viernes, 29 de octubre de 2021

Humedad en los últimos días antes de visitar a los muertos

¿Qué es tanto silencio?
¿Dónde quedó Octubre? ¿Qué fue de Septiembre y sus cálidas mañanas?
¡Cuánto desorden dios mío!
Y viene una a tumbos a dar a finales de Octubre en una semana enrarecida.
Donde nos olvidamos de las citas y hace frío.
En que nos raspamos por descuido el índice derecho.
En frente de las estudiantes ¡Que mal ejemplo!
Se hizo, se ha hecho, un montón, un tanto.
Puedo respirar tranquila y decir: hice, he hecho.
Y sin embargo este sutil y lánguido sentimiento de la insuficiencia.
Esta necesidad fina y porcelánica de la angustia y el desespero.
En Alicia yo siempre fui el conejo.
Siempre mirando el reloj, cada instante persiguiendo al tiempo.
Sabiendo que a este paso no vamos a llegar
¿A dónde? ¡No importa!
¡Allá! Salta el conejo.
Se endereza el corbatín, se sacude la tierra de las patas.
Ojea el reloj, se queja.
Hice, he hecho.
Que no me he dado el lujo del descanso.
En estos meses he andado firme y hacia adelante.
Y los frutos son muchos pero minúsculos, casi imperceptibles.
No ¡Que va! completamente imperceptibles.
Que no son frutos para hoy, ni para mí.
Que no llevan mi nombre ni están escritos.
Yo, que aunque me cueste la vida, no voy a tener hijos.
Ya dejé todo mi genoma en las bases de datos humanas.
Ustedes, futuros, verán que hacen con eso.
Nada deber haber de meritorio en mis genes.
Digo, no más, no es por demeritarlos.
Malos tampoco han de ser si hasta aquí han venido.
No suficientes como para otra generación, he dicho!
Aunque la suerte tiene esa costumbre astuta y vagabunda de burlárseme.
De ganar poco pero estrepitosamente, inesperada pero maravillosa.
Inconsecuente pero loable.
Es viernes.
Hay universos en los que siempre es viernes.
Hay dimensiones en las que lunes es siempre.
¿Se imagina?
¿Dónde están? ¿Quiénes son los "nombrarios"?
Esas y esos que le pusieron nombre a las cosas.
A los días, a las estrellas, a los humores.
¿Los amores? esos son siempre anónimos, como los Dioses.
No se nombran, innombrables.
Adolescente la Julieta cuando preguntó ¿Qué hay en un nombre?
¡Todo Julieta! cada minúsculo secreto que define el destino preciso y exacto de los hombres.
Y a veces también el de las mujeres.
Pero no sotras por costumbre hemos sido anónimas,
Hacemos, hemos hecho.
Sin nombre pero como la araña.
Mudas pero no letárgicas.
Lejanas pero insaciables.
¡Ah! que una condor puso huevos sin fecundar y nacieron las condorcitas.
Partenogénesis ¡Si señora!
Imagínese.
Y todos nosotros todos idiotas sorprendidos
Caramba si somos una especie puro ensayo.
Pero por supuesto nos creemos mucho, demasiado.
Y apenas debemos ser alguno de esos ensayos evolutivos poco prósperos.
Yo mejor ya me callo que no tengo ningún derecho.
Ya había decidido salirme de la ruta evolutiva así que mejor ni opino.
Ah pero el silencio,
¿Qué se cocinó en ese silencio?

