jueves, 10 de febrero de 2022

Ultravioleta

Un dolor blanco, como una ceguera blanca, como un diablo blanco, como una tormenta blanca, se aproxima...

Pobres colores
Cuanto nada propio de ellos les hemos asignado
Cuando los colores son todos bonitos
Pero nosotros en ese afán minúsculo de categorizar y asignar valores
Cuanto hemos difamado a los colores

El hombre cis hetero blanco burgués hegemónico patriarcal del norte global
Y se me revuelve el estomago
Por el poder que han tenido
Por el poder que implica el nombrarlos
El señalarlos con el dedo largo
Por el reduccionismo inconmensurable
Porque sí, así son, y sin embargo ese ser es solo un pedazo, 
que no son así todos ni cada uno, 
que no son solo eso, 
pero sí, así son.
Nosotras también a veces así hemos sido.
¿o somos todavía?

Pobres colores
Que entonces inocentes ahora son fuente de disputa
Que siendo hermanos y cercanos
Los hemos hecho enemigos y opuestos
El negro,
El blanco.
Y desligarnos a nosotros mismos del legado de su significado es ilusorio.
Los nombro y solo en nombrarlos ya me hago a un lado, o al otro.
Los rojos, los azules, los verdes, los amarillos...
Y las banderas, Agarrate Catalina, ¡Las banderas!

A mi me gustan todos los colores.
El verde del cielo y el azul del bosque.
El amarillo.
El blanco de la niebla del páramo.
El chocolate café.
El café negro y la piel negra.
El rosado suave.
El purpura amatista.
El rojo metido en las arterias.
El gris de los aguaceros.
Y resumiendo, todas las aristas de los colibríes.

A mi me gustan los colores todos,
Pero no me gustan todos sus significados.
Yo no quiero ser la oveja blanca.
Como no quiero el dolor blanco, ni la ceguera blanca, ni el diablo blanco, ni la tormenta blanca que se aproximan.

lunes, 7 de febrero de 2022

Autoengaños

Yo no me considero a mi misma una poeta,
pero resulta según parece que vengo siendo muy probablemente una poeta.
Eso no quiere decir que sea una buena poeta.
Más probablemente vengo siendo una mala poeta.
Porque de poesía y escritura soy más bien autodidacta,
que nada he estudiado de escribir poemas.
Por eso más bien me considero de escritura libre,
de prosas partidas y rimas simples rebuscadas,
de monólogos largos y más bien narcisistas.
Seguro por eso más bien mala poeta.
Los malos poetas también somos - creo yo - necesarios.
Que no todas podemos ser buenas.
Que no podemos ser buenos en todo.
Y la poesía podrá ser una mala razón, 
pero viene siendo como una buena excusa.

Desapego

Estoy triste,
Se me desborda la tristeza por cada poro,
Se me desploma desde los ojos.
Yo tratando de no hacerlo cierto,
Pero se vive.
Así una quiera darle menos importancia,
Igual se vive,
Y está aquí despierta la tristeza.
¿Habrá sido cariño?
¿Cómo se mide?
¿Qué tan fuerte o importante?
Una no sabe.
Fue cómodo, como la seda.
Como una camisa fresca en el verano.
Como andar descalza entre el mar y la arena.
Pero era explícitamente limitado,
Agresivamente contenido.
Otra vez, se me olvido tener cuidado con mis deseos,
Y aquí estoy, triste, triste, arrastrando la tristeza.
Estaré bien, lo sé, me lo figuro.
A peores cosas hemos por supuesto sobrevivido.
Pero está el luto,
Y hay que hacer el consecuente duelo.
¿En qué me metí?
¿Para qué vine?
Se me olvidó tener cuidado.
Con migo
Con el otro.
Habrá que sentir y pensar lo pesado
Habrá que pensar y pesar lo sentido.
Es un dolor ahí todo malgastado.
Sin cimientos y sin olvidos.
Un dolor largo y delgado.
Como de aguja o de frío.
Es la tristeza de no estar equivocado.

miércoles, 2 de febrero de 2022

La Caída

Veo a los ídolos caer, algunos lentamente, otros un estruendo
Leo a las que atacan, a los que defienden,
A las qué defienden a los que atacan,
A los que atacan a las que defienden,
Y quiero decir...
Pero me contengo
¿Por qué?
Porque yo también he cometido errores
Y no son pocos, y no son pequeños
A muchos les hago frente, aquí los tengo
Bien podemos discutir con ellos
Pero hay uno que otro
Que me atormenta en el silencio
Hay uno que otro que - la justicia perdone - todavía no puedo

Habría que hablar, es lo propio
Traer la verdad, es lo oportuno
Asumir las consecuencias, es lo correcto.
Pero para hablar, traer, y asumir, 
También hay que estar dispuesto.
¿Y qué mejor que arrastrar con la culpa
que envenenarse en la vergüenza?
A veces aplazar el perdón es en sí mismo el castigo.

Me contengo 
¿Por qué?
Porque usted también ha cometido errores
Así sean pocos, así sean pequeños.
Que no nacemos aprendidos.
En el camino todos nos caemos.
Aprender nunca ha sido gratis, 
Y también se aprende a pagar el precio.
Porque no saber es buena razón pero es mala excusa.

Quizá mis errores no son tan mayúsculos
Eso quisiera.
Tal vez mis sesgos no son tan aberrantes
Eso suplico.
Ya se encargará la cruel historia de los buenos ídolos
Por ahora invoco a la fortuna:
Que tenga yo un Lewontin y un Gould que restrinjan mi inconciencia!
Que mis detractoras me sitien en vida cuando todavía pueda responderles!
Que los lúcidos no tengan que esperar, para vencerme, hasta tres días después de mi muerte!