A veces sé las cosas antes de que sucedan.
A veces en la escritura se me figuran los futuros.
No a modo de adivinanza o de sortilegio.
Sino, más bien, a modo de saber en lo profundo pero ignorar en lo cotidiano,
A modo de conocerme y dados mis propios lineamientos predecir lo que haré,
Pero en el presente pretender mirar a un lado y esperar otros rumbos.
Esperar que el agua corra hacia otros caminos.
Pero el agua sigue su curso.
En el fluir del universo y en el tiempo.
En la ilusión que es la continuidad y la separación.
Quisiera extraviarme de lo que he aprendido.
Pero el conocimiento está allí entre mis letras.
Entre las palabras que dejo que se rieguen desde los dedos hasta la pantalla.
El saber está presente y se pronuncia.
En su misma esencia no me apresura.
Se queda sobre las letras y paciente espera.
Espera que yo en mi estar le de el valor que le es debido.
Espera que yo en mi andar asigne a lo que es y a lo que hago el valor exacto que ya le conocía pero que inclemente quería distorsionar para mi pretendido beneficio.
La certeza de la incertidumbre es imperturbable.
Yo en mi negación cotidiana de la naturaleza humana quisiera quedarme en silencio.
No traer aquí lo que es.
Darnos más tiempo.
Pero el tiempo, amor mío, ya no es nuestro.
Y hace mucho que yo ya lo sabía.
Fue como he sido por tantas veces una fantasía más.
Y la realidad en lo que es, en la simplicidad de su belleza, se ha hecho presente en mi y me ha dado el beneficio del reconocimiento.
Hay una bastedad que desconozco.
Hay un sin fin de aprendizajes que no he vivido.
Pero esto,
Tú,
Yo,
Lo nuestro.
Ya lo sé.
Ya está hecho y terminado.
Ya está acabado.
lunes, 4 de marzo de 2019
miércoles, 6 de febrero de 2019
Simpatía
Aquí con ganas de escribir, sin mucho que decir, pero con ganas de escribir.
De decir que me aferro a lo bonito.
Prefiero, como arma para sostener la vida, creer que puede ser mejor.
Aunque siga en mi cabeza esa idea eterna de no ser suficiente para nada y de merecer muy poco.
Aunque siga esa idea escojo intencionalmente la idea de que tengo un valor muy alto y de que merezco mucho.
Con el corazón hecho esquirlas afiladas y doloridas.
Sigo escogiendo una y otra vez la idea de un corazón suave y húmedo.
Con las manos huecas y resecas
Sigo escogiendo una y otra vez la idea de manos que se juntan y se sostienen
Con el miedo intacto y perfecto
Sigo escogiendo una y otra vez la idea de la libertad de ser, de hacer y de amar.
Con la ubicua y evidente ausencia de ti cada segundo
Sigo escogiendo una y otra vez la suerte de encontrarte y saber quien eres
Errante en esta lucha fugaz de hacer la vida un poco más amable
Sigo manteniendo me
Sigo sosteniendo lo que soy y lo que amo
Sigo paso tras paso
Buscándote
Lo que sea que seas y signifiques
Lo que sea que representas y traerás contigo a mi vida
Tú, esa idea sublime y esquiva de lo que significa estar dinámicamente satisfecho
ese estado de equilibrio en el que se puede vivir sin tanto desespero
ese tú que te dibujas como un estar sin querer huir
un presente sin atragantarse de futuro y sin vomitar el pasado
un aquí sin la angustia de sentirse indefenso y acosado por la existencia de otros que no son amables
Escribo atascada y sin sentido
Porque aún y en medio de lo que soy me siento frágil y perdida
Solitaria y asustada
Y me falta aún darle crédito a todo cuanto ocurre al rededor
Me falta darme el lugar en el que estoy
Reconocer
que esta fragilidad es menos frágil que la de muchos otros a quienes puedo respaldar
que esta angustia es menos grave que la angustia de otros a quienes extiendo mi mano
que la soledad que me acompaña se desvanece ante el ronroneo de un gato, ante conjurar a un amigo
que ese no saber cómo ni dónde es apenas la dosis perfecta de incertidumbre que requiere la sorpresa de la vida
Me faltas amor y no me acostumbro
Y brindo en tu nombre con la botella vacía.
De decir que me aferro a lo bonito.
Prefiero, como arma para sostener la vida, creer que puede ser mejor.
Aunque siga en mi cabeza esa idea eterna de no ser suficiente para nada y de merecer muy poco.
Aunque siga esa idea escojo intencionalmente la idea de que tengo un valor muy alto y de que merezco mucho.
