Siento una tristeza inmensa y suave que se me desnuda por
entre los rincones.
Esa tristeza pura y fresca de los buenos amores perdidos.
De los que se diluyeron en los segundos y en los latidos.
No tuve tiempo de aprender a amarte.
No tuve como llegar a enamorarte.
Tengo estas manos de casi 34 años abiertas y disponibles.
Tengo la voz quebrada y las lágrimas contenidas.
Tengo el pecho abierto y los pulmones colmados.
Tengo este cariño agónico, pero bien habido.
Nadie hay en el universo como tú.
No hay como tú nadie en el universo.
Busco entre mi memoria los segundos en que estuvimos.
¿De dónde viene esta felicidad tan triste?
¿Qué fortuna enloquecida me trajo hasta tu cuerpo?
¿Cuánta suerte hay que tener en la vida para haberte
encontrado?
¿Cuán efímera es la plenitud?
Lo cierto es que te quiero
Con este cariño suave y pasajero que solo puede tenerse al
reconocer en alguien lo mejor de la vida
Y saber que no hay como quedarse.
Lo cierto es que no me arrepiento
Que sin haber tenido demasiado de ti, me inundo de sonrisas
y de belleza cuando te pienso
Y nada cambiaría de lo que vivimos.
Lo cierto es que hemos crecido
Que cuando me miro y te pienso sé que no fue ni casualidad
ni accidente haberte encontrado
Fuiste para mí por cuatro días y te amé más que al mundo
mientras fui tuya.
No sé qué será de nosotros ahora.
No sé si volveré a encontrarte en las mareas del tiempo
No sé si al volver a vernos coincidamos de nuevo
Sé que dejaste en mi corazón jardines y bosques y colibríes
Que llegaste inesperado y me creciste las alas.
Se que cuando dormimos juntos
Al despertarme en medio de la noche
Al escucharte a mi lado
Aprendí lo que es tener muy buena suerte
Y dormí feliz y tranquila como tal vez nunca más lo he
hecho.
Ojalá la vida te colme de cariño.
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