La tristeza se incuba en las articulaciones y se pega a la paredes de la tráquea y el esófago. Lo que fue y lo que no ha sido se dibuja en figuritas entre los sueños y los pensamientos cotidianos. Dos muertes y dos matrimonios. Juro por dios que yo no quería esto. Yo no quería y aquí estoy. Pocas cosas me sostienen en estos días ovalados, la mayoría promesas incumplidas, un doctorado, una hipótesis planteada por un ingles en 1865 (si mal no recuerdo la fecha de la publicación de Origen de las especies), hipótesis que ha servido para toda clase de calamidades y aciertos, como esas otras ideas ideales e idealizadas, la libertad, la justicia, el amor, la fraternidad, hasta los juegos de futbol. Detesto a los paladines, de lejos, detesto su apego incuestionable a la bondad, a lo bueno, a los valores, a la moral, me da piquiña, me da miedo, me da desconfianza, porque no saben perdonar, porque no pueden entender la humanidad del equivoco, porque esa incuestionabilidad sobre el pensar, el querer y el hacer es discriminante, es irreal, es mentira. Pero ellos existen, tanto como existen los villanos. La rabia se me desborda también, por la impotencia, porque ante dos muertes y dos matrimonios, ósea cuatro de lo mismo, no puedo hacer nada, solo respirar profundo y seguir adelante, se murieron, se casaron, y yo no logro entenderlo, no logro concebirlo, no logro aceptarlo, ¿por qué? y qué se yo, porque me duele, porque extraño, porque no estoy de acuerdo, porque siempre, siempre, "el que se queda sufre más". Se bien que ellas pierden tanto como nosotras, y sin embargo, a estas alturas, entre los pliegues que dejan la angustia y la rabia, no me importan, yo quiero estar bien. Yo quiero sonreír, respirar profundo, jugar tranquila, cabalgar lejos, estudiar mucho, "construir una casa que no dura ni muere", aprender, y no me refiero (solo) al aprender de tener información en mi cerebro, me refiero al aprender emocional, a eso de saber sentir que todo es una sola cosa, que el universo fluye constantemente, que la motivación más grande soy yo misma, que todo lo que pasa es exactamente lo que tiene que pasar y que cuanto está a mi alcance es exactamente eso que necesito y puedo soportar y favorecer. No quiero más cuentas pendientes ni semejanzas, no quiero más esta lágrima contenida por no sé que ni como, no quiero más eso que no me pertenece, quiero lo mío, la paz al fondo del barril, la frescura, la naturaleza. Dame dosmildoce todo eso que me pertenece, déjame tomarlo, déjame ser fluidamente, no me contengas, déjame correr libre, déjame crecer al sol y húmeda, déjame balancearme y estar en lo alto de los árboles, favoréceme dosmildoce, seme bien y déjame ser bien para todo cuanto me circule. Dame un poco y yo hare todo. Seme querido que yo ya te quiero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario