lunes, 26 de noviembre de 2018

Protesta

Otra vez la soledad, otra vez.
Esta ausencia de sentido en el corazón.
Esta desazón de no tener una sonrisa de regreso.
De que no hay otro que se refleje en el cariño.
La soledad inmensa de la certeza del estar solo en todo el universo.
Brusca soledad esencial.
La de los huesos huecos y los músculos vacíos.
Soledad de segundos infinitos.
De agonías vanas y minúsculas.
Pero permanentes.
Soledad limpia reluciente.
De los amigos que se reúnen entre ellos mientras yo en la esquina.
De los familiares que se regalan medias y perfumes mientras yo evito las fiestas agotadoras.
De los humanos tratando de hacer sus vidas soportables.
Y uno en la insoportable levedad longeva.
Soledad angustia venidera.
Pasajera permanente del tren que me es la vida.
Paisaje subterráneo de aguas que se filtran y lavan los tesoros de la tierra.
Propiedad soledad emergente.
Compañía persistente.
Querida y fastidiada.
Soledad sabelotodo.
Sabia silenciosa sin salida.
Amiga compañera.
Asesina confiada.
Bien lo sabes.
Que todo cuanto es es solo un poco.
Que todo cuanto amo es solo un relámpago.
Que todo lo que me sostiene se derrumba así sea lentamente.
Como siempre ha sido yazco ante ti sin armas, sin escudos.
Yazco ante ti con las manos extendidas y las palmas abiertas.
Ante ti con el pecho desnudo y la espalda descubierta.
Con los ojos empapados y los labios rotos.
Eres, en medio de todas las angustias, benevolente.
Y en medio de todas las alegrías, inmisericorde.
Eres espina en la planta del pie que nunca sale y siempre duele.
Que se hace a la carne y con el tiempo se profundiza.
Soledad intermitente y postergada.
Soledad latente y aguda.
Vas estoica hasta la sangre y hasta el centro donde se bombea.
Humedeces todo con tu angustia.
Vienes imperturbable hasta el filo de mis neuronas y te acomodas.
Allí aguardas el instante preciso para hacerte evidente.
Y traes contigo todos los silencios y las tristezas.
Todos los imposibles y los imperdonables.
Y suavemente sin pausa me torturas.
Me deshilachas la existencia y me prometes:
¡Nunca dejarme libre!
¡Nunca dejarme un amor intacto!
¡Nunca darme una segunda oportunidad sobre la tierra!
Yo que desde tu raíz he aprendido la paciencia te digo: 
¡Ya va!
¡No todavía!
No tengo - hermana mía - ni evidencia, ni argumentos, ni fe
No tengo - historia mía - ni hechos, ni razones, ni dioses
Pero todavía, soledad abrumadora acaparadora
Tengo todavía por fortuna algo de tiempo
Tengo que andar el mundo y buscar con el cariño esa sonrisa.

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