martes, 20 de julio de 2021
miércoles, 14 de julio de 2021
Fragmento de una carta al olvido - Octava
2020y07m03d
Esta carta, como todas las cartas no es más que un desahogo. "Háblame del mar marinero, dime si es verdad lo que dicen de él, desde mi ventana no puedo yo verlo, desde mi ventana el mar no se ve." Yo siento tanto. Todo el tiempo. Es desgastante. Hoy salí a caminar, solo por el placer de caminar. Desde que comenzó la cuarentena (¿desde marzo?) he salido solo tres veces (había), en todo caso había salido para hacer mercado; pero hoy necesité salir por salir, por ir a buscar algo que no tengo, que nunca ha sido mío. La vida pasa tan rápido que es inútil aferrarse y sin embargo ¿Qué sería de nosotros sin la ilusión de lo relevante? Fui ¿Cómo no? a la universidad. La única razón por la que he podido sobrevivir en esta ciudad inconmensurable ha sido la presencia poderosa y abrigadora de los campos universitarios. En la Nacional en cada rincón un árbol, en algún lugar un caballo. En los Andes el atardecer, la presencia protectora de los cerros. Me sostienen, son finalmente mis raíces. Yo en cambio, sostenida por ellos vuelco mis pasos hacia los edificios, hacia las neveras que susurran irreconocibles en la noche, hacia los pacillos y las puertas de vidrio, hacia la promesa inventada de conocer el mundo, hacia la luz fría y querida de los laboratorios, allí, todo lo que soy y lo que quiero. En la Nacional era el cuadrado que es el Instituto de Genética, el diminuto espacio que era mi oficina en un rincón del laboratorio, el sofá barato, rojo, y viejo en el que dormía cubierta con las batas de laboratorio y en el que me encontraban en la madrugada las señoras del aseo. En los Andes el 303, la terraza, todas las veces que los celadores vinieron a las 9 de la noche a preguntarme a qué hora me iba a ir. Como si ellos, las señoras del aseo, los celadores, fueran además los guardianes encargados de organizarnos la vida, de recordarnos el desayuno, la cena. Los pétalos de los cerezos japoneses caen a una velocidad aproximada de 5 centímetros por segundo. Esas si son las cosas importantes. Fui a la Universidad. La esquina de La Pola que en un día como hoy, viernes, a las seis de la tarde, estaría atestada de jóvenes bebiendo, comiendo empanada, fumando marihuana, y de los policías responsables de echarles un ojo, esa esquina por la cuál yo hubiera pasado "como alma que lleva el diablo" para evitar a la gente, hoy estaba vacía. La estatua de la La Pola amarrada de manos y vendados los ojos sigue sentada en su silla. La rectoría y su cerezo siguen en pie. La construcción de al lado sigue avanzando. El jardín vertical sigue vertical y jardín, pero el Franco esta dormido y las luces están apagadas. Subí por la calle externa hasta llegar al M y al J, Biomics al menos parece intacto, los árboles de al frente aún reciben golondrinas y las mirlas (amadas ellas) aún se "hablan" entre las ramas, pasa un colibrí chillando ya a esta hora - supongo yo - buscando donde dormirse. El puente del A al J sigue estando ahí pero con la vista lateral no puedo ver a Evolvert, no sé si está bien, si las pipetas descansan imperturbables en sus soportes, si mi bata de laboratorio sigue doblada dentro del cajón con los últimos guantes usados entre los bolsillos, si los residuos de fenol-cloroformo en sus botellas de vidrio opaco aún aguardan bajo el lavaplatos. Más allá no puedo ver el 304, mi oficina, no sé si los colibríes de madera aún cuelgan de sus cuerdas y si Octavio, el unicornio, aún está en pie resguardando mi puesto. En el A, todo el edificio parece dormido y un silencio que juzga se extiende aún hasta la calle. Dado que mi apartamento está orientado de norte a sur y que el Bacatá me bloquea la vista sur, este es el primer anochecer que veo en mucho tiempo. La inminencia de este tiempo que termina me golpea hoy, en medio de esta ausencia. ¿Cómo hacen los demás para apañárselas con sus ideas y su sentimientos? Yo requiero escribirlos.
viernes, 28 de mayo de 2021
Al vuelo
Mayo
Un mayo de silencios y secretos.
