Martes 10 de Noviembre
Rabia. Pura rabia, sin más que eso.
Tenemos un sistema de salud que no funciona, no porque tengamos malos médicos o enfermeras, sino porque el sistema nos deshumaniza y hace de la salud un producto que debe ser producido y consumido en masa, bajo unos estándares de calidad de uniformidad y simpleza, sin considerar a los pacientes como seres vivos sino como bienes en una cadena industrial. Al menos así lo siento luego de ayer.
Tenemos un sistema de salud que no funciona, no porque tengamos malos médicos o enfermeras, sino porque el sistema nos deshumaniza y hace de la salud un producto que debe ser producido y consumido en masa, bajo unos estándares de calidad de uniformidad y simpleza, sin considerar a los pacientes como seres vivos sino como bienes en una cadena industrial. Al menos así lo siento luego de ayer.
Este es un lugar donde es obligatorio pagar mensualmente
una EPS para poder trabajar, y donde la EPS no sirve para nada más que eso
porque no tienen capacidad para atender a sus pacientes con humanidad. Donde
los médicos generales están autorizados para recetar medicinas psiquiátricas y
una cita médica de esta misma especialidad requiere autorización y solo está
disponible una vez cada mes si uno está de buenas.
Este es un lugar donde el aborto es legal en solo tres
casos particulares, en los que uno es usado como bastión para legalizar muchos
abortos que “no deberían serlo”. En el que por estos días leo tweets en los que
me aterro respecto a las posiciones de ambos lados, unos diciendo que es pecado
y los otros diciendo que “el aborto es parte de la experiencia de ser mujer”...
Yo realmente creo que ninguna mujer debería necesitar experimentarlo.
Este es un lugar donde no querer tener hijos es
criminal, y donde a pesar de que la operación para ligarse las trompas es legal
parece más ilegal y condenable que el aborto. Un lugar donde que yo solicitará
dicha operación a los 23 y a los 27 años sin haber tenido hijos es inaceptable
y las EPS simplemente la niegan bajo el argumento de que puedo arrepentirme.
Un lugar donde finalmente a los 31 años, luego de
requerir un documento en donde conste que 'soy capaz de auto determinarme y
obrar en consecuencia' de parte de mi psiquiatra (particular), y tres citas
médicas de autorización, de las cuales en la primera la médico general me dice:
"normalmente yo podría autorizarte de una vez pero tú caso no es un caso
común y tengo que remitirte"…
Miércoles 11 de
noviembre
…me autorizaron la operación de ligadura de trompas y
me remitieron a Profamilia porque es por medio de esta entidad que la EPS
realiza la cirugía.
Caminé por los pasillos de Profamilia orgullosa de mi
misma por saber que estaba tomando la decisión más responsable posible. Fui a
la asesoría, de ahí a la valoración del ginecólogo que luego de las tres
preguntas que tendría que responder repetidas veces hasta el cansancio: –
¿Alergias? – A la furoxona. – ¿Alguna enfermedades importante? Depresión mayor.
– ¿Está tomando algún medicamento? Escitalopram 10ug diarios, me remitió a
valoración a anestesiología, cita que me dieron para 18 días más tarde y que logré
cambiar para un par de días después porque alguien canceló la suya. Fui a
Anestesiología y de allí a programar la cirugiá que quedó para el lunes a las
7:30 de la mañana. Hasta ahí todo bién, más allá del papeleo y de las idas y
venidas no había sido complicado.
