega.
Es dar un paso más lejos.
Es dejar la tierra.
Abandonar el paraíso.
Olvidar el cielo.
Cerrar desde afuera las puertas del infierno.
Temo.
Es esta soledad que soy adentro.
Es romper los lazos.
Dejar lo querido.
Olvidar a los vivos.
Perdonar a los muertos.
¿Y yo?
¿Qué soy yo?
¿Quién me olvida?
¿Quién me perdona?
Es la ceguera.
El miedo al paso en la oscuridad.
El terror a decir en el silencio.
Estoy del otro lado sin abrir los ojos.
Estoy yo sin todos ellos.
Otra vez soy yo.
El sentimiento.
El poderoso y agitado sentimiento.
De necesitar raíces y ser alas.
De solicitar el peso de la piedra
Y ser la ligereza del viento.
De no enredarse en la calidez de la madera.
Debería acudir a las otros.
Oír sus voces
Nadar en sus recuerdos.
Pero no puedo.
Solo me está permitida la escritura.
Como una vena.
Solo una lágrima
Como una cueva.
Temo.
Irme muy lejos.
Y allá tampoco encontrarme.
No me abandones.
No me abandones nunca escritura.
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