La escama verde cae sobre la tierra húmeda y negra, los colores se derrumban entre los escombros que dejan los caballitos del diablo al borde del pantano, los huesos se reúsan a levantarse después de tantas resurrecciones, las transformaciones suplican: no más dolor, no más rabia, no más tristezas. Se provocan las bienaventuras, viene un año par, un burro camina por entre la hierba en el campo, el aroma del chocolate inspira cada mañana, el titilar de las estrellas asegura que aún queda luz en el universo, Dios susurra en mis oídos esas promesas humanas, los amigos se van y destruyen con sus voces el extraño cariño que les quedaba, la rabia se despliega, como hongos, como los círculos de brujas, pero esos durarán poco, apenas lo necesario. Hay problemas que es mejor no resolver, porque no tienen respuesta, dediquémonos a los que la tienen, que soy en medio de esta rabia? quien soy en medio del llanto? de ese ser amado que fue el sol de tantos días y tantas tinieblas? Me amó, estoy segura, y lo amé como no he amado a nadie. El tiempo tiene siempre todas las ventajas, y no hay nada más peligroso que el azar, porque del azar siempre, siempre resulta algo, siempre surge vida del azar, siempre otra forma, otra manera, otro individuo, otra maleza. No le dije todo lo que le debía y seguramente le dije demasiado. En fin, todos vamos para el mismo sitio, todos nos encontramos por el camino y siempre al final. Ahora hay que arrancarse las mariposas, dejar correr los ríos de lava que me vienen a la boca, dejar galopar en ese sonido infinito a mi corazón cuando toda esta historia me vibra en las entrañas, perdonar, perdonarme por haber amado tanto y no haber sido suficiente. Perdonarme desde lo más profundo de los bosques, desde el interior de cada célula que tirita y se modifica en las enzimas que se aglomeran, perdonarme por todo lo que hice y lo que no, por los errores cometidos y también por los aciertos, el perdón debe ser unánime, impredecible, completo, no vale quedarse con el fondo del barril, hay que limpiar el interior de cada muela, hay que pulir hasta el último milímetro de cristal, irse lejos, pero perdonada, olvidar que la felicidad depende de los otros, ellos son eso, yo soy esto, aquí, este cuerpo delimitado por un espacio y esta mente delimitada por un tiempo y el contexto eterno, un pedacito de verdad, eso soy, al otro lado del río. Me perdono, lentamente porque de afán es imposible, me perdono con la intensión de salir adelante, al otro lado, a ese lugar prometido en que las frutas resplandecen y los odios se diluyen en la brisa de las alas de los pájaros al galope del sueño. Un solo día no es bastante, tengo a mi favor los segundos, y sobre todo, por sobre todo y todo, tengo el cariño, ese que de ser también se me iba envenenando, pero el cariño debería ser mío, para mí, por mí, sin retrospectivas. Edifico, construyo ese hilo suave y húmedo de la telaraña, traigo con cuidado y rodando los pensamientos que formarán el navío para corresponder al mapa, la rabia vive adentro mío, una energía como ninguna otra, y sin embargo, me tomo el tiempo y la paciencia para tomarla, para moldearla, para destejerla, para despellejarla y liberarla, me perdono, por sentir rabia, me perdono por querer de esta forma injusta e insostenible, me contengo antes de hacer más daño y agregar más miedo al miedo, más envidia a la envidia, más celos al estómago que lo recibe todo, libero, lentamente y con precaución de no ser átomo en fisión, de no ser atea, giro, como el manto indio que se mece al viento, como el colibrí en pleno vuelo, torno la rabia, al menos en negociación, al menos en torpe esperanza, torno la rabia, pero la rabia se sostiene intacta, ya seremos, ya podremos destrozar el miedo que nos acompaña ausentes, rabia mía te bebo, como esa copa oscura de mandatos, como ese poeta muerto, como la pestilencia de la carne que se pudre y se seca sobre el hueso, rabia aunque te anido también te desanido, te dejo ser adentro para que no consumas como el fuego a los queridos, y te suelto despacito como perro, como huérfano mal educado, como pesadilla, te suelto en los vericuetos del naufragio de mi cariño maltrecho, malogrado, maltenido, te paro rabia y en el parir te sufro, las lágrimas no son suficientes. Solo, queridas míos, solo al amor le está permitido bañarse dos veces en el mismo río.
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