Con el corazón hecho esquirlas afiladas y doloridas.
Sigo escogiendo una y otra vez la idea de un corazón suave y húmedo.
Con las manos huecas y resecas
Sigo escogiendo una y otra vez la idea de manos que se juntan y se sostienen
Con el miedo intacto y perfecto
Sigo escogiendo una y otra vez la idea de la libertad de ser, de hacer y de amar.
Con la ubicua y evidente ausencia de ti cada segundo
Sigo escogiendo una y otra vez la suerte de encontrarte y saber quien eres
Errante en esta lucha fugaz de hacer la vida un poco más amable
Sigo manteniendo me
Sigo sosteniendo lo que soy y lo que amo
Sigo paso tras paso
Buscándote
Lo que sea que seas y signifiques
Lo que sea que representas y traerás contigo a mi vida
Tú, esa idea sublime y esquiva de lo que significa estar dinámicamente satisfecho
ese estado de equilibrio en el que se puede vivir sin tanto desespero
ese tú que te dibujas como un estar sin querer huir
un presente sin atragantarse de futuro y sin vomitar el pasado
un aquí sin la angustia de sentirse indefenso y acosado por la existencia de otros que no son amables
Escribo atascada y sin sentido
Porque aún y en medio de lo que soy me siento frágil y perdida
Solitaria y asustada
Y me falta aún darle crédito a todo cuanto ocurre al rededor
Me falta darme el lugar en el que estoy
Reconocer
que esta fragilidad es menos frágil que la de muchos otros a quienes puedo respaldar
que esta angustia es menos grave que la angustia de otros a quienes extiendo mi mano
que la soledad que me acompaña se desvanece ante el ronroneo de un gato, ante conjurar a un amigo
que ese no saber cómo ni dónde es apenas la dosis perfecta de incertidumbre que requiere la sorpresa de la vida
Me faltas amor y no me acostumbro
Y brindo en tu nombre con la botella vacía.
martes, 8 de enero de 2019
Por venir
Qué voz? Qué camino seguiremos en lo que queda de tiempo?
A qué sino grave y poderoso estamos atados?
Dónde y cómo - si es que tal existe - hallaremos el destino?
Nada hay más que el ahora y nada es más importante que el presente.
El pasado ha sido un buen maestro y nos ha educado
algunas lecciones han sido más difíciles que otras
y hay todavía algunas que hay que repasar.
Hay otras que todavía no hemos conocido:
el andar con otro
el apropiarse de algo
el enseñar
el emprender una empresa...
Lecciones del futuro a las que ya me he inscrito.
Vendrán a su tiempo, como todo.
El futuro es esa página en blanco que no es ciega.
Es el paso inmediato, el pensamiento activo, la palabra continua.
El futuro está salvaguardado por el misterio.
Todavía no es pero está disponible, para que se haga.
Entonces aquí estamos, tu y yo, todos los otros,
Las tierras, los soles, los universos.
Estamos aquí en el parpadeo de la idea.
Y en este segundo que es la vida, amigo, amiga,
En este único instante en que todavía somos,
Aquí, ahora, bailemos!
A qué sino grave y poderoso estamos atados?
Dónde y cómo - si es que tal existe - hallaremos el destino?
Nada hay más que el ahora y nada es más importante que el presente.
El pasado ha sido un buen maestro y nos ha educado
algunas lecciones han sido más difíciles que otras
y hay todavía algunas que hay que repasar.
Hay otras que todavía no hemos conocido:
el andar con otro
el apropiarse de algo
el enseñar
el emprender una empresa...
Lecciones del futuro a las que ya me he inscrito.
Vendrán a su tiempo, como todo.
El futuro es esa página en blanco que no es ciega.
Es el paso inmediato, el pensamiento activo, la palabra continua.
El futuro está salvaguardado por el misterio.
Todavía no es pero está disponible, para que se haga.
Entonces aquí estamos, tu y yo, todos los otros,
Las tierras, los soles, los universos.
Estamos aquí en el parpadeo de la idea.
Y en este segundo que es la vida, amigo, amiga,
En este único instante en que todavía somos,
Aquí, ahora, bailemos!
lunes, 26 de noviembre de 2018
Protesta
Otra vez la soledad, otra vez.
Esta ausencia de sentido en el corazón.
Esta desazón de no tener una sonrisa de regreso.
De que no hay otro que se refleje en el cariño.
La soledad inmensa de la certeza del estar solo en todo el universo.
Brusca soledad esencial.
La de los huesos huecos y los músculos vacíos.
Soledad de segundos infinitos.
De agonías vanas y minúsculas.
Pero permanentes.
Soledad limpia reluciente.
