En este estado que no es nada sino confusión y silencio
De todos los silencios este es un silencio largo y vacío
¿El silencio de la realidad inaugurada?
Nada sé
De mí misma
La desazón y la desconfianza me desbordan
El enfrentamiento actual ante la inminente pobreza me subyuga
El no tener con que comprar unos zapatos
El caminar para ahorrarse el transporte
El lamentar no haber ahorrado más cuando había
Y en medio de esa angustia sublime cotidiana
Reconocer la fortuna de que nunca me ha faltado nada
De que debe ser posible con mi experiencia encontrar un buen ingreso
Este caminar en el vértigo de la incertidumbre
El resquebrajamiento de todas las rutinas
El desastre del tiempo desorganizado
No tengo nada
Y en la ambivalencia sínica de esta suerte mía
la casa está limpia
las lágrimas ruedan todos los días
todos los días en el teléfono está el abogado
¡Como si fuera suficiente!
La hermana sigue en su silencio digno de no haberse equivocado
de tener, como siempre, la razón
la otra que era hermana tampoco tiene nada que decir
y se llevó con ella todos los pájaros, los amigos, los talleres, las hijas
Siento como si me hubieran pasado por un rayador
Sigo pregutándome que pude haber hecho mejor
Sigo creyendo - estúpidamente me imagino - que hice todo lo que pude
¡Estoy cansada, queridas!
Cansada hasta las huellas dactilares y hasta la raíz del cabello
Cansada de ser su obra de caridad,
Su excusa favorita,
Su responsabilidad heredada,
Su proyecto de redención,
El reflejo de su fracaso,
La que ustedes no son ni quieren ser.
Estoy cansada, queridos
De perdonarles los desplantes,
De entenderles sus deficiencias,
De justificarles sus errores,
De darles otra oportunidad.
De saber por donde va el agua al molino.
Y ustedes todas, todos, siguen en ese silencio incomodo de la ignorancia
En ese no decir nada para no agitar el agua
Como si ese silencio les perdonara la vida,
Como si hablar fuera un castigo,
Como si atreverse a hablar fuera un crímen,
Como si callar resolviera algo
¿Para que putas entonces está la palabra?
En el silencio, humanos míos, nos morimos, estamos muertos.
Y yo sigo incubando esta rabia universal que no le pertenece a nadie sino a mi misma,
Esta rabia ubicua avasallante que descuartiza la esperanza,
La rabia que mata el presente,
La que niega el futuro,
La que incendia el pasado.
La rabia esa que ¡Oh enemigos míos! "solo a mi sabe hacer daño".