De la rabia solo queda el cansancio,
y bueno también la tristeza, y la infortuna
y también queda el rencor por supuesto
el sinsabor de haber fallado en algo y no saber en que o en donde
la desconexión profunda
el no saber si fue uno o fue el otro
el dudarlo todo y querer más allá acabarlo todo
De la rabia solo queda la lejanía,
la distancia de reconocer que no se conoce
la imposibilidad de amar o seguir queriendo
el dolor oscuro de saberse perdido
De la rabia no queda más que el silencio,
Y la duda de todo cuanto vale la pena
Las ganas de nada y ese malestar agudo en el estómago
De la rabia, corazón mío, Catalina querida
De la rabia todavía no sabemos ni nos escapamos
Y ella viene y arrasa con todo sin reconocer seres queridos ni amigos ni futuros
Y para evitarlo corres y te encierras y lloras tratando de salvarte pero huir no es suficiente.
De la rabia te queda este desazón horrible de ya no querer seguir los pasos de aquel que te ha puesto furiosa
La impotencia de no decirle lo que piensas y sientes porque sabes que vendría atropellado y mal dicho y seguro el otro tendrá más cabeza todavía y te destruiría sin dudarlo.
De la rabia no queda sino el desequilibrio de perder todo lo objetivo
Y darle peso a todos los errores tuyos y de los otros
Y no acordarse de lo bello del mundo
Olvidar para qué es que existes y te haces
Olvidar el sentido de todo
Olvidar cuanto vale la pena
Olvidarte tu misma en tu poca realidad menospreciada
De la rabia Catalina nada bueno nos queda
Y todavía no sabemos nunca que hacer con ella.
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