miércoles, 3 de octubre de 2018

Salvarse de una depresión

Salvarse de una depresión es en principio imposible.
Imagínese que en sus pensamientos - que usualmente son usted mismo, y que según usted sabe, usted mismo los controla o al menos los maneja y los manipula - imagínese que sus pensamientos de pronto, no necesariamente de repente, posiblemente gradualmente pero en definitiva en un punto (si es usted afortunado) usted se percata, se da cuenta, toma consciencia de que sus pensamientos no son lo que suelen ser comúnmente sino que han tomado una inclinación "macabra" al fatalismo, al absolutismo y al determinismo. Es decir, todos sus pensamientos se resumen en "todo está mal y nada puede ser mejor". Y cuando escribo todo, me refiero a absolutamente todo, no hay blancos ni negros y menos colores. No hay opciones o posibilidades. Sus pensamientos, es decir todo lo que usted se dice a usted mismo, todo lo que usted es, todo lo que usted imagina, visualiza, sueña, quiere, desea, teme, sabe, hace, todo, está mal y es inútil. No hay luz, no hay esperanza, no hay amor, no hay benevolencia, no hay perdón, no hay ánimo, no hay futuro. Todo está simple y llanamente, todo está perdido. Imagínese - trate de hacerse la idea en la cabeza - de que eso es de pronto la única idea en su cabeza y aún más la única manera de entender y de reaccionar ante la existencia, ante la cotidianidad, ante cada instante. Yo sé, es difícil de imaginar, porque normalmente pareciera que siempre al final, al fondo del cerebro, en lo último de las ideas, como en el cuento de la caja de Pandora, allá en lo profundo hay siempre una esperanza. Pues NO, imagínese que no, que todos sus pensamientos todos y cada una de sus sensaciones son fatalistas, absolutistas y deterministas. El truco detrás de todo es que siendo que sus pensamientos, sus sensaciones, sus emociones son todo lo que usted es, y siendo que todo eso ahora está mal y es insignificante ¿cómo usted mismo podría salvarse de semejante situación? La respuesta es que no puede. No hay forma, método, medicina, alivio, ayuda, mano, magia, fortuna que le permita a usted mismo siendo en ese estado lo que es, estando en ese estado como está, no hay nada que le permita poder sacarse de allí.
Esto, - no poder salvarse de una depresión - aunque pareciera un desconsuelo y - a largo plazo - una condena y una tortura, es precisamente todo lo contrario. Es ese detalle minúsculo de que no haya cómo, es esa incapacidad inherente, la clave y el secreto para "salvarse" de la depresión. Y lo pongo entre comillas porque no es "salvarse" de no caer o de no entrar en la depresión, sino por el contrario es el "salvarse" de ya caí en ella, ya estoy en ella, ya está pasando, ya estoy atravesándola, y siendo que uno está adentro, siento que comenzó en algún punto, siendo que tiene un principio, por tanto tiene también un otro lado, un final, un se acabó, un ya pasó. Entonces si bien el truco del estado depresivo es que usted (uno, yo, cualquiera) está jodido, si bien la depresión como entidad o como sujeto anula su existencia, el truco de salvarse es que usted no estaba así, usted existía fuera de esa anulada existencia y - aplicando la lógica y la buena suerte - si usted existía de una manera diferente entonces es posible que en el futuro - en algún futuro - usted exista (de nuevo) de nuevo, es decir usted vuelva a existir sin la depresión, usted vuelva a tener un cerebro cuyos pensamientos no son nulos sino que le ofrezcan ahora sí, esa estúpida esperanza que es la cosa que le permite a uno existir.
Si todo esto tiene algún sentido y usted alcanza a percibirlo, tal vez ya haya caído en cuenta que, de nuevo, no hay nada que hacer o decir o procurar cuando hay depresión y que la única cualidad, la única bondad, el único bien, la mejor ayuda, es la paciencia.
Además recuerde que al principio escribí un paréntesis en el que expuse "si usted es afortunado" refiriéndome al hecho de que usted se percatara de que sus pensamientos, es decir usted mismo se ha deprimido. En realidad eso no ocurre espontáneamente, es decir, en la realidad un cerebro deprimido no va a querer percatarse de nada, está centrado en su única idea. Por tanto poder percatarse de ello requiere entrenamiento y buena suerte, requiere trabajar un montón en estudiarse uno mismo cuando no está deprimido, en reconocer cuáles son signos de alarma, qué patrones aparecen en el comportamiento cuando el cerebro empieza a desviarse hacia tales pensamientos, y requiere - dolorosamente - la capacidad de auto-separarse, de dividir la consciencia, de auto analizarse y aun estando en depresión (la más profunda agonía y el máximo desespero) poder tomar datos sobre lo que uno es y lo que hace, para luego, si se da la oportunidad poder usarlos a favor. Tenga en cuenta que tal división de usted mismo no es estable, y trae consigo sus propios conflictos, ser espectador de la propia destrucción no es para nada placentero, ser espectador sin posibilidad de hacer requiere cierto tipo de cinismo e insensibilidad que en muchos casos no es factible.
Aún más, aunque uno logre la conciencia suficiente de señalar ahora estoy deprimido, ahora no estoy deprimido, el ser depresivo no es para nada como pudiera parecer, un estado binomial. Una vez y cada vez que haya depresión todo lo que uno es es un continuo de lo anterior, es decir, la depresión, el periodo en que usted esté deprimido, ese tiempo en que sus pensamientos solo consideran que todo está perdido, influyen inexorablemente en quién y qué y cómo es usted en todos los demás periodos de su existencia, la depresión altera y modifica su estado de no estar deprimido. Afortunadamente lo contrario es igualmente cierto, todo el tiempo en que usted no está deprimido, cuando su cerebro no reconoce un único estado sino que ve en blanco, negro, grises y otros muchos colores, todo cuanto usted hace, piensa, quiere, anhela, ama, desea, siente, miente, busca y encuentra cuando no está deprimido influye en sus estados depresivos, lo que abre una ventana para que uno pueda tener un campo de acción y pueda "afectar" su depresión. Por supuesto durante la depresión el instinto es destructivo, pero en las no depresiones hay posibilidad de elegir darle continuidad a lo destructivo - muy comúnmente - o priorizar el cuidado y el cariño.
Por cierto ¡Un abrazo grande, se le quiere mucho!

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