Al semblante idílico y lejano que se atropella contra las olas
Al sonido solido y cristalino de la voz grave que te habita
Al rumor enceguecido y furioso que te corre entre las venas
Al cianuro encapsulado en los hijos de las cerezas de tu almizcle
Renuncio
Cansada hasta el hastío de la embriagues agria ahogada y seca
Castrada en cada esquina en cada nube en cada ceja
Corroída en el ilion en el estribo en el trapecio en los malares
Contenida en la negra pupila, en la piel tosca, en los azares balanceados
Renuncio
Diluida en los atardeceres convexos de una ciudad entumecida
Derruida hasta las raíces de la sal y la arena de la boca hasta las bestias
Dormida en el rojo eco profundo de latidos oscuros y lentos
Deshojada en el transcurrir incesante y labriego que devora hambriento
Renuncio
Congelada en cada segundo sangrado y apenado de malos entendidos
Ciega al lenguaje feroz y usurero desplegado desde tu punto de partida
Censurada por mi por mi misma por todas mis falencias y mis huecos
Convencida de que más allá de tu sombra aun queda una luz que me sea bienvenida
Renuncio