miércoles, 30 de mayo de 2012

Todavía...

Todavía me miento los domingos en la tarde, todavía me pregunto por tí y por qué las cosas no pudieron salir mejor, todavía la culpo y me enfurezco, todo eso porque en serio que te amé. En cambio en los otros no reparo y solo son pequeños rincones un tanto húmedos en el corazón, lo que tu eras es diferente, por eso todavía no logro liberarte ni liberarme, esta bien, así es la vida y a mi, me cuesta mucho perdonarme. Tu eras la sonrisa, la flor, la felicidad... ya no somos los mismos, ya no soy la que te amaba ni tu eres sol y sin embargo, en el fondo del alma el tiempo no existe, lo que era ayer es hoy y será mañana. Lo sé, una cosa es el fondo del alma y otra muy distinta la realidad, yo no me acostumbro a estar de este último lado, pero lo estoy, como tu lo estas. Perdoname fui cobarde y salí corriendo. Me perdono, así, despacio, entre la letra y la verdad. Me perdono, en cada respiro y te suelto, despacio, no sé hacerlo de otro modo, se me va un poco la vida en aceptarlo, ya lo haré, me toma tiempo. Lo que eres ahora no me gusta, tus sonrisas ya no me parecen esas hermosas de amor y belleza, ahora se me hacen oscuras y macabras, la culpo a ella por supuesto, no sé hacerlo de otro modo, me perdono... finalmente teníamos razón, el amor no se acaba nunca. Te pido por favor que no te salves, que guardes un pedacito de locura y recuerdes que la felicidad es infinita y que el amor es recíproco y hermoso, te pido por favor que no hagas siempre lo correcto, que me perdones, a mi y todos los que como yo no somos como tu, no tenemos el honor definido y somos difusos e inconstantes, te pido por favor que en cada hombre en cada mujer que no se comporta como tu, puedas aún ver y amar lo que son y significan, te pido por favor que en toda tu existencia, puedas al menos, a uno solo de esos que no te hicieron bien y que te hirieron, nosotros y nosotras, perdónarnos. Todavía, me inclíno ante tí, y con todo mi no ser, con toda mi necesidad innata de que seas realmente bueno, con todo esto que no sé ser y que reconozco, con todo lo que no amas de mi ni yo de ti, con todo lo que fuimos y somos ahora, con todas mis inconsistencias te honro y me despido.

jueves, 26 de abril de 2012

Porque algunos científicos


Porque algunos científicos (si no todos) también somos humanos.

Porque también nos duele... la panza, la cabeza, las articulaciones, los robos, los asesinatos, los trancones.

Porque también sentimos... frio, calor, ganas, miedo, rabia, pasión y hasta lombrices y mariposas en el estómago.

Porque también nos da... hambre, sueño, pereza, tristeza, consentimiento, y ganas de ir al baño o de abandonarlo todo.

Porque también tenemos... sueños, problemas, deudas, compromisos familiares, desilusiones amorosas, uno que otro arrocito en bajo y algunos, buen humor.

Porque también sabemos... que nos equivocamos, que dijimos lo que no debíamos, que no nos esforzamos lo suficiente, que más allá del laboratorio y del artículo hay otros horizontes, que hay que ir a pagar el recibo de la luz, y algunos bailar bien.

Porque también pensamos... en política, en filosofía, en la familia, en el futuro, en las consecuencias, en que este mundo no anda bien, en que le falta algo, en que mucho de lo que hacemos no lo divulgamos, en el próximo proyecto, y en la próxima beca, aunque muchos nos hagamos los locos.

Porque al final de cuentas también... nos da gripa, nos partimos huesos, nos enamoramos, nos abandonan, nos cansamos, tenemos hijos, compramos casa, votamos, vemos partidos, gritamos, lloramos, hacemos el amor (algunos) y nos morimos.

Porque algunos científicos (si no todos) también somos humanos, perdónanos y regálanos un vaso de agua.

martes, 24 de abril de 2012

Medusa's heart


Mucho, mucho antes de Perseo, los hombres ya iban al derruido templo de Athena donde habitaba la medusa e intentaban matarla. Todos ellos terminaban hechos piedra. Tanta rabia tenía la Medusa adentro suyo, tanta contra su violador Poseidon, contra su inquisidora Athena, tanta contra sí misma por no haber podido hacer nada. Que no había modo, todo el que entraba la miraba a los ojos y... piedra.