domingo, 29 de agosto de 2021

Aguja

La mayor limitación de la vida es que una solo puede ser lo que una es. Tal vez en eso a triunfado un poco la imaginación, que nos permite, así sea solo un poco, soñarnos algo diferente, pero de resto, la acribillada realidad se nos presenta en cada segundo con todos nuestros percances y nuestros lastres. La muerte de algunos amigos la he llorado incluso cuando aún están vivos. Así de importantes son continuamente. Continuamente son así de importantes. ¿Cuánta suerte habrá que tener en la vida para merecer pasar los últimos días en la compañía de un par de caballos? ¿Cuándo habré menguado suficientemente mi deuda y podré respirar un día largo sin calumnias ni espinas? La luz que se filtra en la mañana me corroe los oídos. Seguiré, según este ejemplo, escribiendo letras inconclusas y sin sentido, que sirven para acompañar las lágrimas y las largas tardes sin amores ni amigos. Tal vez incluso no soy suficiente ni siquiera en letras y por eso me escribo apenas de a retazos. Historias cortas sin pasado y sin futuro; untadas, manchadas, marinadas en los dolores simples de un cerebro que sin poder consigo mismo siempre quiere más y no se hastía. Largas tardes de domingo con pensamientos sombríos. Por lo menos ya sabe una para quien será el voto. En la larga larga larga lista de las injusticias de las que se trata la vida, hay una mujer dolida que se aferra a lo desconocido. Vacía y seca la idea de aspirar a ser un mártir sin causa ni discípulos. Por lo menos y por fortuna no hay para los hijos. Y no podrán ellas entonces exigirme la vida, ni echarme la culpa, ni pedirme permiso. Para eso están los otros, para los hijos. Veinte años más le suplico a esta carne que soporte. Veinte años pido, imploro, ruego, de buena ciencia y algunos artículos. Que corta es la vida incluso para los que no la quieren. Aquí estoy yo que no la quise entonces suplicándole a rastras que no se me acabe, que me de ánimos, fuerza y sobre todo cabeza por otro ratico. Alguien me remojo el corazón en Borges, y me silbó a Jairo Aníbal en el oído. Un mujer y un hombre me han partido la vida en pedacitos, antes de ella y después de ella, antes de él y ahora que no hay ninguno. En lo de que "no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista" creo que es más frecuente lo segundo. No tiene el tiempo tantas propiedades curativas como se me había dicho, y las ruinas circulares siguen quemándome los pies como con hierro. Aun no soy vieja ¿Cuánto me falta? y la niña que soy no deja de atacarme. De mujer me tocan todas las inequidades. Me tocan, así, me rozan, me acarician las manos, me rasguñan la espalda, se restriegan contra mi las inequidades. Yo, a veces, cansada, las pongo a un lado, pero ellas me saltan a la piernas, se me trepan a los hombros y me pasan la cola por la cara, parecen como gatos las inequidades. Aunque vienen siendo más bien como ratas o como bacterias las inequidades. En medio de estas infinitésimas tragedias la sangre que me baja es un gran jubilo, aunque también cobra. De esas grandes mentiras que le cuentan a uno es que hay cosas gratis. No, no hay nada gratis, siempre hay alguien pagando ese precio, siempre hay escondido entre la propaganda barata y la ilusión de lo lleno, alguien detrás comiendo menos, alguien que pierde, alguien que en últimas se muere antes de tiempo. Por cierto, recuerde Augusto que el sueldo que le pagan no cubre tratar con imbéciles, aunque es sabido que no hay advertencia que valga. Vacúnese al menos, no sea tan sucio y tan miserable. Y así quieren que una ande por ahí salvándoles la vida. Vaya haga fila, ponga el brazo, recoja el carné! Pero no, que porque es su derecho! Porque los derechos son gratis ¿Cómo no? Como son gratis el tiempo, las letras, las montañas, el agua... siempre hay alguien ahí detrás, pagando ese precio.

lunes, 23 de agosto de 2021

Espejos y Laberintos

Se me perdió Agosto cómo suelen perdérseme los meses. En una depresión cortita y, extrañamente, no tan profunda, pero con unos visos de paranoia que me dejaron temblando las neuronas y me recordaron lo cerquita que estoy de la locura. Se me perdió agosto cómo se me perdió un pedazo de cartón y se me refundieron los días como una caja con ropa escondida en el closet. Los otros en cambio se portaron como las líneas de los parapentes y me dieron aire para seguir viviendo sin ser demasiado poco y sin ser demasiado mucho...

Como es costumbre hoy en la terapia hicimos un resumen que me devolvió parte de la conciencia que se me pierde cuando me deprimo y me puso a llorar. Han cambiado muchas cosas en estos 20 años, he aprendido, y sin embargo nunca es igual, siempre es distinto. El barco de Teseo sigue siendo el mismo solo mientras siga siendo el barco de Teseo.

jueves, 12 de agosto de 2021

Coordenada

Se asoma entre los segundos y los errores la ineludible. Me busca.
Nunca sé si soy yo la que la invoco o es ella la que me conjura.

