lunes, 28 de abril de 2014
Escritura científica
Confieso que amo la escritura libre, esa en que no me toca andar pensando en las referencias, en la que no tengo que andar pendiente de quien fue quien dijo esto y en que artículo y en que revista y en que año. Sí, ya sé, hay que dar el crédito correspondiente, sé perfectamente que la mayoría de las ideas que rondan en mi cabeza no son mías y de seguro alguien antes ya las pensó y aún más las escribió en algún lugar, con copyright y todo, pero cada vez que algo fluye toca detenerse y verificar quien fue al que se le ocurrió, si lo dijo igual o no, y nada de escribirlo igualito aunque las palabras digan exactamente lo que se quiere, no! hay que decirlo de otro modo, para evitar las comillas. Baahhh, si, adoro que lo citen a uno, que alguien haya apreciado el trabajo que se hizo, pero la citadera me frena la fluidez, me detiene el cerebro y quiero correr. Ya de por sí escribir es todo un reto, ahora escribir así a retazos me confunde, me hace perder el hilo, olvidar lo importante, todo un arte escribir teniendo en la cabeza las referencias. Prefiero la escritura libre, en la que dejo que la cabeza diga lo que sabe y lo que tiene que decir, lo que en realidad opino, lo que sea que se consolido en mi cabeza de lo que he leído, retenido y entendido. Pero es necesario hacer la tarea completa, no solo dejar que los dedos se paseen por el teclado.
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