martes, 5 de noviembre de 2024
Aferro
El problema con dejar que la sea la vida la que se traiga las cosas es que la vida me ha enseñado que no necesariamente se trae cosas buenas. Ya entonces me trajo la depresión y me la estalló en el alma para el resto del tiempo. ¿Qué hace uno con eso? Si hubiera dejado que la vida decidiera por mí ya se habría acabado, no sería esta que soy ahora, hubiera tenido unos hijos indolentes y miserables, no me hubiera graduado de nada, no hubiera ido a ninguna parte. Si hubiera dejado que la vida decidiera por mí no sería yo sino otra que no admiro ni reconozco. Esa otra no necesariamente sería menos feliz de lo que soy ahora, que esta guerra continua contra el destino no es más amable. No sería yo. Yo, la que soy, tuvo que entender que la suerte que le toco es medio sínica. Una suerte perversa que me va arrancando pedacitos lentamente y en silencio, sin que se note demasiado, mientras que todo pareciera que fuera bien, y sin embargo adentro me va carcomiendo. Una suerte ilícita que pareciera que me privilegia, mientras me socaba el cariño, la paciencia, la sonrisa. Esta guerra contra el destino es, señoras y señores, para que la vida no se me acabe tan pronto, para que haya alguna forma de seguir viviendo, alguna, posiblemente un poco más amable. Es por eso que continuo, porque todavía creo que es posible. Que existe un futuro en el que el dolor no es permanente, en que las necesidades básicas están cubiertas, en que alguien anda conmigo y sonríe. Pero la vida insiste en los insoportables, en el desamor, en la soledad abrumadora, en ganarse el pan de cada día sin tener un día de descanso, en el sugerir que pido demasiado mientras los otros también, en los que mienten, en los que callan. La guerra contra la vida es para la vida, la guerra contra lo que hay es por lo que quisiera, la batalla de cada día es por la libertad de decidir y no acomodarse a las decisiones miserables de lo que se trae lo cotidiano. Esta guerra es para no dejarse corromper por la miseria, y la vida no ayuda a ese respecto, al contrario, se trae historias de horror y hombres malvados, de heridas abiertas, de futuros desolados. Es por eso que no puedo dejar que pase, es por eso que requiero los valores, y el hablar, hablar harto, decir lo que pienso y lo que siento. Es por eso que en medio de estar destruida me niego a rendirme, terca, incesantemente terca en continuar, en no quedarme tirada en medio del camino, en no hacerle caso a los pensamientos asesinos que se pasean por mi cabeza, en no darle la razón a la vida, sino en aferrarme fuertemente a lo que soy y seguir viviendo.
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