Porque algunos científicos (si no
todos) también somos humanos.
Porque también nos duele... la panza, la cabeza, las articulaciones,
los robos, los asesinatos, los trancones.
Porque también sentimos... frio, calor, ganas, miedo, rabia,
pasión y hasta lombrices y mariposas en el estómago.
Porque también nos da... hambre, sueño, pereza, tristeza,
consentimiento, y ganas de ir al baño o de abandonarlo todo.
Porque también tenemos... sueños, problemas, deudas, compromisos
familiares, desilusiones amorosas, uno que otro arrocito en bajo y algunos,
buen humor.
Porque también sabemos... que nos equivocamos, que dijimos lo que
no debíamos, que no nos esforzamos lo suficiente, que más allá del laboratorio
y del artículo hay otros horizontes, que hay que ir a pagar el recibo de la
luz, y algunos bailar bien.
Porque también pensamos... en política, en filosofía, en la
familia, en el futuro, en las consecuencias, en que este mundo no anda bien, en
que le falta algo, en que mucho de lo que hacemos no lo divulgamos, en el
próximo proyecto, y en la próxima beca, aunque muchos nos hagamos los locos.
Porque al final de cuentas también... nos da gripa, nos partimos
huesos, nos enamoramos, nos abandonan, nos cansamos, tenemos hijos, compramos
casa, votamos, vemos partidos, gritamos, lloramos, hacemos el amor (algunos) y
nos morimos.
Porque algunos científicos (si no todos) también somos humanos,
perdónanos y regálanos un vaso de agua.
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