Entonces vino el lunes. En la sala de espera mujeres y
hombres llegaban para ser operados y llamaban de a grupos. Eso ya era
intimidante. A mí me llamaron con otras ocho mujeres más pero solo estábamos
seis. Ahí la primera enfermera que nos recibió y a quien no puedo asignar otro calificativo
que hijueputa nos entró por un par de pasillos y nos dio una tacita plástica
pequeña en la que orinar para hacernos la correspondiente prueba de embarazo
antes de la cirugía para curarse en salud (la institución por supuesto) y
empezó lo que no puedo describir como amable de ninguna manera, sin ninguna
privacidad o consideración humana tres de nosotras teníamos que entrar al baño
y llenar (no mucho) las tacitas y salir con ellas en la mano y colocarlas sobre
el mesón de un baño compartido para que la enfermera tomara unas gotitas y las
pusiera en la correspondiente prueba de embarazo mientras nos preguntaba el
nombre y llenaba el correspondiente certificado del resultado. De eso salíamos
y nos sentábamos en una sala enfrente de un mesón al que la hijueputa enfermera
nos iba llamando de a una y sin ningún recato o consideración iba mencionando
nuestro pasado medico en frente de las demás, no sin antes de empezar,
preguntar, todavía no puedo decidir si entre broma amable o reproche sínico si
la el resultado de la prueba era el que esperábamos. Yo tratando de romper el
hielo y hacer la situación más amable dije: y ni siquiera ponen musiquita? Mis
cinco compañeras se rieron un poco y en esas comenzó el dialogo inevitable
entre estas 6 mujeres que por quien sabe que calamidad o bienaventuranza
habíamos resultado reunidas allí, mientras escuchábamos a la enfermera llamarnos
y ventilar entre nosotras nuestros secretos médicos. No tengo nombres de mis
compañeras, los oí mencionados por la enfermera pero no recuerdo ninguno, de
ellas nunca oí sus nombres. La primera que me habló y con quien compartí más
tiempo tenía 43 años y un hijo de 24, y dos cesarías que ella no me contó pero
escuche mencionar a la enfermera claramente mientras la entrevistaba. La mujer
me alcanzó a contar que llevaba planificando 14 años con el DIU y que había
decidido hacerse la operación porque ya a su edad que hijos ni que nada. Y que
en su casa había sido toda una discusión, que su hermano le decía que debería
tener más hijos, mientras su mamá la alentaba y regañaba a su hijo diciéndole
“y es que usted se lo va a mantener o qué” y a pesar de que a la mamá no le
hacía gracia la cirugía ahí estaba afuera como su acompañante. Otra de las
mujeres era una niña de 22 años que ya tenía un hijo y que no quería tener más,
que trabajaba en Movistar y que no sabía si la iban a echar pronto porque eso
habían hecho con un compañero de ella que le tocó irse de incapacidad porque se
le había muerto la mamá o la abuela o algo así y que cuando regreso lo
despidieron. Esa niña fue la que más rechazo me generó, una niña de 22 años
manteniendo un niño con un sueldo de Movistar en esas condiciones y contando
que se quería hacer un tatuaje en todo el brazo y la espalda y que se había
hecho el piercing de la nariz, el del labio al centro, el del labio a la
derecha y a la izquierda… para mi ella era el ejemplo perfecto de la
irresponsabilidad maternal, teniendo un niño porque si a una edad muy temprana
cuando no había terminado de crecer y de ocuparse de ella misma… no me cabe en
la cabeza, en serio. Otra era una mujer de unos 28-30 años le pondría yo, que
estaba en licencia de maternidad y tenía dos hijos, y que sabía que su bebé se
había despertado en la casa porque le estaban doliendo los senos, calmada y
tranquila y preocupada por sus hijos. Otra era una chica de unos 26 años
creería, que entró llorando y nunca supimos porque, pero que estaba asustada de
que le canalizaran una vena a pesar de que ya se había mandado a hacer un par
de tatuajes y que también tenía un hijo. Otra tenía gripa y nunca supe si la
pasaron o no a operar porque la tenía que valorar el médico primero. La otra
era yo. Le hijueputa enfermera nos llamó a cada una y cual cárcel (imagino, así
se sintió) nos entregó la bata esa de póngansela con la abertura hacia adelante,
unas polainas, un gorro y una bolsa de tela verde y como vendedor de bus recitó
el: – ahí en los vestieres quítense toda la ropa, aretes, manillas todas las
joyas y pónganlas en la bolsa de tela y métanlas en ese mesón allá a la derecha
y pasen a la sala de enseguida. Una sala en la que a lado y lado, arriba de una