De los amigos que se reúnen entre ellos mientras yo en la esquina.
De los familiares que se regalan medias y perfumes mientras yo evito las fiestas agotadoras.
De los humanos tratando de hacer sus vidas soportables.
Y uno en la insoportable levedad longeva.
Soledad angustia venidera.
Pasajera permanente del tren que me es la vida.
Paisaje subterráneo de aguas que se filtran y lavan los tesoros de la tierra.
Propiedad soledad emergente.
Compañía persistente.
Querida y fastidiada.
Soledad sabelotodo.
Sabia silenciosa sin salida.
Amiga compañera.
Asesina confiada.
Bien lo sabes.
Que todo cuanto es es solo un poco.
Que todo cuanto amo es solo un relámpago.
Que todo lo que me sostiene se derrumba así sea lentamente.
Como siempre ha sido yazco ante ti sin armas, sin escudos.
Yazco ante ti con las manos extendidas y las palmas abiertas.
Ante ti con el pecho desnudo y la espalda descubierta.
Con los ojos empapados y los labios rotos.
Eres, en medio de todas las angustias, benevolente.
Y en medio de todas las alegrías, inmisericorde.
Eres espina en la planta del pie que nunca sale y siempre duele.
Que se hace a la carne y con el tiempo se profundiza.
Soledad intermitente y postergada.
Soledad latente y aguda.
Vas estoica hasta la sangre y hasta el centro donde se bombea.
Humedeces todo con tu angustia.
Vienes imperturbable hasta el filo de mis neuronas y te acomodas.
Allí aguardas el instante preciso para hacerte evidente.
Y traes contigo todos los silencios y las tristezas.
Todos los imposibles y los imperdonables.
Y suavemente sin pausa me torturas.
Me deshilachas la existencia y me prometes:
¡Nunca dejarme libre!
¡Nunca dejarme un amor intacto!
¡Nunca darme una segunda oportunidad sobre la tierra!
Yo que desde tu raíz he aprendido la paciencia te digo:
¡Ya va!
¡No todavía!
No tengo - hermana mía - ni evidencia, ni argumentos, ni fe
No tengo - historia mía - ni hechos, ni razones, ni dioses
Pero todavía, soledad abrumadora acaparadora
Tengo todavía por fortuna algo de tiempo
Tengo que andar el mundo y buscar con el cariño esa sonrisa.
Esta ausencia de sentido en el corazón.
Esta desazón de no tener una sonrisa de regreso.
De que no hay otro que se refleje en el cariño.
La soledad inmensa de la certeza del estar solo en todo el universo.
Brusca soledad esencial.
La de los huesos huecos y los músculos vacíos.
Soledad de segundos infinitos.
De agonías vanas y minúsculas.
Pero permanentes.
Soledad limpia reluciente.
De los amigos que se reúnen entre ellos mientras yo en la esquina.
De los familiares que se regalan medias y perfumes mientras yo evito las fiestas agotadoras.
De los humanos tratando de hacer sus vidas soportables.
Y uno en la insoportable levedad longeva.
Soledad angustia venidera.
Pasajera permanente del tren que me es la vida.
Paisaje subterráneo de aguas que se filtran y lavan los tesoros de la tierra.
Propiedad soledad emergente.
Compañía persistente.
Querida y fastidiada.
Soledad sabelotodo.
Sabia silenciosa sin salida.
Amiga compañera.
Asesina confiada.
Bien lo sabes.
Que todo cuanto es es solo un poco.
Que todo cuanto amo es solo un relámpago.
Que todo lo que me sostiene se derrumba así sea lentamente.
Como siempre ha sido yazco ante ti sin armas, sin escudos.
Yazco ante ti con las manos extendidas y las palmas abiertas.
Ante ti con el pecho desnudo y la espalda descubierta.
Con los ojos empapados y los labios rotos.
Eres, en medio de todas las angustias, benevolente.
Y en medio de todas las alegrías, inmisericorde.
Eres espina en la planta del pie que nunca sale y siempre duele.
Que se hace a la carne y con el tiempo se profundiza.
Soledad intermitente y postergada.
Soledad latente y aguda.
Vas estoica hasta la sangre y hasta el centro donde se bombea.
Humedeces todo con tu angustia.
Vienes imperturbable hasta el filo de mis neuronas y te acomodas.
Allí aguardas el instante preciso para hacerte evidente.
Y traes contigo todos los silencios y las tristezas.
Todos los imposibles y los imperdonables.
Y suavemente sin pausa me torturas.
Me deshilachas la existencia y me prometes:
¡Nunca dejarme libre!
¡Nunca dejarme un amor intacto!
