¡Como duele esto de ser el peor enemigo de uno mismo!
Todas la armas, todas las guerras, toda la rabia.
Toda para destruirse.
Yo misma.
Toda para hacerse añicos y no dejarse hueso limpio ni nervio intacto.
Todo para acabar con lo que se haya construido.
Que no quede rastro ni evidencia.
Que ni siquiera el polvo recuerde lo que había.
Que solo el olvido y el dolor estén disponibles.
Sin un lugar seguro al que ir a refugiarse.
Sin unos brazos abiertos en los que encontrar descanso.
Sin lagrimas suficientes para sacarse los miedos.
Toda la angustia y todo el terror cimbrando la esencia.
Todos los posibles desboronándose a la vista.
Todo lo valioso perdiendo su sentido.
¿Qué quedará después?
¿Habrá todavía algo de mi luego de que me asesine?
Ojala haya alguna manera de salvarse.
No hay comentarios:
Publicar un comentario