miércoles, 10 de febrero de 2021

Miedo

Las manos no alcanzan para esconder los ojos.
Otra vez mi cerebro juega a escribir las mil y una formas de hacernos daño.
Y lo que queda de mí, espada y escudo en mano, junto con todos los hechizos y los rezos, me interpongo.
El trozo minúsculo que queda de lo que soy utiliza todo lo que tiene para evitarlo.
Ese mínimo resquicio que soy gasta toda la energía que tiene disponible en negarse a si misma la posibilidad de herirse.
No, dice entumecida.
No, entre esas gruesas gotas que caen desde la oscuridad de los ojos.
No, desde cada músculo que se contrae.
No vamos a hacernos daño, retumba.
Pero el cerebro insiste.
Y si hacemos esto,
Y se hacemos aquello.
Una botella de vodka.
Una botella contra la pared.
Un vidrio.
Una mano que aprieta la otra.
Una cabeza que se inclina con fuerza hacia una puerta.
Un cigarrillo.
Un alguien desconocido con quien desnudarse.
Un alguien conocido con quien mentirse.
Una aguja.
Una balde de agua.
Una llama.
No cerebro.
Dice el trocito de bondad que queda en mi.
No vamos a hacernos daño.
Y así la guerra contra mi misma continua.
Adentro.
Y los días transcurren sin que los sienta.
Y la vida se me va en no morirme.

miércoles, 13 de enero de 2021

martes, 5 de enero de 2021

Lánguida, lúgubre, leve

Pareciera extraño, pero es la escritura la única.
Debería acudir a la lectura, a las imágenes, a los videos, a los audios.
Debería acudir a los otros, a las otras.
A las historias que ya han acontecido.
A los ejemplos.
Al conocimiento acumulado.
Debería buscar en las demás las respuestas, las voces, las ecuaciones.
Pero no puedo.
Tengo miedo.
De lo conocido y lo desconocido.
Tengo miedo.
De descubrir lo que ya sé.
De saber lo que no quiero.
Temo.
Debe ser soberbia.
Deber ser esa necesidad oscura de no estar perdida.
Pero no me encuentro.
Debe ser el terror al cambio.
Como si entrar en ellos fuera rasgar la vida.
Como si oír sus voces fuera afirmar el destino.
Como si leer sus escritos fuera dejar de ser.
Y temo.
Está la vejez pisándome los huesos.
Y lo que sé no me hace más, si acaso menos.
Es mudar la piel y mientras tanto estar ciega.
Es dar un paso más lejos.
Es dejar la tierra.
Abandonar el paraíso.
Olvidar el cielo.
Cerrar desde afuera las puertas del infierno.
Temo.
Es esta soledad que soy adentro.
Es romper los lazos.
Dejar lo querido.
Olvidar a los vivos.
Perdonar a los muertos.
¿Y yo?
¿Qué soy yo?
¿Quién me olvida?
¿Quién me perdona?
Es la ceguera.
El miedo al paso en la oscuridad.
El terror a decir en el silencio.
Estoy del otro lado sin abrir los ojos.
Estoy yo sin todos ellos.
Otra vez soy yo.
El sentimiento.
El poderoso y agitado sentimiento.
De necesitar raíces y ser alas.
De solicitar el peso de la piedra
Y ser la ligereza del viento.
De no enredarse en la calidez de la madera.
Debería acudir a las otros.
Oír sus voces
Nadar en sus recuerdos.
Pero no puedo.
Solo me está permitida la escritura.
Como una vena.
Solo una lágrima
Como una cueva.
Temo.
Irme muy lejos.
Y allá tampoco encontrarme.
No me abandones.
No me abandones nunca escritura.