Pero el tiempo es infinito, los hombres son prácticos y apasionados, los monstruos solitarios y las mujeres inteligentes y persistentes. Así que lo hombres no volvieron para matarla y se dedicaron a otras cosas. La Medusa  andaba entre las estatuas de piedra de su casa vomitando su ira, liberando su cólera, buscando razones, descubriendo esperanzas, limpiándose el alma, perdonando...  Hasta que el camino al templo se perdió en la memoria de la tierra.  

Giorgos fue un niño desordenado y aventurero, más de una vez sus padres tuvieron que salir a buscarlo al bosque porque el chiquillo se perdía, y más de una vez no lo encontraron... a los días aparecía deshidratado y cansado, al borde del arroyo, dormido junto a un árbol o envuelto en una piel de lobo. Sus amigos le querían y le auguraban todo lo bueno, pero cuando se adentraba al bosque ninguno lo seguía, "¿A qué vas allá?" le decían, ¡El ejercito esta junto al mar, la gloria está del otro lado! y se iban a entrenar a la playa, con espadas de madera y cuerda. El también jugaba a los soldados, pero su gloría no sería la del héroe.

Habría de tener que sé yo, unos 23 años, cuando se levanto con ganas de perderse de nuevo, como hacía rato no lo hacía, y se metió al bosque, corrió entre los árboles, salpico charcos, se araño las piernas, peleó con panteras y ahuyentó a más de un lobo... hasta que se quedó dormido al lado de una piedra. Se despertó de noche con las estrellas brillando en el cielo de los dioses, y las luciérnagas iluminando el camino de los siglos. Se despertó agitado porque juraba haber oído un grito y un sollozo. Buscó en su cintura la espada y se puso en guardia, pero nada se movía más que las hojas de los árboles con la brisa que venía del mar, y su pecho al respirar. El hombre se acurrucó contra la piedra firme por un rato, atento a los sonidos que venían y se iban, pero no había más que silencio, así que se levantó suponiendo que lo había soñado y se echó a andar aún más hacia lo lejos, a conocer lo desconocido. Al rato llegó al filo de una pequeña colina y bordeándola encontró un estrecho paso hacia adentro de la roca, y se metió por allí, a ver que había, sin imaginar siquiera que ya no querría salir de nuevo.

Entro con la espada en la mano, por si las serpientes o las bestias. Una vez adentro escuchó de nuevo el llanto, y se sintió incómodo, quien andaría por allí llorando, tendría que ser una mujer, un alma en pena o una treta de algún Dios aburrido que quería hacerle pasar un mal rato. Sin saber que pensar pero con esa curiosidad incorruptible siguió hacia el fondo de la cueva con paso firme y despreocupado, y empezó a ver figuras conocidas, estatuas de hombres cubiertos de musgo verde que les crecía encima, espadas alzadas convertidas en piedra, pedazos de roca con forma de brazos, de torsos, de cabezas, y por supuesto supo donde estaba, le habían contado de la Medusa para que se tomara la sopa y no se metiera al bosque, pero él no tenía problemas ni con la sopa ni con el bosque.