¡Nunca darme una segunda oportunidad sobre la tierra!
Yo que desde tu raíz he aprendido la paciencia te digo:
¡Ya va!
¡No todavía!
No tengo - hermana mía - ni evidencia, ni argumentos, ni fe
No tengo - historia mía - ni hechos, ni razones, ni dioses
Pero todavía, soledad abrumadora acaparadora
Tengo todavía por fortuna algo de tiempo
Tengo que andar el mundo y buscar con el cariño esa sonrisa.
viernes, 16 de noviembre de 2018
Mentira
Y viene uno a darse cuenta que todos tenemos rabo de paja.
Que hay secretos a voces que resultan ciertos y que van destruyendo poco a poco la confianza y el cariño.
Que nuestra gran mentira no es que seamos falibles sino que somos incapaces de aceptarlo y divulgarlo y darle a nuestros errores y a los de los demás su justa medida y la invaluable opción de corregirlos. Porque los errores que se niegan y se esconden se vuelven a cometer, porque ante la misma situación no conocemos otra manera de actuar porque precisamente no tuvimos la opción de consultar o preguntar cómo se actuaba diferente. La gran mentira en la que todos caemos es una vez más la de asignar culpas para despellejar al culpable por lo sucedido en vez de identificar los responsables y las responsabilidades de cada uno para además identificar qué o cómo puede mejorarse una situación para todos los involucrados. Seguimos escondiéndonos en nuestras virtudes, mostrando solo estas al exterior, mientras nos ahogamos en secreto y en silencio en nuestros miedos, en nuestra ignorancia, en nuestros defectos. Seguimos juzgando a los otros para volcar la atención sobre ellos, para incluso hacerlos a ellos caer con el peso de sus propias equivocaciones, para intentar salvarnos a nosotros mismos de las equivocaciones y de las falencias que nos son propias. Y por extensión cubrimos a quienes nos encubren y quienes comparten nuestros nuestros defectos, en vez de que sus acciones nos hagan reaccionar y reconocer el mal que hacemos. Nos cubrimos con la mima cobija que termina destruyendo la vida de otros, siempre que la nuestra sea perdonada. Porque es tan pequeña nuestra conciencia que no nos permite reconocer que reconocer nuestros errores, que enfrentarlos y hacerlos públicos es la mejor manera de ayudarnos y de ayudar a otros. Seguimos prefiriendo tirar la piedra y esconder la mano, que ofrecer disculpas por un vidrio roto. Hay que hablar, necesitamos urgentemente hablar, decirnos las cosas, decirnos las verdades como son.
Que hay secretos a voces que resultan ciertos y que van destruyendo poco a poco la confianza y el cariño.
Que nuestra gran mentira no es que seamos falibles sino que somos incapaces de aceptarlo y divulgarlo y darle a nuestros errores y a los de los demás su justa medida y la invaluable opción de corregirlos. Porque los errores que se niegan y se esconden se vuelven a cometer, porque ante la misma situación no conocemos otra manera de actuar porque precisamente no tuvimos la opción de consultar o preguntar cómo se actuaba diferente. La gran mentira en la que todos caemos es una vez más la de asignar culpas para despellejar al culpable por lo sucedido en vez de identificar los responsables y las responsabilidades de cada uno para además identificar qué o cómo puede mejorarse una situación para todos los involucrados. Seguimos escondiéndonos en nuestras virtudes, mostrando solo estas al exterior, mientras nos ahogamos en secreto y en silencio en nuestros miedos, en nuestra ignorancia, en nuestros defectos. Seguimos juzgando a los otros para volcar la atención sobre ellos, para incluso hacerlos a ellos caer con el peso de sus propias equivocaciones, para intentar salvarnos a nosotros mismos de las equivocaciones y de las falencias que nos son propias. Y por extensión cubrimos a quienes nos encubren y quienes comparten nuestros nuestros defectos, en vez de que sus acciones nos hagan reaccionar y reconocer el mal que hacemos. Nos cubrimos con la mima cobija que termina destruyendo la vida de otros, siempre que la nuestra sea perdonada. Porque es tan pequeña nuestra conciencia que no nos permite reconocer que reconocer nuestros errores, que enfrentarlos y hacerlos públicos es la mejor manera de ayudarnos y de ayudar a otros. Seguimos prefiriendo tirar la piedra y esconder la mano, que ofrecer disculpas por un vidrio roto. Hay que hablar, necesitamos urgentemente hablar, decirnos las cosas, decirnos las verdades como son.
lunes, 8 de octubre de 2018
¿qué hacer?
¿Qué debo hacer? ¿qué es la cosa correcta para hacer?