martes, 22 de diciembre de 2020

Inconcluso

¿Qué le pasa a la letra?
¿Por qué no viene?
¿Por qué no acude a rescatarme?
¿Es acaso este silencio una amenaza?
¿Es este silencio una certeza acaso?
¿Por qué está la escritura tan pesada, tan espesa?
¿Qué la retiene?
Es la calma y la tormenta.
Es la balanza, que se inclina hacia un lado y hacia el otro.
Son las puertas que ni están cerradas ni están abiertas.
Apenas ese haz de luz que las diferencia.
Hay en este corazón de todo un poco.
Brindo para los amigos y las amigas un cariño tasado.
Destejo lentamente unos odios chiquitos y malgastados.
Contengo el suspiro de un hombre que no me corresponde.
Susurro muy bajo el nombre de una mujer que no conozco.
Recojo.
¿Es la reflexión propia del fin de año?
Las cosas que se acaban, las que comienzan.
No te nombro pero habitas en todos los rincones en que me encuentro.
Y estoy agradecida de que tú no seas.
Este año es un empate.
No hay reproches que hacerse, no hay halagos.
Se hizo lo mínimo correspondiente.
No nos morimos, y es eso suficiente.
Tampoco vivimos demasiado.
No hay nuevos amigos no hay nuevos amores.
Tampoco se perdió ninguna por fortuna.
Se cerraron heridas, se abrieron otras.
Después de ocho largos años ni he dejado de ser yo ni soy la misma.
Me gané un diploma que todavía no llega y un título desplegable.
Aunque atormentado este camino es el único que quiero.
Me falta hacer todo, todavía.
Ojalá haya tiempo.
Lo otro, lo de vivir sigue sin ser resuelto.
A quien compartirle el corazón y la casa y la vida es todavía un misterio.
El perdón por los errores y los desaciertos sigue en tramite.
El veredicto por los aciertos y los logros sigue en manos del jurado.
He dejado de ser y sigo siendo.
La clorofila,
El movimiento,
La hoja al caer,
El queso.
No me sobran las cosas no me hacen falta.
Me falta tiempo y aún así lo desperdicio.
Ustedes, los otros, las otras, yo no puedo.
No soy ustedes, no los conozco.
No sé que harán ni a qué han venido.
Los observo.
Los sigo a través del tiempo, los observo.
Y metódica información recojo.
Pero no es nunca suficiente.
"Es tan corto el amor y es tal largo el olvido."
Es tan corta la vida, tan frágil el cariño.
No soy y no seré todas y todos los otros que hubiera querido.
No habrá un doctorado en física o matemáticas.
No seré un vencejo ni una polimerasa.
No sabré que significa estar entre tu boca.
Estaré leyendo genes y secuencias.
Nadaré, montaré, correré.
Recordaré cuanto no te tuve.
Seré otra diferente y la misma que ya he sido.
Me haré más vieja, menos joven.
El cuerpo se cobra sus segundos.
No seré hombre, ni mujer, ni niño.
No seré padre, ni esposa, ni mendigo.
No me apresuro, no menguo el paso.
Vendrá otra vez la que se come el tiempo.
Y me escupirá en la cara mientras la paladeo.
De ti no sé cosas, ni juicios, ni diagnósticos.
Ya no te espero, ya no te aspiro.
Una voz poderosa resonó en el silencio.
La rata se va agitando la cola.

jueves, 26 de noviembre de 2020

Contrapunto

Lo único malo de la decimosexta es que lo que está allí es real.
Que hubiese querido que no lo fuera.
Que vivir adolorida no es para nada meritorio.
Anoche entre las sombras de las lagrimas y la humedad de la noche pensaba.
¿Por qué?
¿Por qué este dolor infinito, continuo y permanente?
Por supuesto no hay respuesta conocida o satisfactoria a tal pregunta.
Hacer la pregunta en si mismo es parte de la tortura.
Pensaba también en las posibilidades.
En ¿por qué a pesar del dolor aún estoy viva?
La respuesta es ridículamente simple.
Porque a pesar del dolor recurrente hay momentos que valen la pena ser vividos.
Aun con este dolor continuo vale la pena vivir momentos como sustentar la tesis,
como encontrar en el laberinto de los genes los rastros de la evolución,
como acariciar a Logan o abrazar a Angel,
como escuchar a Mayita decir Cata.
como verte sonreír.
como verte.

miércoles, 18 de noviembre de 2020

martes, 3 de noviembre de 2020

El acertijo

Duele al filo del pecho,
En las fibras de los brazos,
En los resquicios del cerebro.
Duele en esos lugares indefinibles que soy yo misma.
En esos espacios que, si existiera, deberían ser el alma.
Duele, en el augurio de mis presagios,
En los futuros inexactos,
En los pasados indefendibles.
Duele cada segundo transcurrido,
Cada decisión tomada,
Cada acierto y desacierto,
¡Duele! tiembla la existencia.
Se tambalean los azares.
Se derrumba la suerte.
Duele la lengua y los dos lados del cráneo,
Duelen las puntas de los huesos,
Lo profundo de las cirugías.
Es el dolor de saberse sola, deshabitada.
El dolor de la crueldad innata de la naturaleza.
El sinsentido tedioso de estar viva.
Duele al interior de las vertebras,
Al sur de las costillas,
Se desintegra el ADN.
Duelen los hijos que nunca,
Los abuelos que todavía,
Las amigas amadas,
Los amores odiados,
Los enemigos extintos.
Dueles tú dos mil veces al rededor del cuello.
Es este dolor corrosivo después de la rabia.
Es este dolor absorto en la frustración y la impotencia.
Es el haber - siempre y todavía - perdido.
Es el dolor de no poder utilizar la razón para resolver este acertijo.
Es el tener las respuestas para estas preguntas innecesarias y sublimadas.
Es la verdad.
La simpleza cruda de la verdad presente.
Como la muerte.