viernes, 18 de agosto de 2017

Apocalipsis

Las masas se habían abocado a sus líderes. Los gobiernos habían declarado estados de alerta permanente. Desde el último 6 de mayo habían sido declarados terroristas. Muchos habían optado por abandonar lo que habían aprendido y se habían marchado a vivir lejos de las ciudades con pocas comodidades y mínimo contacto. Pero algunos habían decidido resistir. Se habían vuelto grupos ilegales que se reunían en secreto a aprender y a enseñar física, biología, matemáticas, geología, química… la producción del conocimiento había sido prohibida por la ley y  castigada con la muerte. Pero los científicos sabían que sin ciencia la especie estaba condenada a la extinción, así las masas no lo entendieran y se asustaran de ello. Algunos solo asistían a los grupos secretos para compartir, otros procuraban sutilmente promover en las masas la conciencia del valor de la ciencia, los más radicales hacían demostraciones públicas e ilícitas del poder del conocimiento. Todos eran cazados activamente por las autoridades. Si alguien era encontrado culpable era ejecutado de inmediato en la misma sala. Las masas y sus líderes consideraban a los científicos enfermos, seres incapaces de sentir compasión y decididos a destruir el mundo con su supuesta sabiduría. Las mayorías habían concluido que “descubrir”, “explorar”, “conocer” no solo era innecesario sino peligroso y atentaba contra la humanidad. Los científicos habían generado lenguajes secretos que solo unos pocos entendían, había descubierto la fragilidad del espacio-tiempo y la materia, habían encontrado como rediseñar al hombre antes de que naciera. Eso era demasiado: los humanos no debían aprender nada nuevo! los científicos eran individuos peligrosos e indeseables! La curiosidad humana empezó a considerarse un defecto. Desde hacía tiempo las universidades se habían vuelto instituciones de réplica de lo que era de uso común y se había abandonado cualquier práctica asociada a la investigación, a la innovación, al “avance” o el “descubrimiento”. Todos los eventos que no ocurrieran más de una vez en una vida humana eran considerados casualidades y despreciables, se había prohibido monitorear cualquier evento por más de 20 años, la única toma de datos que estaba permitida estaba asociada a la economía y la información de estos se borraba cada 10 años. Las masas y sus líderes se habían convencido que el enemigo eran esos individuos que pensaban más de lo necesario, que planteaban preguntas que no tenían fácil respuesta, que gastaban recursos buscando patrones y evidencia sobre fenómenos que no tenían importancia para el hombre. Cuando la ciencia empezó a ser cuestionada décadas atrás, muchos científicos intentaron explicarse, hacerle entender a las comunidades el valor que cada una de sus investigaciones, pero la inmediatez del hambre y el poder impidieron que las masas quisieran escucharlos, querían respuestas inmediatas sin tener que pensar en los otros o en el futuro, no les preocupaba que otros enfermaran o murieran siempre no fueran ellos. La ciencia era innecesaria porque las cosas estaban bien así, los fuertes eran fuertes y los débiles se morían, esa era la ley.
Hi-xan sabía que había llegado muy lejos, se había involucrado demasiado, desde pequeña siempre había querido saber más y más, a veces dudaba de sí misma y se atrevía a pensar que tal vez los líderes tenían razón y ella estaba enferma, que su curiosidad y su sed de conocimiento eran un crimen. Pero luego venía lo que pasaba en las calles y en campo y entendía que no podía ser cierto, que “saber” no podía ser erróneo, que tenía que aprender más y tratar de que los otros aprendieran. Había asistido a grupos de científicos desde muy joven, luego de mucho tiempo de buscar una manera para encontrarlos. Comenzó aprendiendo calculo, teoría cuántica, mecánica, síntesis de químicos orgánicos… con el tiempo se dedicó a la genética. Había construido en secreto en su casa un secuenciador de genomas y varias incubadoras. Conocía en detalle la distribución de los polimorfismos humanos, las regiones genómicas más y menos variables, las interacciones entre proteínas y los ácidos nucleicos, sabía producir células con genomas híbridos de casi cualquier organismo. Pero conseguir los reactivos y los materiales era muy difícil y peligroso. Si las autoridades la encontraban, eso sería todo. Había puesto su interés finalmente en una idea simple, los humanos eran demasiados, y las plantas pocas, quería asociar la reproducción de los primeros con la de los segundos. Las células vegetales siempre habían sido más receptivas al ADN foráneo, sus procesos se mantenían intactos aun cuando otros genomas estuvieran en ellas, habían desarrollado rutas metabólicas de regulación que les permitía expresar ese ADN cuando fuera necesario. Hi-xan había intentado ya varias veces lograr que los vegetales aceptaran el genoma humano, que lo almacenar hasta llegar a adultas y luego lo expresaran. Había dedicado su vida a este proyecto y estaba muy cerca de lograrlo.