Irme a casa y meterme entre las cobijas y llorar todo el día.
Quedarme en el trabajo y ver como el tiempo corre sin que yo haga nada y reprimiendo el llanto.
Quedarme en el trabajo y tratar de forzarme a hacer cosas que no logro y que me hacen reafirmar el sentimiento de fracaso.
¿Qué es lo correcto de hacer?
Irme a otro lugar donde nadie pueda alcanzarme para evitar lastimarlos y para poder pasar la depresión con poca presión externa.
Quedarme y afrontar el día a día de esto.
Contarle a la gente al rededor para que estén pendientes.
No decirle a nadie para evitar los estigmas y tabúes y recomendaciones bien intencionadas pero mal recibidas.
Darle rienda suelta al huracán que tengo adentro y que no perdona nada ni nadie y sobre todo menos a mí.
Seguir en la pelea cotidiana de tratar de contener la implosión y liberar todos los malos pensamientos y sentimientos de a poco para minimizar el daño pero extendiendo esta condición.
¿Qué hacer?
Es la segunda vez este año y estoy asustada, ¿será una depresión larga y extenuante? ¿será una depresión corta de la que pueda volver en un par de semanas?
El terror me consume lentamente pero sin descanso.
Me veo, desde ese rincón minúsculo que es mi consciencia, me veo pensar todo lo que se piensa cuando se está deprimido, me veo hacer todo lo que se hace cuando estoy deprimida, me veo y no puedo hacer nada más que sostenerme, puedo solo con el poco de energía que hay obligarme a seguir respirando, obligarme a comer y a dormir, obligarme a procurar evitar hacerme daño, cualquier daño, desde herir a las personas cercanas hasta quitarme la vida. Así, cada segundo, obligándome, desde la consciencia a seguir viviendo. Procurando poner las prioridades en orden. Sabiendo que todo al rededor, todo por lo que trabajo y por lo que hago tanto esfuerzo, todo lo que amo, todo está en juego. Pero ¿qué puedo hacer? Esta condición me carcome la vida, me destruye todos los deseados futuros, le quita al valor a todos los logros, maximiza el desespero y la desesperanza y potencia las infamias del mundo.
No la vi venir, cuando reaccioné ya era otra vez tarde. Y ahora desde aquí, desde adentro de esta nube tóxica que me corroe, solo puedo verme y sostenerme, pero ¿qué hacer? ¿qué hacer con este cuerpo que soy y que se viste y se mueve mientras adentro el cerebro - todo lo que soy - está librando esta guerra absurda y absoluta por sobrevivir o destruirse.
Perdonen ustedes, no tengo cómo ni con qué explicarles y disculparme por cuanto esto genera.
En serio lo siento, de haber tenido cómo juro que no hubiera escogido esto, pero aquí estoy.
Así como mi única arma contra esto es la paciencia, le suplico haga una pausa y me espere y me perdone, que es también lo que yo estoy haciendo.
Irme a casa y meterme entre las cobijas y llorar todo el día.
Quedarme en el trabajo y ver como el tiempo corre sin que yo haga nada y reprimiendo el llanto.
Quedarme en el trabajo y tratar de forzarme a hacer cosas que no logro y que me hacen reafirmar el sentimiento de fracaso.
¿Qué es lo correcto de hacer?
Irme a otro lugar donde nadie pueda alcanzarme para evitar lastimarlos y para poder pasar la depresión con poca presión externa.
Quedarme y afrontar el día a día de esto.
Contarle a la gente al rededor para que estén pendientes.
No decirle a nadie para evitar los estigmas y tabúes y recomendaciones bien intencionadas pero mal recibidas.
Darle rienda suelta al huracán que tengo adentro y que no perdona nada ni nadie y sobre todo menos a mí.
Seguir en la pelea cotidiana de tratar de contener la implosión y liberar todos los malos pensamientos y sentimientos de a poco para minimizar el daño pero extendiendo esta condición.
¿Qué hacer?
Es la segunda vez este año y estoy asustada, ¿será una depresión larga y extenuante? ¿será una depresión corta de la que pueda volver en un par de semanas?
El terror me consume lentamente pero sin descanso.
