jueves, 26 de noviembre de 2020

Contrapunto

Lo único malo de la decimosexta es que lo que está allí es real.
Que hubiese querido que no lo fuera.
Que vivir adolorida no es para nada meritorio.
Anoche entre las sombras de las lagrimas y la humedad de la noche pensaba.
¿Por qué?
¿Por qué este dolor infinito, continuo y permanente?
Por supuesto no hay respuesta conocida o satisfactoria a tal pregunta.
Hacer la pregunta en si mismo es parte de la tortura.
Pensaba también en las posibilidades.
En ¿por qué a pesar del dolor aún estoy viva?
La respuesta es ridículamente simple.
Porque a pesar del dolor recurrente hay momentos que valen la pena ser vividos.
Aun con este dolor continuo vale la pena vivir momentos como sustentar la tesis,
como encontrar en el laberinto de los genes los rastros de la evolución,
como acariciar a Logan o abrazar a Angel,
como escuchar a Mayita decir Cata.
como verte sonreír.
como verte.

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