Lucio también se había hecho científico. Tenía desde siempre la certeza de que lo único importante era el conocimiento, que el único poder era saber, que ser una oveja y seguir a los líderes era sin duda el mayor error en la vida. Le molestaba esa flaqueza humana de la supervivencia, esa idea de continuidad y eternidad enfermiza de los pueblos. Creía que el único camino era modificar el comportamiento, el modo de pensar de su especie que había escogido la comodidad y la estupidez antes de romper las fronteras de lo permitido. En los grupos secretos había aprendido cálculo, evolución, electrónica, virología… con el tiempo se dedicó a la neurobiología. Había desarrollado en secreto en su casa nuevos compuestos que trasmitidos por virus le permitían regular la sinapsis. Conocía en detalle los patrones sinápticos, la regulación química de los neurotransmisores, las regiones del cerebro y sus funciones, sabía inducir o reprimir los impulsos nerviosos en cualquier región del cerebro usando sus compuestos. Pero conseguir los reactivos y los materiales era muy difícil y peligroso. Si las autoridades lo encontraban, eso sería todo. Había puesto su interés finalmente en una idea simple, los humanos debían pensar diferente y la interacción entre virus y neuronas era la clave, quería desarrollar un virus que potenciara las sinapsis. Las neuronas siempre habían sido delicadas, las virus volátiles, las conexiones nerviosas podían reconfigurarse de miliares de maneras, generar procesos que les permitieran a los humanos aprender más, generar más y más nuevos conocimientos. Lucio había intentado ya varias veces lograr sus virus reconfiguraran las neuronas, que estas produjeras nuevas conexiones y a su vez replicaran los virus. Había dedicado su vida a este proyecto y estaba muy cerca de lograrlo.
Mientras tanto afuera los líderes y las masas eran implacables, la persecución a los “sabelotodos” eran implacables. Los radicales empezaron a utilizar la inhumanidad de la ciencia, pueblos enteros desaparecían bajo la acción de “atentados en nombre de la ciencia”. Las armas de destrucción masiva tanto físicas como químicas se hicieron sentir. Un solo hombre podía detonar una y acabar con millones. A los científicos que atrapaban las mayorías los ejecutaban a golges. La civilización agonizaba y el futuro de los humanos llegaba a su fin en sus propias manos. Lució lo había logrado y ante las circunstancias no estaba dispuesto a esperar. Distribuyo sus virus entre varias células disidentes y estas lo diseminaron en todas las comunidades humanas. En los cerebros de los humanos las neuronas empezaron a activarse y desactivarse, los virus se replicaron y alcanzaron a todos y cada uno de los individuos de nuestra especie. Algo salió mal, tantas conexiones nerviosas eran insostenibles, los hombres dejaban de comer por la necesidad de pensar, las neuronas usaban energía más rápido de lo que el cuerpo alcanzaba a producirla, el deseo de aprender se volvió más fuerte que el de proteger a las crías o el de reproducirse. En cuestión de semanas los infantes habían muerto por el descuido de sus mayores, los jóvenes se morían de inanición por las calles tratando de entender el universo, los viejos se quedaron solos metidos en monólogos interminables tratando de darle sentido al universo. El último hombre antes de morir calculó la mínima entropía que se requería para crear un agujero negro. La última mujer antes de morir escribió la ecuación que hubiera permitido devolver el tiempo. Para el sistema nervioso de Hi-xan el virus fue demasiado, sus neuronas no pudieron soportar la modificación de las sinapsis, primero vino la parálisis y luego el sueño. En el planeta por unos segundos reinó el silencio, las plantas, los animales y los otros seres vivos experimentaban por primera vez en mucho tiempo la ausencia de la especie humana, la vida seguía en ellos como desde el primer día en que surgió en el mundo. Los bosques empezaron a tomarse las ciudades, los mayores depredadores prosperaban. En un bosque varios cientos de árboles habían crecido hasta hacerse adultos, y en sus células empezó a producirse un factor de expresión que indujo la producción de otros y estos las de otros que fueron a ligarse a un genoma que se había mantenido inactivo. Para el final del verano ya estaba en la tierra la primera generación humana nacida de los árboles.

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