miércoles, 30 de marzo de 2022

Historias Pasadas I

Cuando tenía 16 o 17 años tuve mi primera crisis de depresión que duro un año completo y ha sido la peor que he tenido en toda la vida (toco madera). Hay muchas cosas confusas de ese tiempo pero sé que me hice y le hice a la gente que quiero mucho daño. Para mi fortuna la vida siguió y aquí estoy contando el cuento. Esta historia sin embargo más que sobre mi es sobre los hilos que le tejen a una la casualidad y el destino, y sobre esos reconocimientos abruptos que tiene una la oportunidad de atestiguar como una simple observadora externa e impotente. Durante la crisis estuve internada por no sé bien cuanto tiempo (creo que fue un mes o tal vez menos) en una clínica psiquiátrica, la mejor disponible en la ciudad (gracias a los que lo hicieron posible). Mentiría si dijera que por ser la mejor era de alguna manera amable. Los espacios según recuerdo eran bonitos y se sentía un poco como un hotel colonial y barato de los que puede uno encontrar en Villa de Leiva por ejemplo. De nuevo, los recuerdos son difusos. Los médicos y los enfermeros no me impactaron suficiente para estar aún presentes en mi memoria, los otros internos en cambio... algunas de esas memorias están ahí incrustadas en el cerebro. Yo no quería compartir con nadie pero era parte del estar ahí interactuar con los otros. Había de todo, mujeres y hombres de diferentes edades y con diferentes condiciones más o menos graves. Ella tenía creo la misma edad que yo, 16 o 17 años, y su diagnóstico era esquizofrenia. No tengo idea de cómo o por qué empezamos a hablar ni qué paso luego con ella. Elegí para bien o para mal no crear lazos duraderos con aquellos compañeros de viaje en ese buque indeseado y triste. Su nombre por supuesto no tengo idea, y aún si lo supiera no lo pondría aquí. En medio de la depresión todo es un yo absurdo y desmedido, el mundo no es más grande que uno mismo y lograr reconocer lo externo es casi imposible. En esa gira ególatra de querer encontrarle sentido a la existencia propia las historias de los otros empezaron a filtrarse como ejemplos de alivio "esto no solo me pasa a mi" y de censura "mal de muchos consuelo de tontos". Eran muchas y diversas pero la suya trae además todos esos otros rastros odiosos y miserables por los que también hemos intentado hacer algo algo al respecto durante la vida, luchar, decimos unas. Era una adolescente creciendo como cualquier otra en medio de nuestra sociedad colombiana. Tenía amigas y amigos y una familia típica, lo que sea que eso significa. Iba al colegio y sacaba muy buenas notas. Quería ser ingeniera, o matemática, o científica, o eso creo. Un día sus amigas la invitaron a una fiesta. Ella que más bien no salía mucho quería ir y finalmente allá estuvo. Era una fiesta, había música, baile, gritos, trago, gente. Gente como ella y gente como esos que se hacen odiar para siempre sin derecho a las consideraciones. Algunos de ellos, no se bien cuantos fueron, no estoy segura de que ella lo supiera, la hicieron su presa. Le dieron escopolamina en no sé que forma y se la llevaron a un rincón para violarla. No estoy segura qué le pasó. Según recuerdo la historia sigue con qué alguna de sus amigas se dio cuenta y entre varias se la arrebataron a esos monstruos antes de que el daño fuera más grave. Pero ya era tarde, al menos para esto. La dosis de escopolamina o la mezcla de lo que haya sido que le dieron se le metió en el cerebro. Cuando volvió a tener conciencia de si misma empezó a escuchar voces, a ver personas que no estaban allí, a tener recuerdos he ideas que no eran suyas. La esquizofrenia - según recuerdo que me cuenta - le vino como resultado de que unos hombres intentaron abusar de ella en una fiesta. Y estaba allí sin embargo con todo su cuerpo, diciéndome que esperaba volver al colegio, terminar sus estudios, ser alguien en la vida. Diciéndome mientras sonreía que ojalá todo pasara pronto y que me animara. Que yo me animara. ¡Yo! perdida en ese laberinto minúsculo de ser lo que era, mirándola desde lejos sin entender apenas todos lo pormenores y detalles horrendos y magníficos de su historia. Todos lo hilos que le tejen a una la casualidad y el destino de encontrarse con ella y escucharla. Sin ser capaz entonces de reconocer el poder y la miseria de nuestra propia cultura, ese desprecio profundo y mezquino por la mujer, por la independencia de la mujer, por la integridad de ser mujer. Y al mismo tiempo estar atada a la suerte, de ser una mujer, y además tener depresión. No sé quien era ni que fue de ella. Ojalá - suplico - su vida haya sido mejor después de eso. Ojalá - procuro - lo que hago le sirva a otras mujeres para algo. Ojalá - implico - lo que escribo le sirva también a los hombres para al menos pensarlo dos veces.

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