lunes, 18 de septiembre de 2017
Desparche
Se viene la palabra, la letra que se escurre entre los dedos y las neuronas. Que se venga. Que se traiga todo lo que sabe y lo que no sabe, que se traiga sus preguntas sin respuestas y sus respuestas a preguntas no hechas. Que se traiga las tristezas y los recuerdos, y por supuesto también las alegrías y los amores, los mejores por supuesto. Que se traiga a los pasados y los futuros, que el presente está presente y sigue aquí. Que se traiga a los miedos y a las angustias por eso de vivir, pero que también se traiga la valentía y el cariño, los que permiten convertir los primeros en pasos andantes, en corrientes. Que se traiga también los detalles ¡por favor que se traiga los detalles! el borde de una cadera, la sonrisa sincera, el silencio tranquilo, él al otro lado de la mesa trabajando, el dejarlo todo corriendo, el genoma que se expresa, el colibrí. Que se traiga todo lo que soy, lo que he sido y lo que seré, y todo lo qué no. Que ¡carajo! soy buena, soy en medio de todas mis humanidades y mis equivocaciones, buena. Porque entre la letra y el acto quiero que las cosas fluyan, que logremos culminar proyectos buenos, hacer artículos lindos, jugar con la ciencia y cienciar con el juego. Que tengo ideas que hay que hacer ciertas y que quiero seguirme preguntando por la evolución de esos, los que vuelan. Porque hay cuentos deliciosos que contar sobre el movimiento, sobre el cambio lento y rápido de las bases nitrogenadas entre los núcleos de las células de esos que si se reproducen. Porque no me basta todavía con lo que hay o lo que hago sino que necesito seguir, vivir, vivir alegre y sonriente y triste y malgeniada, y así humana completa, no más que eso, pero vivir, con cariño, siempre con cariño que es lo que al final nos permite seguir adelante.
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