Sabía bien lo que hacía la Medusa, y no tenía intensiones de volverse piedra ni de intentar matarla, total ¿para qué? allá en lo profundo, ella ya estaba muerta. Así que se dio media vuelta y se dirigió a la entrada tratando de no hacer ruido... en cada paso que daba lo único que escuchaba era el llanto, esas lagrimas gruesas que solo las mujeres liberan cuando la pena es grande y la esperanza es poca, hasta que Giorgos se desespero de oírlo y digo en voz alta "Y bueno, ¿A ti qué te pasa?" no había terminado de decirlo cuando se arrepintió, un silencio oscuro se oyó en la caverna y Giorgos trató de correr a la salida, cuando escucho la voz de una mujer hermosa y suave como la seda que él, no conocía, clara y fresca como el agua del mar en las mañana de verano, se detuvo en seco. "¿Vienes a matarme?" preguntó ella. Él no supo que decir, "deberías hacerlo" y volvió el llanto. Giorgos aburrido del sollozo se volteó, "Ahhh no, a mí nadie me dice lo que tengo que hacer, vine a visitarte, a tomarme un trago contigo, ¿para qué carajos voy a matarte? acaso ¿me has hecho algo? no, vine a conocerte, a darte la mano" y mientras así decía se fue adentrando en la cueva, andando entre los hombres de piedra, buscando el sonido de la voz, pasando saliva. Para entonces Medusa ya estaba confundida, ¿Quién era ese hombre que guardaba la espada y no corría a decapitarla? ¿Quién era ese sujeto que le decía con tanta ligereza que venía a saludarla? Ella se quedó donde estaba, sentada al lado de la estatua de un hombre viejo que parecía su padre, con la cabeza entre las piernas mientras las serpientes de su pelo se enroscaban en una trenza sobre la espalda, "¿Quién eres?" preguntó. "Soy Giorgos de Leitus, hijo de Anáphone y de Grisus, rey de Argos y de todo cuanto hay de un lado del mar al otro" dijo él con voz firme tratando de impresionarla, muerto de miedo. Medusa apenas pudo contener la risa, "No mientas Giorgos! solo eres humano. "Soy Giorgos de Leitus, hijo de Anáphone y de Grisus!" Insistió él, "Pero bueno, no soy rey de Argos ni de todo cuanto hay de un lado del mar al otro". Medusa rió, y su risa llego a los oídos de Giorgos como llega la voz de la dulzura, de la victoria, del infinito, y se le anidó en el pecho sin permiso. "¿Me convertirás en piedra?" preguntó él con todo el miedo de desearlo. Hubo un silencio largo y luego esa voz de plata dijo desde más allá "Si me miras a los ojos... no puedo evitarlo", "Quiero verte" dijo él. No se oyó nada, a ella le tembló el alma como no le había temblado nunca en todos los siglos de su vida, y unas lágrimas diferentes le brotaron de los ojos, gritó asustada "Vete, lárgate ahora o voy a matarte". Más allá del terror y por primera vez un hombre completo él respondió "No me voy, aunque me mates"... Ella siguió llorando con la cara entre las manos porque después de todo, después de su castigo y su humillación, no entendía que hacía él allí, a qué había venido. 

Uno pasos más adelante, Giorgos encontró el sonido, y vio el perfil de una mujer acurrucada, con un vestido que debió haber sido blanco, mujer de pies desnudos y brazos descubiertos, con una trenza verde que se retorcía, con una piel acaramelada y suave, con unas manos sucias que le cubrían los ojos. Y se le sentó al lado mirando las paredes del templo olvidado, "¿vamos a pasear? No te caería mal tomar el sol" dijo. Medusa lo miro por entre los dedos, entre burlona y conmovida "todavía es de noche" dijo ella volviendo a meter la cara entre las manos. Él le miró la cabeza "¿Muerden?" preguntó. "Solo cuando estoy de mal genio" dijo ella, y él se rió, le pasó el brazo por detrás de la espalda, bajo la trenza de serpientes y la recostó a su pecho. Se quedó con ella.

No fue fácil, ella tenía el mal genio del mismo Hades y él era desordenado como Chaos. Ella estaba maldita y él, bueno, él era mortal. Discutían por la ropa, por la cama, porque ella tenía emociones enredadas, por la loza, por la espada, porque él era un comodo completo, por la familia, por los Dioses, por los traumas de juventud de ella, por el honor, por la justicia, porque él no se tomaba nada en serio, por los celos, por tonterías... se enfurecían, se gritaban, se rompían estatuas de piedra en la caverna, se calmaban, charlaban, aclaraban las cosas, se abrazaban, se dormían. Les tocó aprender a moverse y a pelear con los ojos cerrados, no fuera a terminar él convertido en piedra, y mal que bien se fueron acostumbrando a vivir, así, juntos y felices. Él iba de visita donde sus padres y sus amigos, y les contaba que la pasaba bien con una mujer sin dar muchos detalles. Ella se le volaba a veces por entre los ríos y las rocas para sacar a pasear el alma. Y en la noches, metidos en una cama hecha de pieles al fondo de la caverna, se hacían el amor con los ojos vendados, dejando que los dedos vieran por ellos, se descubrían temblando con el alma en el cuerpo del otro y con la vida... con la vida ahí, en el presente, con el corazón completo, palpitante. Por las mañanas él la despertaba con caricias y ella, para no levantarse, le mordía con el cabello.

