lunes, 16 de abril de 2012

A la llovizna suave que te moja

Yo no sé como hacen ustedes para no enamorarse, yo no lo logro. Como si fuera el único estado posible yo me enamoro. Algo de raro debo tener, porque cuando la gente camina en la lluvia mirando hacia el suelo, yo miro hacia el cielo. Cuéntenme como le hacen para no enamorarse, de esos ojos profundos, de esa voz de susurro, de como se mueven esos pies al bailar, del calorcito de las cobijas en las mañanas húmedas, del pedazo de melón y de la o con tílde. ¿Cómo le hacen que yo no no logro? para caminar sin mirar a lo lejos el que también camina, para no seguirle el paso a la sombra que me circunda, y posponer los supiros para otro día. ¿Cómo no caen rendidos ni se desploman? Cuando a mi no me alcanza el alma para amar tanto al mundo, ni me alcanza la vida para entenderlo, cuando aún con el robo le sonrío al ladrón, cuando entre las tristezas yo me busco una sonrisa consoladora y amable. ¿Cómo no se derriten ni se apasionan? Cuando a mí el corazón se me alborota solo por las gotitas de rocio, y reconozco en las huellas que quedan en el barro que aún, aún todo es posible. Cuando a mí la sangre se me galopa entre las artérias cuando pregunto por tí y por tu estatura, y cuando en las tardes despues de la lluvia, sé que tu calor calienta por ahí algún aire. Linda, princesa, vagabunda. ¿Cómo le hacen señores y demases, para no perseguirla y cantarle una canción a la felicidad? ¿Para quedarse quietos y aburridos y guardar en el alma sales y pimientas?. Mientras, mientras todo eso y ustedes, yo me quiero mucho, yo me guío y me sigo y me llevo a donde quiero ir, porque allá esta todo y ustedes, porque donde estoy están también todos los amores y las canciones, los besos y los hasta siempre, osea, es decir, hasta mañana corazón, hasta mañana que siempre no es todavía pero es siempre. Yo no lo puedo, yo me enamoro, del paso del viento, del sol, del profundo, de la tierra negra que se me hace barro, del agua del cielo que me empapa los zapatos y las soledades chiquitas, me enamoro de la promesa de enamorarme un día de una de carne de hueso y no solo de brisas, me enamoro porque el amor me sobra y se me desborda desde las oscuridades más sin luz del corazón este que me late adentro, todo alborotado, como si en vez de corazón fuera cabello... o caballo, una no sabe. Y me sobra el amor porque me falta, me falta a quien decirle: Vea, aquí le tenía guardado para que se arrope. Me falta un cuerpo y sobre todo un alma, una de esas que parece golondrina o ballena o montaña. Me hace falta un alma gordita y colorada, calientita, en quien poner caricias y besos y pendejatitas otras de ese tipo... un alma que vuele y que crezca conmigo, con quien aprender a no andar sola y no salir corriendo, sino mirar tan tan lejos y tan bonito, como si a ese lejos ya se hubiera ido. Me haces falta alma bonita, para darte todo este cariño que se me agazapa para saltarte encima y darte la bienvenida con girasoles y rosas, con cantitos y saltos, con la mano y el beso. Yo, de veras que no sé como le hacen para no enamorarse, porque yo, yo así, locamente, tranquilamente, me enamoro.

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