Me veo, desde ese rincón minúsculo que es mi consciencia, me veo pensar todo lo que se piensa cuando se está deprimido, me veo hacer todo lo que se hace cuando estoy deprimida, me veo y no puedo hacer nada más que sostenerme, puedo solo con el poco de energía que hay obligarme a seguir respirando, obligarme a comer y a dormir, obligarme a procurar evitar hacerme daño, cualquier daño, desde herir a las personas cercanas hasta quitarme la vida. Así, cada segundo, obligándome, desde la consciencia a seguir viviendo. Procurando poner las prioridades en orden. Sabiendo que todo al rededor, todo por lo que trabajo y por lo que hago tanto esfuerzo, todo lo que amo, todo está en juego. Pero ¿qué puedo hacer? Esta condición me carcome la vida, me destruye todos los deseados futuros, le quita al valor a todos los logros, maximiza el desespero y la desesperanza y potencia las infamias del mundo.
No la vi venir, cuando reaccioné ya era otra vez tarde. Y ahora desde aquí, desde adentro de esta nube tóxica que me corroe, solo puedo verme y sostenerme, pero ¿qué hacer? ¿qué hacer con este cuerpo que soy y que se viste y se mueve mientras adentro el cerebro - todo lo que soy - está librando esta guerra absurda y absoluta por sobrevivir o destruirse.
Perdonen ustedes, no tengo cómo ni con qué explicarles y disculparme por cuanto esto genera.
En serio lo siento, de haber tenido cómo juro que no hubiera escogido esto, pero aquí estoy.
Así como mi única arma contra esto es la paciencia, le suplico haga una pausa y me espere y me perdone, que es también lo que yo estoy haciendo.
miércoles, 3 de octubre de 2018
Salvarse de una depresión
Salvarse de una depresión es en principio imposible.
Imagínese que en sus pensamientos - que usualmente son usted mismo, y que según usted sabe, usted mismo los controla o al menos los maneja y los manipula - imagínese que sus pensamientos de pronto, no necesariamente de repente, posiblemente gradualmente pero en definitiva en un punto (si es usted afortunado) usted se percata, se da cuenta, toma consciencia de que sus pensamientos no son lo que suelen ser comúnmente sino que han tomado una inclinación "macabra" al fatalismo, al absolutismo y al determinismo. Es decir, todos sus pensamientos se resumen en "todo está mal y nada puede ser mejor". Y cuando escribo todo, me refiero a absolutamente todo, no hay blancos ni negros y menos colores. No hay opciones o posibilidades. Sus pensamientos, es decir todo lo que usted se dice a usted mismo, todo lo que usted es, todo lo que usted imagina, visualiza, sueña, quiere, desea, teme, sabe, hace, todo, está mal y es inútil. No hay luz, no hay esperanza, no hay amor, no hay benevolencia, no hay perdón, no hay ánimo, no hay futuro. Todo está simple y llanamente, todo está perdido. Imagínese - trate de hacerse la idea en la cabeza - de que eso es de pronto la única idea en su cabeza y aún más la única manera de entender y de reaccionar ante la existencia, ante la cotidianidad, ante cada instante. Yo sé, es difícil de imaginar, porque normalmente pareciera que siempre al final, al fondo del cerebro, en lo último de las ideas, como en el cuento de la caja de Pandora, allá en lo profundo hay siempre una esperanza. Pues NO, imagínese que no, que todos sus pensamientos todos y cada una de sus sensaciones son fatalistas, absolutistas y deterministas. El truco detrás de todo es que siendo que sus pensamientos, sus sensaciones, sus emociones son todo lo que usted es, y siendo que todo eso ahora está mal y es insignificante ¿cómo usted mismo podría salvarse de semejante situación? La respuesta es que no puede. No hay forma, método, medicina, alivio, ayuda, mano, magia, fortuna que le permita a usted mismo siendo en ese estado lo que es, estando en ese estado como está, no hay nada que le permita poder sacarse de allí.
Esto, - no poder salvarse de una depresión - aunque pareciera un desconsuelo y - a largo plazo - una condena y una tortura, es precisamente todo lo contrario. Es ese detalle minúsculo de que no haya cómo, es esa incapacidad inherente, la clave y el secreto para "salvarse" de la depresión. Y lo pongo entre comillas porque no es "salvarse" de no caer o de no entrar en la depresión, sino por el contrario es el "salvarse" de ya caí en ella, ya estoy en ella, ya está pasando, ya estoy atravesándola, y siendo que uno está adentro, siento que comenzó en algún punto, siendo que tiene un principio, por tanto tiene también un otro lado, un final, un se acabó, un ya pasó. Entonces si bien el truco del estado depresivo es que usted (uno, yo, cualquiera) está jodido, si bien la depresión como entidad o como sujeto anula su existencia, el truco de salvarse es que usted no estaba así, usted existía fuera de esa anulada existencia y - aplicando la lógica y la buena suerte - si usted existía de una manera diferente entonces es posible que en el futuro - en algún futuro - usted exista (de nuevo) de nuevo, es decir usted vuelva a existir sin la depresión, usted vuelva a tener un cerebro cuyos pensamientos no son nulos sino que le ofrezcan ahora sí, esa estúpida esperanza que es la cosa que le permite a uno existir.