De palabras retiradas, aburridas.
De rabias profundas y amores panditos.
Cansada.
El tumulto y el alboroto comienzan a calmarse.
Vuelven como primicia las preguntas conocidas:
¿Quién soy? ¿Qué hago? ¿Qué es importante?
Y hago, y tejo, y hago, y corro, todos los días.
Y sin tejer y sin correr se me va la vida.
Hago.
Algo, un poco, todos los días.
Nada suficiente, que siempre falta.
Nada alcanza para lo que ocupa.
Así está bien.
Es tan amable tener en que ocupar el tiempo.
Es tan lindo saber que hay mucho por hacer, todavia.
Aquí, en la casa que es mi corazón los llevo.
A ustedes, señores y mujeres.
A ustedes amigas y conocidos.
Estoy en un lugar en el que no pasa nada ¡Por fortuna!
Y la nada que pasa me permite soñar, y ser, y hacer cuanto me place.
Todavía no se atropellan los segundos, ni las tareas pendientes.
Aunque me pican en el cuello los escritos inconclusos, y los amores inconclusos.
Aunque me ardan en la lengua y en las plantas de los pies las marchas, los muertos, los asesinos.
Así soy.
No sé separar el pasado del futuro.
Hago todo lo que puedo y lo que no puedo me perdono.
Pero "me falta un suelo de cal con lágrimas y una ventana donde esperar espumas".
martes, 20 de abril de 2021
Partida en dos
Dejo todo lo que soy y todo lo que tengo.
Solo me llevo lo que aún no he sido, lo que me hace falta.
lunes, 15 de marzo de 2021
En la madera
Desorientada
Sin la idea de futuros u horizontes
Contenida
Como el agua en la nube
O la lágrima en el ojo
Desdibujada
Vibra en el oído el desespero
Susurra gota a gota
Discrimina
Los días apagados se atropellan
Pretenden torpemente ser el mismo
Brotan desde los huesos el óxido y el polvo
Se cristalizan azules los horrores en la lengua
Unos los escupo
Otros me tragan
Me secan la garganta
Me quiebran las sonrisas
Me rasgan la piel
Me rasguñan los ojos
Hay un entendimiento confuso y abrigado
Un detenimiento amarillo predeterminado
No es el líquido ayer ni es el sólido mañana
No entono los detalles de la imaginación desbordada
No invoco a los demonios ni complazco a las doncellas
Reniego de los dioses humanos
A las diosas inhumanas las condeno
Exhorto a los húmedos fantasmas
Ahogo a las pálidas sirenas
Huyo de la levedad de las plumas sutiles que caen desde los cuerpos de los colibríes
Rechazo el placer de la oscuridad y el silencio que perduran en la tierra de los bosques
Aquí estoy
Vencida ante la delicadeza
En el frágil equilibrio entre la felicidad y la agonía
Sin la inclinación de la línea de los labios que las diferencia
Y todo lo que está detrás
Aquí en la espalda
A cuestas
miércoles, 10 de marzo de 2021
Cúbito y Radio
Esta
necesidad oscura y desgarradora de escribir sin saber qué
Este imperioso instinto de sacarse de la cabeza y del corazón lo que no tiene nombre
El retorcido y húmedo sentimiento de no saber hacer lo que corresponde
Esta presión en la tráquea y en los bronquios
Este ardor líquido y caliente a lo largo de la médula
Este imperioso instinto de sacarse de la cabeza y del corazón lo que no tiene nombre
El retorcido y húmedo sentimiento de no saber hacer lo que corresponde
Esta presión en la tráquea y en los bronquios
Este ardor líquido y caliente a lo largo de la médula
La contradicción continua y extendida
La tergiversación de no ser, de no estar, de no ir
Este camino que me devuelve a ninguna parte
Esta cercanía en el estar tan lejos
La lentitud de la sangre fría que circula
El ángel que ni la letra logra exorcizarme.
martes, 9 de marzo de 2021
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