Cuando corremos no tenemos edad, ni jerarquía, ni desconfianza, ni apariencias.
Cuando corremos somos lo que realmente somos, sin necesidad de demostrar nada, ni de querer más.
Cuando corremos tenemos la misma altura, los mismos sueños, las mismas alegrias.
Cada paso es el mismo esfuerzo, cada respiro el mismo aire, cada latido el mismo corazón.
Cuando corremos no estamos lejos, no somos distintos, ni nos juzgamos mutuamente.
Eso, solamente cuando corremos.
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