Si todo esto tiene algún sentido y usted alcanza a percibirlo, tal vez ya haya caído en cuenta que, de nuevo, no hay nada que hacer o decir o procurar cuando hay depresión y que la única cualidad, la única bondad, el único bien, la mejor ayuda, es la paciencia.
Además recuerde que al principio escribí un paréntesis en el que expuse "si usted es afortunado" refiriéndome al hecho de que usted se percatara de que sus pensamientos, es decir usted mismo se ha deprimido. En realidad eso no ocurre espontáneamente, es decir, en la realidad un cerebro deprimido no va a querer percatarse de nada, está centrado en su única idea. Por tanto poder percatarse de ello requiere entrenamiento y buena suerte, requiere trabajar un montón en estudiarse uno mismo cuando no está deprimido, en reconocer cuáles son signos de alarma, qué patrones aparecen en el comportamiento cuando el cerebro empieza a desviarse hacia tales pensamientos, y requiere - dolorosamente - la capacidad de auto-separarse, de dividir la consciencia, de auto analizarse y aun estando en depresión (la más profunda agonía y el máximo desespero) poder tomar datos sobre lo que uno es y lo que hace, para luego, si se da la oportunidad poder usarlos a favor. Tenga en cuenta que tal división de usted mismo no es estable, y trae consigo sus propios conflictos, ser espectador de la propia destrucción no es para nada placentero, ser espectador sin posibilidad de hacer requiere cierto tipo de cinismo e insensibilidad que en muchos casos no es factible.
Aún más, aunque uno logre la conciencia suficiente de señalar ahora estoy deprimido, ahora no estoy deprimido, el ser depresivo no es para nada como pudiera parecer, un estado binomial. Una vez y cada vez que haya depresión todo lo que uno es es un continuo de lo anterior, es decir, la depresión, el periodo en que usted esté deprimido, ese tiempo en que sus pensamientos solo consideran que todo está perdido, influyen inexorablemente en quién y qué y cómo es usted en todos los demás periodos de su existencia, la depresión altera y modifica su estado de no estar deprimido. Afortunadamente lo contrario es igualmente cierto, todo el tiempo en que usted no está deprimido, cuando su cerebro no reconoce un único estado sino que ve en blanco, negro, grises y otros muchos colores, todo cuanto usted hace, piensa, quiere, anhela, ama, desea, siente, miente, busca y encuentra cuando no está deprimido influye en sus estados depresivos, lo que abre una ventana para que uno pueda tener un campo de acción y pueda "afectar" su depresión. Por supuesto durante la depresión el instinto es destructivo, pero en las no depresiones hay posibilidad de elegir darle continuidad a lo destructivo - muy comúnmente - o priorizar el cuidado y el cariño.
Por cierto ¡Un abrazo grande, se le quiere mucho!
Imagínese que en sus pensamientos - que usualmente son usted mismo, y que según usted sabe, usted mismo los controla o al menos los maneja y los manipula - imagínese que sus pensamientos de pronto, no necesariamente de repente, posiblemente gradualmente pero en definitiva en un punto (si es usted afortunado) usted se percata, se da cuenta, toma consciencia de que sus pensamientos no son lo que suelen ser comúnmente sino que han tomado una inclinación "macabra" al fatalismo, al absolutismo y al determinismo. Es decir, todos sus pensamientos se resumen en "todo está mal y nada puede ser mejor". Y cuando escribo todo, me refiero a absolutamente todo, no hay blancos ni negros y menos colores. No hay opciones o posibilidades. Sus pensamientos, es decir todo lo que usted se dice a usted mismo, todo lo que usted es, todo lo que usted imagina, visualiza, sueña, quiere, desea, teme, sabe, hace, todo, está mal y es inútil. No hay luz, no hay esperanza, no hay amor, no hay benevolencia, no hay perdón, no hay ánimo, no hay futuro. Todo está simple y llanamente, todo está perdido. Imagínese - trate de hacerse la idea en la cabeza - de que eso es de pronto la única idea en su cabeza y aún más la única manera de entender y de reaccionar ante la existencia, ante la cotidianidad, ante cada instante. Yo sé, es difícil de imaginar, porque normalmente pareciera que siempre al final, al fondo del cerebro, en lo último de las ideas, como en el cuento de la caja de Pandora, allá en lo profundo hay siempre una esperanza. Pues NO, imagínese que no, que todos sus pensamientos todos y cada una de sus sensaciones son fatalistas, absolutistas y deterministas. El truco detrás de todo es que siendo que sus pensamientos, sus sensaciones, sus emociones son todo lo que usted es, y siendo que todo eso ahora está mal y es insignificante ¿cómo usted mismo podría salvarse de semejante situación? La respuesta es que no puede. No hay forma, método, medicina, alivio, ayuda, mano, magia, fortuna que le permita a usted mismo siendo en ese estado lo que es, estando en ese estado como está, no hay nada que le permita poder sacarse de allí.
