Hoy quiero extenderme en estas letras como lo haría por el centro
de tu espalda.
Me duele todo! hasta lo innombrable. Eso
me quedó de la carrera de ayer además de mi primera medalla dorada.
En el corazón y en el estómago siguen sucediéndose
esas metamorfosis entre las mariposas y las orugas en generaciones que se
superponen y no permiten seguirles el rastro sin perderse y confundirse.
Noviembre viene en cuenta regresiva y se
detiene el 28 a las 3 de la tarde, como en los cuentos.
Me voy para el sur a conocer la plata y
reconocer lo grande del mundo, que hace tanto tenía pendiente.
Tu voz se me filtra entre el ruido del
ambiente y el silencio, para no decirme nada.
Yo no sé reconocer este presente que se me
hace tan cierto y tan sencillo.
Y me acompaña la felicidad en cada
instante como si hubiera decidido venir a visitarme y preguntarme cómo he
estado. Que le cuente mis cuentos y me ría con ella mientras estudio, me dice.
Porque ese examen quiere salir bonito
aunque haya poco muy poco tiempo.
Y todavía no me pongo al día en las tareas
atrasadas.
Una revisión, tres colibríes, los
ancestros y el tamaño de sus genomas, la relación de ello con el dedo pulgar y
6 assigments.
Hay un deseo caprichoso y visceral de un
abrazo tuyo.
Y está la certeza de no prestarle
demasiada atención a ese deseo.
Hay dos citas más antes de irse y todas
las preguntas.
Hay una gacela y hay un chita.
Está como es costumbre ese miedo sordo que
paraliza las neuronas.
Y la gata se sienta a mirar por la
ventana.
Todas las certezas tienen un periodo de
vigencia, expiran.
Y amenaza ya diciembre con sus costumbres
de recordarle a uno lo que no ha hecho.
Y de exigirle el tributo ese a los que
comparten con uno algunos genes por ancestría reciente.
Vagos.
La promesa de esos cinco o seis días de
estar fuera reconociendo aves y compartiendo con los colegas es el mejor de los
regalos para terminar este año de mareas.
Todo saldrá bien, me lo repito. Sin
embargo aún falta mucho trabajo y poner un montón de mi conciencia.
Tu?
Qué puedo decirte?
Aun nos queda mucho tiempo.
Eso espero.
Como quien se miente pensando en la
resurrección de los muertos.
En el juicio final con el reconocimiento
de su pobres bien hechas obras.
Procuro aún ser coherente.
No juzgarme de antemano y darme la
oportunidad de seguir existiendo reconociendo que no puedo ser inequívoca.
Tu pareces un espejo de agua en un lago
turbulento.
Te ves como ese desconocido que yo
quisiera descubrir suplicando por un abrazo y el cariño.
Pero no tiemblas, ni tambaleas, cuando
mucho apenas, debe ser producto de mi imaginación, me lo figuro, pareciera
leerse entre tus líneas el dolor profundo de un animal herido, de una espina
clavada que no puedes sacarte, una agresividad oculta entre la paciencia y un
misterio con olor a lodo y a durazno. Contradictorio, como a mí me gusta. Debe
ser, seguramente, mi imaginación alborotada que te asigna valores que no son
tuyos.
Así, desconocido, me acerco a ti como a
una fiera que puede destrozarme o a un herbívoro que puede salir corriendo para
perderse para siempre en la oscuridad y el silencio del bosque.
No quiero estar sola, ya lo he dicho? no
quiero esos juegos que me provocaban antes con su sabor a caramelo, no quiero
abastecerme de tu cuerpo húmedo para perderlo todo al otro día, no quiero
seguir tus huellas un paso tras otro, ni bajar la cabeza cuando dices. Quiero
mirarte a los ojos y saber que sin importar lo que estemos discutiendo el
cariño es incorruptible, quiero la certeza de que lo que dices y lo que haces
es lo que eres y no solo lo que yo interpreto de ello. Quiero caminar al lado
tuyo mi propio camino y sonreírte cada día por ello. Eso quiero, no es poco.
Diré que en ello pienso constantemente y
al mismo tiempo me pregunto qué genes estarán involucrados en que helianthea y
bonapartei sean distintos, qué preguntas me harán Silvia, Andrew y Daniel y más
que ello sí sabré contestarlas, sí podré dejar el miedo a un lado y darle
prioridad a lo que sé y cuando no a decir no sé así sencillamente, sin sentirme
defraudada de mi misma y sin que pueda defraudarte.
Tres colibríes, una revisión sobre el
sueño de las aves, un artículo sobre correlaciones entre tamaños de genomas y
fenotipos, un examen de conocimientos, seis assigments de sistemática, dos
citas al psiquiatra, un curso de programación en Perl, un curso de genómica en
Buenos Aires, y eso es todo, no debería ser tan complicado. Seguro tú tienes
más que hacer.
Yo estoy feliz y preocupada. Porque no
quisiera hacer nada más que lo que hago, ni tener otros pendientes que los que
tengo. Estoy feliz porque sé que puedo verte así no te diga nada o
irresponsablemente si lo haga. Me duele todo porque ayer corrí como si no
tuviera nada pendiente y como si la soledad no me importara, cuando llegué estaba
todo esto y estabas tú.
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