Escondida profundamente en mi figura, inalcanzable a veces y no pocas, diluida,
la ternura.
Vulnerable y tímida se disimula
entre los dedos y suele asomarse desde atrás del cuello, se me oculta, la
ternura. Y casi todo el tiempo ni se nota ni se dibuja, no dice una palabra, ni
hace un movimiento, no se fija en lo que pasa, ni en el tiempo, se agazapa. Se
hace la sorda, mete sus sentidos entre los míos para no escucharnos, se va a
lugares del cuerpo donde nadie la presiente, se esconde, se oculta, se agazapa.
Y yo no puedo más que quererla como ella me quiere, no puedo más que admirarla
de tan juguetona, tímida y valiente. Allá oculta, silenciosa y sonriente,
inocente la ternura. Pero hay días, hay segundos. Y en algunos de ellos estás
tú, vienes, me das el privilegio de acercarme, y en esos instantes que compartimos,
la ternura se avolcana, se crece, se hace enorme, inmensa, desbordante, y
aflora a mi piel como la brisa y se pasea por la tuya ¿con qué permiso? se baña
en tu cuerpo, se deslíe, ¡vagabunda! se le olvida toda su timidez y con
descaro, nada prevenida, se deslíe.
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