Esto, - no poder salvarse de una depresión - aunque pareciera un desconsuelo y - a largo plazo - una condena y una tortura, es precisamente todo lo contrario. Es ese detalle minúsculo de que no haya cómo, es esa incapacidad inherente, la clave y el secreto para "salvarse" de la depresión. Y lo pongo entre comillas porque no es "salvarse" de no caer o de no entrar en la depresión, sino por el contrario es el "salvarse" de ya caí en ella, ya estoy en ella, ya está pasando, ya estoy atravesándola, y siendo que uno está adentro, siento que comenzó en algún punto, siendo que tiene un principio, por tanto tiene también un otro lado, un final, un se acabó, un ya pasó. Entonces si bien el truco del estado depresivo es que usted (uno, yo, cualquiera) está jodido, si bien la depresión como entidad o como sujeto anula su existencia, el truco de salvarse es que usted no estaba así, usted existía fuera de esa anulada existencia y - aplicando la lógica y la buena suerte - si usted existía de una manera diferente entonces es posible que en el futuro - en algún futuro - usted exista (de nuevo) de nuevo, es decir usted vuelva a existir sin la depresión, usted vuelva a tener un cerebro cuyos pensamientos no son nulos sino que le ofrezcan ahora sí, esa estúpida esperanza que es la cosa que le permite a uno existir.
Si todo esto tiene algún sentido y usted alcanza a percibirlo, tal vez ya haya caído en cuenta que, de nuevo, no hay nada que hacer o decir o procurar cuando hay depresión y que la única cualidad, la única bondad, el único bien, la mejor ayuda, es la paciencia.
Además recuerde que al principio escribí un paréntesis en el que expuse "si usted es afortunado" refiriéndome al hecho de que usted se percatara de que sus pensamientos, es decir usted mismo se ha deprimido. En realidad eso no ocurre espontáneamente, es decir, en la realidad un cerebro deprimido no va a querer percatarse de nada, está centrado en su única idea. Por tanto poder percatarse de ello requiere entrenamiento y buena suerte, requiere trabajar un montón en estudiarse uno mismo cuando no está deprimido, en reconocer cuáles son signos de alarma, qué patrones aparecen en el comportamiento cuando el cerebro empieza a desviarse hacia tales pensamientos, y requiere - dolorosamente - la capacidad de auto-separarse, de dividir la consciencia, de auto analizarse y aun estando en depresión (la más profunda agonía y el máximo desespero) poder tomar datos sobre lo que uno es y lo que hace, para luego, si se da la oportunidad poder usarlos a favor. Tenga en cuenta que tal división de usted mismo no es estable, y trae consigo sus propios conflictos, ser espectador de la propia destrucción no es para nada placentero, ser espectador sin posibilidad de hacer requiere cierto tipo de cinismo e insensibilidad que en muchos casos no es factible.
Aún más, aunque uno logre la conciencia suficiente de señalar ahora estoy deprimido, ahora no estoy deprimido, el ser depresivo no es para nada como pudiera parecer, un estado binomial. Una vez y cada vez que haya depresión todo lo que uno es es un continuo de lo anterior, es decir, la depresión, el periodo en que usted esté deprimido, ese tiempo en que sus pensamientos solo consideran que todo está perdido, influyen inexorablemente en quién y qué y cómo es usted en todos los demás periodos de su existencia, la depresión altera y modifica su estado de no estar deprimido. Afortunadamente lo contrario es igualmente cierto, todo el tiempo en que usted no está deprimido, cuando su cerebro no reconoce un único estado sino que ve en blanco, negro, grises y otros muchos colores, todo cuanto usted hace, piensa, quiere, anhela, ama, desea, siente, miente, busca y encuentra cuando no está deprimido influye en sus estados depresivos, lo que abre una ventana para que uno pueda tener un campo de acción y pueda "afectar" su depresión. Por supuesto durante la depresión el instinto es destructivo, pero en las no depresiones hay posibilidad de elegir darle continuidad a lo destructivo - muy comúnmente - o priorizar el cuidado y el cariño.
Por cierto ¡Un abrazo grande, se le quiere mucho!
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