martes, 5 de enero de 2021

Lánguida, lúgubre, leve

Pareciera extraño, pero es la escritura la única.
Debería acudir a la lectura, a las imágenes, a los videos, a los audios.
Debería acudir a los otros, a las otras.
A las historias que ya han acontecido.
A los ejemplos.
Al conocimiento acumulado.
Debería buscar en las demás las respuestas, las voces, las ecuaciones.
Pero no puedo.
Tengo miedo.
De lo conocido y lo desconocido.
Tengo miedo.
De descubrir lo que ya sé.
De saber lo que no quiero.
Temo.
Debe ser soberbia.
Deber ser esa necesidad oscura de no estar perdida.
Pero no me encuentro.
Debe ser el terror al cambio.
Como si entrar en ellos fuera rasgar la vida.
Como si oír sus voces fuera afirmar el destino.
Como si leer sus escritos fuera dejar de ser.
Y temo.
Está la vejez pisándome los huesos.
Y lo que sé no me hace más, si acaso menos.
Es mudar la piel y mientras tanto estar ciega.
Es dar un paso más lejos.
Es dejar la tierra.
Abandonar el paraíso.
Olvidar el cielo.
Cerrar desde afuera las puertas del infierno.
Temo.
Es esta soledad que soy adentro.
Es romper los lazos.
Dejar lo querido.
Olvidar a los vivos.
Perdonar a los muertos.
¿Y yo?
¿Qué soy yo?
¿Quién me olvida?
¿Quién me perdona?
Es la ceguera.
El miedo al paso en la oscuridad.
El terror a decir en el silencio.
Estoy del otro lado sin abrir los ojos.
Estoy yo sin todos ellos.
Otra vez soy yo.
El sentimiento.
El poderoso y agitado sentimiento.
De necesitar raíces y ser alas.
De solicitar el peso de la piedra
Y ser la ligereza del viento.
De no enredarse en la calidez de la madera.
Debería acudir a las otros.
Oír sus voces
Nadar en sus recuerdos.
Pero no puedo.
Solo me está permitida la escritura.
Como una vena.
Solo una lágrima
Como una cueva.
Temo.
Irme muy lejos.
Y allá tampoco encontrarme.
No me abandones.
No me abandones nunca escritura.

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