lunes, 15 de abril de 2013
Atrofia
Necesito escribir, como una urgencia, como respirar, así de urgente, necesito escribir porque me pesa, porque no sé, porque me desespero y me desesperanzo, porque abro mi boca y no hay palabras, porque se desequilibra el delicado equilibrio y ¿quién carajos lo recupera?. Necesito escribir, como una urgencia, como la sangre que me fluye desde el borde de los labios hasta las neuronas y los dedos, como si no hubiera otra posibilidad, otra armonía. Necesito escribir justo ahora, en este segundo en que el corazón me late por fuera, en el horizonte, en ese otro que no soy yo ni reconozco, en ese otro que es apenas. Escribo sin muchas otras opciones disponibles, sin saber que hacer con esta sensación que me recorre desde la traquea hasta el higado y me baja hasta las rodillas y se me expande hasta el cerebro, sin preguntar mucho, así como una vena. Te necesito letra, porque la realidad me embiste con su realidad escueta, matando todas las posibilidades y los sueños, masacrando las ilusiones y los devenires, diluyendo voces y tardes de domingo. Las necesito, puntuación, ortografía, gramática... las necesito para expresar esta cosa que se me ebulle en el corazón, en la garganta y no alcanza a ser fonética, las necesito, porque no sé como diluir este cariño solitario que se me crece como cancer y no tiene dueño que le guíe.
miércoles, 10 de abril de 2013
Sustituciones
La vida tiene esas cosas para las que a una el cerebro y el corazón no le alcanzan. Hoy lunes 08 de abril de 2013, mientras yo tenía el estómago en la boca por estar escribiendo una propuesta maratón para enviar antes de las 5 de la tarde allí en el salón de doctorados de Biología I109, de la Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia, mientras, allí cerca, cruzando la calle, en el edificio SD, mientras yo tenía los intestinos entre los pulmones por una propuesta para secuenciar el genoma de dos colibríes, en el SD un niño, de 26 años y de ecomía según me enteré por la noche en el bus de regreso a casa, un niño que se llamaba Andres según me enteré mañana por un correo para hacerle un homenaje, un niño se lanzaba de un piso alto y dejaba su vida pintada en el parqueadero.
Parece que hay algunos que no tienen Gabriel una segunda oportunidad sobre la tierra.
Me pregunto:
¿qué angustia tan grande habrá tenido,
qué miedo tan profundo habrá albergado,
qué desesperanza tan honda habrá venido,
qué angel tan bueno le habrá acompañado,
en su caida?.
De ese niño solo se lo que ya he contado y solo con eso ya se ha hecho eterno e inacabado.
Niño, ¿no habrías preferido hoy tener el útero en el cuello por haber estado escribiendo una propuesta?
Parece que hay algunos que no tienen Gabriel una segunda oportunidad sobre la tierra.
Me pregunto:
¿qué angustia tan grande habrá tenido,
qué miedo tan profundo habrá albergado,
qué desesperanza tan honda habrá venido,
qué angel tan bueno le habrá acompañado,
en su caida?.
De ese niño solo se lo que ya he contado y solo con eso ya se ha hecho eterno e inacabado.
Niño, ¿no habrías preferido hoy tener el útero en el cuello por haber estado escribiendo una propuesta?
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