miércoles, 14 de julio de 2021

Fragmento de una carta al olvido - Octava

2020y07m03d

Esta carta, como todas las cartas no es más que un desahogo. "Háblame del mar marinero, dime si es verdad lo que dicen de él, desde mi ventana no puedo yo verlo, desde mi ventana el mar no se ve." Yo siento tanto. Todo el tiempo. Es desgastante. Hoy salí a caminar, solo por el placer de caminar. Desde que comenzó la cuarentena (¿desde marzo?) he salido solo tres veces (había), en todo caso había salido para hacer mercado; pero hoy necesité salir por salir, por ir a buscar algo que no tengo, que nunca ha sido mío. La vida pasa tan rápido que es inútil aferrarse y sin embargo ¿Qué sería de nosotros sin la ilusión de lo relevante? Fui ¿Cómo no? a la universidad. La única razón por la que he podido sobrevivir en esta ciudad inconmensurable ha sido la presencia poderosa y abrigadora de los campos universitarios. En la Nacional en cada rincón un árbol, en algún lugar un caballo. En los Andes el atardecer, la presencia protectora de los cerros. Me sostienen, son finalmente mis raíces. Yo en cambio, sostenida por ellos vuelco mis pasos hacia los edificios, hacia las neveras que susurran irreconocibles en la noche, hacia los pacillos y las puertas de vidrio, hacia la promesa inventada de conocer el mundo, hacia la luz fría y querida de los laboratorios, allí, todo lo que soy y lo que quiero. En la Nacional era el cuadrado que es el Instituto de Genética, el diminuto espacio que era mi oficina en un rincón del laboratorio, el sofá barato, rojo, y viejo en el que dormía cubierta con las batas de laboratorio y en el que me encontraban en la madrugada las señoras del aseo. En los Andes el 303, la terraza, todas las veces que los celadores vinieron a las 9 de la noche a preguntarme a qué hora me iba a ir. Como si ellos, las señoras del aseo, los celadores, fueran además los guardianes encargados de organizarnos la vida, de recordarnos el desayuno, la cena. Los pétalos de los cerezos japoneses caen a una velocidad aproximada de 5 centímetros por segundo. Esas si son las cosas importantes. Fui a la Universidad. La esquina de La Pola que en un día como hoy, viernes, a las seis de la tarde, estaría atestada de jóvenes bebiendo, comiendo empanada, fumando marihuana, y de los policías responsables de echarles un ojo, esa esquina por la cuál yo hubiera pasado "como alma que lleva el diablo" para evitar a la gente, hoy estaba vacía. La estatua de la La Pola amarrada de manos y vendados los ojos sigue sentada en su silla. La rectoría y su cerezo siguen en pie. La construcción de al lado sigue avanzando. El jardín vertical sigue vertical y jardín, pero el Franco esta dormido y las luces están apagadas. Subí por la calle externa hasta llegar al M y al J, Biomics al menos parece intacto, los árboles de al frente aún reciben golondrinas y las mirlas (amadas ellas) aún se "hablan" entre las ramas, pasa un colibrí chillando ya a esta hora - supongo yo - buscando donde dormirse. El puente del A al J sigue estando ahí pero con la vista lateral no puedo ver a Evolvert, no sé si está bien, si las pipetas descansan imperturbables en sus soportes, si mi bata de laboratorio sigue doblada dentro del cajón con los últimos guantes usados entre los bolsillos, si los residuos de fenol-cloroformo en sus botellas de vidrio opaco aún aguardan bajo el lavaplatos. Más allá no puedo ver el 304, mi oficina, no sé si los colibríes de madera aún cuelgan de sus cuerdas y si Octavio, el unicornio, aún está en pie resguardando mi puesto. En el A, todo el edificio parece dormido y un silencio que juzga se extiende aún hasta la calle. Dado que mi apartamento está orientado de norte a sur y que el Bacatá me bloquea la vista sur, este es el primer anochecer que veo en mucho tiempo. La inminencia de este tiempo que termina me golpea hoy, en medio de esta ausencia. ¿Cómo hacen los demás para apañárselas con sus ideas y su sentimientos? Yo requiero escribirlos.

viernes, 28 de mayo de 2021

Al vuelo

Mayo
Un mayo de silencios y secretos.
De palabras retiradas, aburridas.
De rabias profundas y amores panditos.
Cansada.
El tumulto y el alboroto comienzan a calmarse.
Vuelven como primicia las preguntas conocidas:
¿Quién soy? ¿Qué hago? ¿Qué es importante?
Y hago, y tejo, y hago, y corro, todos los días.
Y sin tejer y sin correr se me va la vida.
Hago.
Algo, un poco, todos los días.
Nada suficiente, que siempre falta.
Nada alcanza para lo que ocupa.
Así está bien.
Es tan amable tener en que ocupar el tiempo.
Es tan lindo saber que hay mucho por hacer, todavia.
Aquí, en la casa que es mi corazón los llevo.
A ustedes, señores y mujeres.
A ustedes amigas y conocidos.
Estoy en un lugar en el que no pasa nada ¡Por fortuna!
Y la nada que pasa me permite soñar, y ser, y hacer cuanto me place.
Todavía no se atropellan los segundos, ni las tareas pendientes.
Aunque me pican en el cuello los escritos inconclusos, y los amores inconclusos.
Aunque me ardan en la lengua y en las plantas de los pies las marchas, los muertos, los asesinos.
Así soy.
No sé separar el pasado del futuro.
Hago todo lo que puedo y lo que no puedo me perdono.
Pero "me falta un suelo de cal con lágrimas y una ventana donde esperar espumas".