Las masas se
habían abocado a sus líderes. Los gobiernos habían declarado estados de alerta
permanente. Desde el último 6 de mayo habían sido declarados terroristas.
Muchos habían optado por abandonar lo que habían aprendido y se habían marchado
a vivir lejos de las ciudades con pocas comodidades y mínimo contacto. Pero
algunos habían decidido resistir. Se habían vuelto grupos ilegales que se
reunían en secreto a aprender y a enseñar física, biología, matemáticas,
geología, química… la producción del conocimiento había sido prohibida por la
ley y castigada con la muerte. Pero los
científicos sabían que sin ciencia la especie estaba condenada a la extinción,
así las masas no lo entendieran y se asustaran de ello. Algunos solo asistían a
los grupos secretos para compartir, otros procuraban sutilmente promover en las
masas la conciencia del valor de la ciencia, los más radicales hacían
demostraciones públicas e ilícitas del poder del conocimiento. Todos eran
cazados activamente por las autoridades. Si alguien era encontrado culpable era
ejecutado de inmediato en la misma sala. Las masas y sus líderes consideraban a
los científicos enfermos, seres incapaces de sentir compasión y decididos a
destruir el mundo con su supuesta sabiduría. Las mayorías habían concluido que “descubrir”,
“explorar”, “conocer” no solo era innecesario sino peligroso y atentaba contra
la humanidad. Los científicos habían generado lenguajes secretos que solo unos
pocos entendían, había descubierto la fragilidad del espacio-tiempo y la
materia, habían encontrado como rediseñar al hombre antes de que naciera. Eso era
demasiado: los humanos no debían aprender nada nuevo! los científicos eran
individuos peligrosos e indeseables! La curiosidad humana empezó a considerarse
un defecto. Desde hacía tiempo las universidades se habían vuelto instituciones
de réplica de lo que era de uso común y se había abandonado cualquier práctica
asociada a la investigación, a la innovación, al “avance” o el “descubrimiento”.
Todos los eventos que no ocurrieran más de una vez en una vida humana eran
considerados casualidades y despreciables, se había prohibido monitorear cualquier
evento por más de 20 años, la única toma de datos que estaba permitida estaba
asociada a la economía y la información de estos se borraba cada 10 años. Las
masas y sus líderes se habían convencido que el enemigo eran esos individuos
que pensaban más de lo necesario, que planteaban preguntas que no tenían fácil
respuesta, que gastaban recursos buscando patrones y evidencia sobre fenómenos
que no tenían importancia para el hombre. Cuando la ciencia empezó a ser
cuestionada décadas atrás, muchos científicos intentaron explicarse, hacerle
entender a las comunidades el valor que cada una de sus investigaciones, pero
la inmediatez del hambre y el poder impidieron que las masas quisieran
escucharlos, querían respuestas inmediatas sin tener que pensar en los otros o
en el futuro, no les preocupaba que otros enfermaran o murieran siempre no
fueran ellos. La ciencia era innecesaria porque las cosas estaban bien así, los
fuertes eran fuertes y los débiles se morían, esa era la ley.
Hi-xan sabía
que había llegado muy lejos, se había involucrado demasiado, desde pequeña
siempre había querido saber más y más, a veces dudaba de sí misma y se atrevía
a pensar que tal vez los líderes tenían razón y ella estaba enferma, que su
curiosidad y su sed de conocimiento eran un crimen. Pero luego venía lo que
pasaba en las calles y en campo y entendía que no podía ser cierto, que “saber”
no podía ser erróneo, que tenía que aprender más y tratar de que los otros
aprendieran. Había asistido a grupos de científicos desde muy joven, luego de
mucho tiempo de buscar una manera para encontrarlos. Comenzó aprendiendo
calculo, teoría cuántica, mecánica, síntesis de químicos orgánicos… con el
tiempo se dedicó a la genética. Había construido en secreto en su casa un
secuenciador de genomas y varias incubadoras. Conocía en detalle la
distribución de los polimorfismos humanos, las regiones genómicas más y menos
variables, las interacciones entre proteínas y los ácidos nucleicos, sabía
producir células con genomas híbridos de casi cualquier organismo. Pero
conseguir los reactivos y los materiales era muy difícil y peligroso. Si las
autoridades la encontraban, eso sería todo. Había puesto su interés finalmente
en una idea simple, los humanos eran demasiados, y las plantas pocas, quería
asociar la reproducción de los primeros con la de los segundos. Las células
vegetales siempre habían sido más receptivas al ADN foráneo, sus procesos se
mantenían intactos aun cuando otros genomas estuvieran en ellas, habían
desarrollado rutas metabólicas de regulación que les permitía expresar ese ADN
cuando fuera necesario. Hi-xan había intentado ya varias veces lograr que los
vegetales aceptaran el genoma humano, que lo almacenar hasta llegar a adultas y
luego lo expresaran. Había dedicado su vida a este proyecto y estaba muy cerca
de lograrlo.
