Sálvame otra vez, te lo suplico.
Sálvame otra vez de ser yo misma, de ser humana, y de todos los otros,
de su humanidad imperdonable.
En esas agüitas está toda mi esperanza, en esas agüitas tan poquitas que
tienen adentro lo que debe ser el genoma de dos especies hermosas de
dinosaurios nectarívoros.
Sálvame que no conozco nada más a que aferrarme y el agua se me escurre
desde los ojos hasta el cuello.
Que la garganta se estremece con dolor y odio de todo lo que no puede
decir y quisiera.
Sálvame querida ciencia que nada hay en mí que tenga más valor que lo
que tú eres.
Esa vez que en vez de morir decidí que tenías razón y que tu lógica era
más poderosa que lo que yo sentía.
Esa vez me diste desde entonces y
hasta ahora una segunda oportunidad.
La de un día más, sin promesas y sin excusas.
Me diste bajo la premisa de que
había que considerar diferentes posibilidades una nueva oportunidad.
Yo la tomé mientras mi sangre
empezaba a correr demasiado rápido y el oxígeno no alcanzaba a entrar a mis
otras células. Me salvaste.
Hoy sálvame también querida ciencia.
Hoy también necesito que seas tú la que llene el universo.
Otra vez necesito que seas tú la que conduce el camino.
La que asegura que hay cosas que vale la pena conocer.
Porque aquí adentro, en esta humanidad inocua y descontrolada se me
confunden las razones.
Tú, lógica.
Yo, insegura.
Descolorida, furiosa.
Con esta rabia que no alcanza ni siquiera a nombrarse.
Ven a mi encuentro.
Recuérdame que allá afuera hay unas aves que vuelan incesantes.
Que conducen sus genes hacia nuevas generaciones.
Que, como nosotros, son filtradas por la selección.
Y luego algunas ¿afortunadas ellas? sobreviven.
Ay ciencia.
A cuanta cosa simple nos aferramos los humanos.
Sin ti, yo no soy, ni valgo.
Pero tu sin mi sigues intacta.
Tú has estado siempre y estarás después.
Y mientras yo existo me prestas tus ideas para hacerme una vida.
Gracias.
Desde todo lo que soy, desde cada una de mis células y mis lagunas,
gracias.
Quédate conmigo.
Déjame darle sentido a mi vida contigo.
Déjame pensar que porque hago en ti valgo la pena.
Porque fuera de ti no tengo nada.
Fuera de esas largas secuencias de bases nitrogenadas que explican la
divergencia de dos especies cercanas, no soy nada.
Porque tu independiente de mí y de todos los otros,
Tú, independiente de él y de ellas.
Permites.
Permites conocer un poco más, abrir un nuevo camino.
Andar, correr, nadar, volar, soñar.
Sostenme.
En estos días en que no creo en mi misma y menos en los otros.
Estos días en que la rabia inexplicable me desgarra la piel desde
adentro.
Y se come mis huesos, mis dientes y mis parpados.
Estos días en que las acciones humanas son lógicas pero egoístas.
Son explicables pero injustas.
Son éticas pero insensibles.
En estos días es cuando más te necesito.
Cuando es tu compañía la única defensa.
El único escondite.
El único alimento.
El único amor.
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