Con el tiempo ella aprendió que el pasado ya había pasado, y que la felicidad había venido a acompañarla, aprendió que no todos los hombres querían decapitarla. Con el tiempo él aprendió que el futuro no había venido, que la felicidad tenía nombre de monstruo y que Medusa era una mujer hermosa como la Diosa que no era, hermosa mucho más allá de la primavera.

Con el tiempo, el se hizo viejo y ella pensaba de vez en cuando que lo perdería un día. No se imaginaba que por ahí ya andaba Perseo, no se imaginaba que vendría a buscarle dentro de poco, y que ella, tendría que salir a defender su vida y cumplir con la tarea de ser un monstruo.

Una tarde lo escucharon entrar en la cueva. Giorgos que ya tenía poca carne en los huesos, los ojos profundos, la piel arrugada, el cabello marchito, que ya caminaba con la espalda encorvada y le quedaban pocos dientes, se hizo a un lado sabiendo que nada tenía que ver con el héroe. Medusa peleó como pelean las bestias, aunque ya sin rabia ni rencores, sino con esa costumbre sabia de haber nacido para algo, de estar haciendo lo que le correspondía. De piedra quedaron todos los que acompañaban a Perseo, pero este tenía una tarea, y mirando en el reflejo, en el espejo del escudo, con la espada temblándole en la mano y sabiendo que de ello dependía su destino, se dio media vuelta y de un solo golpe cercenó la cabeza de Medusa, que vino rodando a los pies del héroe. Perseo la levanto sin mirarla, la metió en un saco y salio corriendo porque tenía prisa y habían otros monstruos que matar. 

En el frío piso de piedra quedo el cuerpo tendido de la mujer hermosa, adentro del pecho el corazón todavía le latía. Giorgios vino despacio y se sentó a su lado, recostado a una estatua, le pasó el brazo por detrás de la espalda y la recostó en su pecho. Desde el cuello la sangre de Medusa brotaba en silencio empapando las ropas de viejo, las manos de ella se aferraron al cuerpo. El la beso en el hombro y la abrazó con fuerza al escuchar el latido, que como el de su corazón se iba haciendo cada vez más lento, los dos corazones se pararon al tiempo. Antes de dormirse, Giorgios vio un caballito blanco con dos alas que se sacudía el lomo y que caminaba hacia afuera.

