lunes, 21 de abril de 2014

Hanto

Apenas ayer te dije te amo, y hoy en la mañana te me mueres en los brazos. Así es la vida de hijueputa. Uno viene buscando la felicidad y se encuentra a trompadas con la tristeza y cara a cara con la muerte. Me duele el alma en donde sea que queda eso, me duelen las manos y están ampolladas de abrir el hueco donde vamos a enterrarte. Hanto, vagabundo. Te me escapaste entre espasmos y dolores, entre miradas de pánico e impotencia, entre el ruego de no te me mueras, sigue respirando. Ya era tarde, las tripas se te habían enredado. Y se queda una aquí viva, sin saber que hacer o que decir, sin poder hacer o decir nada, seguir viviendo, que carajos! y toda la rabia. Y la tristeza aquí metida entre los huesos. Lo único que nos queda es lo poco que nos queda! Ten buen viaje amigo mío, dale mis saludos a la tierra. Que lo que hayas sido la alimente. Ya te fuiste, nada te queda. Los que nos quedamos somos los que lloramos porque vamos a extrañarte. Nada hay que pueda consolarme, habrá que esperar que el tiempo haga su tarea. Me dejas con tu partida otra cicatriz en el alma, no es en vano que te quiero.

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