Hay días así,
Desamparados,
Vagabundos.
Días de lluvia fría, constante y tenue.
De la que empapa pero no limpia el alma.
Días como hoy de sentimientos confusos y doloridos.
De desconciertos.
De angustias pequeñas que se riegan por los músculos.
De mundos inadecuados e inauditos.
Días sordos desubicados.
Simples como un augurio o una sentencia.
Solos como el origen o como laguna.
Días a retazos, que no encajan, no cubren, no calientan.
Días perdidos pero presentes, espontáneos, estorbos.
Hay dolores así, parecidos, ubicuos.
Heridas que no sanan, que vuelven a abrirse aún sin infectarse.
Que se niegan a volverse cicatrices.
Obsoletos dolores pero persistentes.
Como esos que los causaron sin saberlo.
Tu silencio es una fría espada clavada en mi garganta.
Tu sombra es la ceniza que me queda de tu ausencia.
Me arde la piel se me deshace.
Y las neuronas tiemblan susurrando olvido.
Pero tu idea sabe bien como esconderse.
Como sobrevivir a la realidad perturbada.
Sabe el recuerdo de lo que significas filtrarse entre mis infortunios.
Huele al sabor metálico y oscuro de la sangre.
Y yo inoportuna despilfarro estas letras.
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