lunes, 16 de abril de 2012

A la llovizna suave que te moja

Yo no sé como hacen ustedes para no enamorarse, yo no lo logro. Como si fuera el único estado posible yo me enamoro. Algo de raro debo tener, porque cuando la gente camina en la lluvia mirando hacia el suelo, yo miro hacia el cielo. Cuéntenme como le hacen para no enamorarse, de esos ojos profundos, de esa voz de susurro, de como se mueven esos pies al bailar, del calorcito de las cobijas en las mañanas húmedas, del pedazo de melón y de la o con tílde. ¿Cómo le hacen que yo no no logro? para caminar sin mirar a lo lejos el que también camina, para no seguirle el paso a la sombra que me circunda, y posponer los supiros para otro día. ¿Cómo no caen rendidos ni se desploman? Cuando a mi no me alcanza el alma para amar tanto al mundo, ni me alcanza la vida para entenderlo, cuando aún con el robo le sonrío al ladrón, cuando entre las tristezas yo me busco una sonrisa consoladora y amable. ¿Cómo no se derriten ni se apasionan? Cuando a mí el corazón se me alborota solo por las gotitas de rocio, y reconozco en las huellas que quedan en el barro que aún, aún todo es posible. Cuando a mí la sangre se me galopa entre las artérias cuando pregunto por tí y por tu estatura, y cuando en las tardes despues de la lluvia, sé que tu calor calienta por ahí algún aire. Linda, princesa, vagabunda. ¿Cómo le hacen señores y demases, para no perseguirla y cantarle una canción a la felicidad? ¿Para quedarse quietos y aburridos y guardar en el alma sales y pimientas?. Mientras, mientras todo eso y ustedes, yo me quiero mucho, yo me guío y me sigo y me llevo a donde quiero ir, porque allá esta todo y ustedes, porque donde estoy están también todos los amores y las canciones, los besos y los hasta siempre, osea, es decir, hasta mañana corazón, hasta mañana que siempre no es todavía pero es siempre. Yo no lo puedo, yo me enamoro, del paso del viento, del sol, del profundo, de la tierra negra que se me hace barro, del agua del cielo que me empapa los zapatos y las soledades chiquitas, me enamoro de la promesa de enamorarme un día de una de carne de hueso y no solo de brisas, me enamoro porque el amor me sobra y se me desborda desde las oscuridades más sin luz del corazón este que me late adentro, todo alborotado, como si en vez de corazón fuera cabello... o caballo, una no sabe. Y me sobra el amor porque me falta, me falta a quien decirle: Vea, aquí le tenía guardado para que se arrope. Me falta un cuerpo y sobre todo un alma, una de esas que parece golondrina o ballena o montaña. Me hace falta un alma gordita y colorada, calientita, en quien poner caricias y besos y pendejatitas otras de ese tipo... un alma que vuele y que crezca conmigo, con quien aprender a no andar sola y no salir corriendo, sino mirar tan tan lejos y tan bonito, como si a ese lejos ya se hubiera ido. Me haces falta alma bonita, para darte todo este cariño que se me agazapa para saltarte encima y darte la bienvenida con girasoles y rosas, con cantitos y saltos, con la mano y el beso. Yo, de veras que no sé como le hacen para no enamorarse, porque yo, yo así, locamente, tranquilamente, me enamoro.

viernes, 6 de abril de 2012

Desacuerdo

Los hombres exigen mucho, piden que no piense, que no opine, que no sienta, pero soy mujer, no puedo evitarlo.

lunes, 5 de marzo de 2012

Naufragio

Casi inutil me deshago en estas letras que se confunden con la agonía de mis células nerviosas... tiemblan, se agitan ante el pronóstico desesperado de no quedar tiempo y menos cariño, ante el prónostico vacío y viceral de no haber sido suficientemente egoísta, de no haberme salvado cuando debí haberlo hecho y venir a intentarlo ahora cuando ya no hay sangre que contener, cuando ya no hay cuerpos a los que recurrir, cuando ya no hay nubes a las que creer. Este maldito círculo, de lo imposible, del escoger siempre lo no permitido. Demasiado humana, ese ha sido siempre mi pecado, no pongo los límites donde corresponden y termino invadida y miserable. No me dará para tanto la médula, lo sé, no me aguantarán tanto los pies, me lo figuro, me desdibujaré olvidada de lo propio, y ellos continuaran mientras yo naufrago en el absurdo de haber querido ser demasiado.

jueves, 1 de marzo de 2012

Abandonada

Dime cuándo, entre tus mundos, descubriste el horizonte.
Cuándo decidiste detener tu paso y procurar asirte a las menudas sonrisas que aun flotaban en el aire.
Ese instante exacto en que detuviste el tiempo que transcurria a borbotones atropellando tu alma acobardada, y te refugiaste en el descurrir eterno del rayo que atraviesa sin rumbo las estrellas.
Ese infimo segundo en que volviste tus pétalos a la luna y te olvidaste de mi y de todos tus dolientes.
Dime, adorada mía, cuándo, entre tus muslos, descubriste que detras de la cascada aún aguardan los dragones por ese día en que los humanos vuelvan sus sentidos hacia la sabiduría.
Cuando profanaste sonrojada los más suaves y profundos pensamientos de los saltamontes que habitan el jardín, o confundiste tu agrio y enloquecedor aroma con el que liberan los lirios en las noches alunadas.
Más allá de todas las entrañas aún aguardo yo tu bienvenida...
Aún aguardo yo. Tú, bienvenida.