domingo, 29 de agosto de 2021

Aguja

La mayor limitación de la vida es que una solo puede ser lo que una es. Tal vez en eso a triunfado un poco la imaginación, que nos permite, así sea solo un poco, soñarnos algo diferente, pero de resto, la acribillada realidad se nos presenta en cada segundo con todos nuestros percances y nuestros lastres. La muerte de algunos amigos la he llorado incluso cuando aún están vivos. Así de importantes son continuamente. Continuamente son así de importantes. ¿Cuánta suerte habrá que tener en la vida para merecer pasar los últimos días en la compañía de un par de caballos? ¿Cuándo habré menguado suficientemente mi deuda y podré respirar un día largo sin calumnias ni espinas? La luz que se filtra en la mañana me corroe los oídos. Seguiré, según este ejemplo, escribiendo letras inconclusas y sin sentido, que sirven para acompañar las lágrimas y las largas tardes sin amores ni amigos. Tal vez incluso no soy suficiente ni siquiera en letras y por eso me escribo apenas de a retazos. Historias cortas sin pasado y sin futuro; untadas, manchadas, marinadas en los dolores simples de un cerebro que sin poder consigo mismo siempre quiere más y no se hastía. Largas tardes de domingo con pensamientos sombríos. Por lo menos ya sabe una para quien será el voto. En la larga larga larga lista de las injusticias de las que se trata la vida, hay una mujer dolida que se aferra a lo desconocido. Vacía y seca la idea de aspirar a ser un mártir sin causa ni discípulos. Por lo menos y por fortuna no hay para los hijos. Y no podrán ellas entonces exigirme la vida, ni echarme la culpa, ni pedirme permiso. Para eso están los otros, para los hijos. Veinte años más le suplico a esta carne que soporte. Veinte años pido, imploro, ruego, de buena ciencia y algunos artículos. Que corta es la vida incluso para los que no la quieren. Aquí estoy yo que no la quise entonces suplicándole a rastras que no se me acabe, que me de ánimos, fuerza y sobre todo cabeza por otro ratico. Alguien me remojo el corazón en Borges, y me silbó a Jairo Aníbal en el oído. Un mujer y un hombre me han partido la vida en pedacitos, antes de ella y después de ella, antes de él y ahora que no hay ninguno. En lo de que "no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista" creo que es más frecuente lo segundo. No tiene el tiempo tantas propiedades curativas como se me había dicho, y las ruinas circulares siguen quemándome los pies como con hierro. Aun no soy vieja ¿Cuánto me falta? y la niña que soy no deja de atacarme. De mujer me tocan todas las inequidades. Me tocan, así, me rozan, me acarician las manos, me rasguñan la espalda, se restriegan contra mi las inequidades. Yo, a veces, cansada, las pongo a un lado, pero ellas me saltan a la piernas, se me trepan a los hombros y me pasan la cola por la cara, parecen como gatos las inequidades. Aunque vienen siendo más bien como ratas o como bacterias las inequidades. En medio de estas infinitésimas tragedias la sangre que me baja es un gran jubilo, aunque también cobra. De esas grandes mentiras que le cuentan a uno es que hay cosas gratis. No, no hay nada gratis, siempre hay alguien pagando ese precio, siempre hay escondido entre la propaganda barata y la ilusión de lo lleno, alguien detrás comiendo menos, alguien que pierde, alguien que en últimas se muere antes de tiempo. Por cierto, recuerde Augusto que el sueldo que le pagan no cubre tratar con imbéciles, aunque es sabido que no hay advertencia que valga. Vacúnese al menos, no sea tan sucio y tan miserable. Y así quieren que una ande por ahí salvándoles la vida. Vaya haga fila, ponga el brazo, recoja el carné! Pero no, que porque es su derecho! Porque los derechos son gratis ¿Cómo no? Como son gratis el tiempo, las letras, las montañas, el agua... siempre hay alguien ahí detrás, pagando ese precio.

lunes, 23 de agosto de 2021

Espejos y Laberintos

Se me perdió Agosto cómo suelen perdérseme los meses. En una depresión cortita y, extrañamente, no tan profunda, pero con unos visos de paranoia que me dejaron temblando las neuronas y me recordaron lo cerquita que estoy de la locura. Se me perdió agosto cómo se me perdió un pedazo de cartón y se me refundieron los días como una caja con ropa escondida en el closet. Los otros en cambio se portaron como las líneas de los parapentes y me dieron aire para seguir viviendo sin ser demasiado poco y sin ser demasiado mucho...

Como es costumbre hoy en la terapia hicimos un resumen que me devolvió parte de la conciencia que se me pierde cuando me deprimo y me puso a llorar. Han cambiado muchas cosas en estos 20 años, he aprendido, y sin embargo nunca es igual, siempre es distinto. El barco de Teseo sigue siendo el mismo solo mientras siga siendo el barco de Teseo.

jueves, 12 de agosto de 2021

Coordenada

Se asoma entre los segundos y los errores la ineludible. Me busca.
Nunca sé si soy yo la que la invoco o es ella la que me conjura.