lunes, 4 de noviembre de 2013

En resumen...

Hoy quiero extenderme en estas letras como lo haría por el centro de tu espalda.
Me duele todo! hasta lo innombrable. Eso me quedó de la carrera de ayer además de mi primera medalla dorada.
En el corazón y en el estómago siguen sucediéndose esas metamorfosis entre las mariposas y las orugas en generaciones que se superponen y no permiten seguirles el rastro sin perderse y confundirse.
Noviembre viene en cuenta regresiva y se detiene el 28 a las 3 de la tarde, como en los cuentos.
Me voy para el sur a conocer la plata y reconocer lo grande del mundo, que hace tanto tenía pendiente.
Tu voz se me filtra entre el ruido del ambiente y el silencio, para no decirme nada.
Yo no sé reconocer este presente que se me hace tan cierto y tan sencillo.
Y me acompaña la felicidad en cada instante como si hubiera decidido venir a visitarme y preguntarme cómo he estado. Que le cuente mis cuentos y me ría con ella mientras estudio, me dice.
Porque ese examen quiere salir bonito aunque haya poco muy poco tiempo.
Y todavía no me pongo al día en las tareas atrasadas.
Una revisión, tres colibríes, los ancestros y el tamaño de sus genomas, la relación de ello con el dedo pulgar y 6 assigments.
Hay un deseo caprichoso y visceral de un abrazo tuyo.
Y está la certeza de no prestarle demasiada atención a ese deseo.
Hay dos citas más antes de irse y todas las preguntas.
Hay una gacela y hay un chita.
Está como es costumbre ese miedo sordo que paraliza las neuronas.
Y la gata se sienta a mirar por la ventana.
Todas las certezas tienen un periodo de vigencia, expiran.
Y amenaza ya diciembre con sus costumbres de recordarle a uno lo que no ha hecho.
Y de exigirle el tributo ese a los que comparten con uno algunos genes por ancestría reciente.
Vagos.
La promesa de esos cinco o seis días de estar fuera reconociendo aves y compartiendo con los colegas es el mejor de los regalos para terminar este año de mareas.
Todo saldrá bien, me lo repito. Sin embargo aún falta mucho trabajo y poner un montón de mi conciencia.
Tu?
Qué puedo decirte?
Aun nos queda mucho tiempo.
Eso espero.
Como quien se miente pensando en la resurrección de los muertos.
En el juicio final con el reconocimiento de su pobres bien hechas obras.
Procuro aún ser coherente.
No juzgarme de antemano y darme la oportunidad de seguir existiendo reconociendo que no puedo ser inequívoca.
Tu pareces un espejo de agua en un lago turbulento.
Te ves como ese desconocido que yo quisiera descubrir suplicando por un abrazo y el cariño.
Pero no tiemblas, ni tambaleas, cuando mucho apenas, debe ser producto de mi imaginación, me lo figuro, pareciera leerse entre tus líneas el dolor profundo de un animal herido, de una espina clavada que no puedes sacarte, una agresividad oculta entre la paciencia y un misterio con olor a lodo y a durazno. Contradictorio, como a mí me gusta. Debe ser, seguramente, mi imaginación alborotada que te asigna valores que no son tuyos.
Así, desconocido, me acerco a ti como a una fiera que puede destrozarme o a un herbívoro que puede salir corriendo para perderse para siempre en la oscuridad y el silencio del bosque.
No quiero estar sola, ya lo he dicho? no quiero esos juegos que me provocaban antes con su sabor a caramelo, no quiero abastecerme de tu cuerpo húmedo para perderlo todo al otro día, no quiero seguir tus huellas un paso tras otro, ni bajar la cabeza cuando dices. Quiero mirarte a los ojos y saber que sin importar lo que estemos discutiendo el cariño es incorruptible, quiero la certeza de que lo que dices y lo que haces es lo que eres y no solo lo que yo interpreto de ello. Quiero caminar al lado tuyo mi propio camino y sonreírte cada día por ello. Eso quiero, no es poco.
Diré que en ello pienso constantemente y al mismo tiempo me pregunto qué genes estarán involucrados en que helianthea y bonapartei sean distintos, qué preguntas me harán Silvia, Andrew y Daniel y más que ello sí sabré contestarlas, sí podré dejar el miedo a un lado y darle prioridad a lo que sé y cuando no a decir no sé así sencillamente, sin sentirme defraudada de mi misma y sin que pueda defraudarte.
Tres colibríes, una revisión sobre el sueño de las aves, un artículo sobre correlaciones entre tamaños de genomas y fenotipos, un examen de conocimientos, seis assigments de sistemática, dos citas al psiquiatra, un curso de programación en Perl, un curso de genómica en Buenos Aires, y eso es todo, no debería ser tan complicado. Seguro tú tienes más que hacer.
Yo estoy feliz y preocupada. Porque no quisiera hacer nada más que lo que hago, ni tener otros pendientes que los que tengo. Estoy feliz porque sé que puedo verte así no te diga nada o irresponsablemente si lo haga. Me duele todo porque ayer corrí como si no tuviera nada pendiente y como si la soledad no me importara, cuando llegué estaba todo esto y estabas tú.
    

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