Lucio
también se había hecho científico. Tenía desde siempre la certeza de que lo
único importante era el conocimiento, que el único poder era saber, que ser una
oveja y seguir a los líderes era sin duda el mayor error en la vida. Le
molestaba esa flaqueza humana de la supervivencia, esa idea de continuidad y
eternidad enfermiza de los pueblos. Creía que el único camino era modificar el
comportamiento, el modo de pensar de su especie que había escogido la comodidad
y la estupidez antes de romper las fronteras de lo permitido. En los grupos
secretos había aprendido cálculo, evolución, electrónica, virología… con el
tiempo se dedicó a la neurobiología. Había desarrollado en secreto en su casa nuevos
compuestos que trasmitidos por virus le permitían regular la sinapsis. Conocía
en detalle los patrones sinápticos, la regulación química de los neurotransmisores,
las regiones del cerebro y sus funciones, sabía inducir o reprimir los impulsos
nerviosos en cualquier región del cerebro usando sus compuestos. Pero conseguir
los reactivos y los materiales era muy difícil y peligroso. Si las autoridades
lo encontraban, eso sería todo. Había puesto su interés finalmente en una idea
simple, los humanos debían pensar diferente y la interacción entre virus y neuronas
era la clave, quería desarrollar un virus que potenciara las sinapsis. Las
neuronas siempre habían sido delicadas, las virus volátiles, las conexiones
nerviosas podían reconfigurarse de miliares de maneras, generar procesos que les
permitieran a los humanos aprender más, generar más y más nuevos conocimientos.
Lucio había intentado ya varias veces lograr sus virus reconfiguraran las
neuronas, que estas produjeras nuevas conexiones y a su vez replicaran los
virus. Había dedicado su vida a este proyecto y estaba muy cerca de lograrlo.
Mientras
tanto afuera los líderes y las masas eran implacables, la persecución a los “sabelotodos”
eran implacables. Los radicales empezaron a utilizar la inhumanidad de la
ciencia, pueblos enteros desaparecían bajo la acción de “atentados en nombre de
la ciencia”. Las armas de destrucción masiva tanto físicas como químicas se
hicieron sentir. Un solo hombre podía detonar una y acabar con millones. A los científicos
que atrapaban las mayorías los ejecutaban a golges. La civilización agonizaba y
el futuro de los humanos llegaba a su fin en sus propias manos. Lució lo había
logrado y ante las circunstancias no estaba dispuesto a esperar. Distribuyo sus
virus entre varias células disidentes y estas lo diseminaron en todas las
comunidades humanas. En los cerebros de los humanos las neuronas empezaron a
activarse y desactivarse, los virus se replicaron y alcanzaron a todos y cada
uno de los individuos de nuestra especie. Algo salió mal, tantas conexiones
nerviosas eran insostenibles, los hombres dejaban de comer por la necesidad de
pensar, las neuronas usaban energía más rápido de lo que el cuerpo alcanzaba a
producirla, el deseo de aprender se volvió más fuerte que el de proteger a las
crías o el de reproducirse. En cuestión de semanas los infantes habían muerto
por el descuido de sus mayores, los jóvenes se morían de inanición por las
calles tratando de entender el universo, los viejos se quedaron solos metidos
en monólogos interminables tratando de darle sentido al universo. El último
hombre antes de morir calculó la mínima entropía que se requería para crear un
agujero negro. La última mujer antes de morir escribió la ecuación que hubiera
permitido devolver el tiempo. Para el sistema nervioso de Hi-xan el virus fue demasiado,
sus neuronas no pudieron soportar la modificación de las sinapsis, primero vino
la parálisis y luego el sueño. En el planeta por unos segundos reinó el silencio,
las plantas, los animales y los otros seres vivos experimentaban por primera
vez en mucho tiempo la ausencia de la especie humana, la vida seguía en ellos
como desde el primer día en que surgió en el mundo. Los bosques empezaron a
tomarse las ciudades, los mayores depredadores prosperaban. En un bosque varios
cientos de árboles habían crecido hasta hacerse adultos, y en sus células empezó
a producirse un factor de expresión que indujo la producción de otros y estos
las de otros que fueron a ligarse a un genoma que se había mantenido inactivo. Para
el final del verano ya estaba en la tierra la primera generación humana nacida
de los árboles.
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