fila de sillas acolchadas de color café colgaban ganchos de metal que en lo
único que me hacían pensar era en una carnicería, pero que claramente eran para
colgar el suero. De allí nos llamaba una segunda enfermera, un ángel, la única
de las enfermeras amables con las que me toparía ese día, afortunadamente
porque era la que canalizaba la vena y tenía una mano suavecita. Nos llamaba a
un cuartito de metro por metro y nos canalizaba, yo pasé de segunda y otra vez
las tres mismas preguntas que ya había respondido varias veces antes, y
entonces además de la manilla verde que nos ponían a todas a mí me pusieron una
manilla roja en la que se leía Furoxona y Depresión mayor. Por ello no solo me
canalizaron sino que me pusieron suero de una vez, y así volví a la sala de
espera anterior mientras llamaban al resto, mientras me enteraba de que la
hijueputa enfermera le había dicho a la mujer de 43 años que no le quitaban el
DIU porque el médico no lo había autorizado mientras que la enfermera ángel le
había dicho a la mujer que sí, que solo era que ella lo autorizara, que de una
vez un solo dolor. Eso entre las conversaciones que oía entre las enfermeras
confirmadas por lo que contaba la mujer de 43. Entonces, cuando ya las 5
estaban canalizadas y me seguía enterando de que a unas en su trabajo no les
iban a decir nada y a otras si, alguna mencionó que a todas las habían
canalizado pero a mí me habían puesto suero de una vez, que por qué? Y yo
conteste con honestidad: porque soy depresiva. Y las cinco pusieron esa cara de
no entender que carajos yo les estaba diciendo y no saber si preguntar o mejor
quedarse calladas, hasta que las de 22 sin ningún signo de cautela preguntó: ¿y
eso qué es? Mientras yo trataba de explicarles y ellas miraban con cara de
incredulidad e incomprensión pero decían – uyy eso debe ser muy duro la de 22
lo resumió contundente: “ah es como lo que nos da a todas pero a usted le dura
mucho más! Uyyy que mamera”. En esas me llamaron, supongo que por “el factor de
riesgo” me llamaron de primeras. Si hasta ahí ya me sentía disminuida y
miserable por el trato recibido de parte del personal médico, entiéndase “el
sistema”, de ahí para adelante la cosa se pondría peor. Entré a la sala de
operación donde no se tomaron ni siquiera la molestia de cerrar la puerta y
como si le hablara a una cosa una nueva enfermera me llamó como esta es la 28 y
me condujo hasta la camilla me levanto las piernas me corrió hacia el borde,
mientras otras dos enfermeras preparaban el equipo y hablaban entre ellas sobre
como esa otra paciente había salido tan mal y que eso no debió haber pasado y
tenían que tener más cuidado con no sé qué. En esas entraron dos médicos, uno se
sentó frente a una mesita y empezó a revisar lo que supongo era mi historia
clínica y pronunció mi nombre en voz alta, a lo que no dije nada porque no
sabía si estaba hablando conmigo o con él mismo y otra vez se refirió a mi como
la número 28. El otro médico era el anestesiólogo y coincidió en ser el mismo
que me había valorado un par de días antes, así que me reconoció y supongo que
por eso me dirigió tres palabras, luego me dijo que me iba a poner algo en el
suero a lo que yo le pregunté que era y me dijo que era un primer sedante.
Luego me puso la máscara de la anestesia y sin ninguna palabra amable ni nada,
sin ni siquiera pedirme que contara hasta 10, sin ningún aviso asumo que me la
aplicó porque me quedé dormida. Ni siquiera supe quién fue el médico que me
opero…
Jueves 12 de Noviembre
La rabia empieza a diluirse lentamente con los días.
Me desperté en una camilla arropada mientras me trasladaban a una primera sala
de recuperación, allí estábamos sin nada que nos separara varias mujeres en
camillas, en diferentes estados de recuperación, unas ya vistiéndose sentadas
en las camillas y a la vista de todos, mientras entre lo que la anestesia les
hubiera generado y el malestar de la operación intentaban conservar su
intimidad al intentar ponerse la ropa interior de esa manera. La mujer de 43
años llego casi al tiempo, ella estaba mejor que yo y me preguntó como estaba,
yo respondí que bien sin estar muy segura. Una enfermera (otra) nos dijo que
nos pusiéramos de lado para evitar el dolor que produjera el gas de la
anestesia, aunque yo la verdad prefería no moverme en absoluto. Un poco después
otra enfermera pasó preguntando que si habíamos tomado alguna vez ibuprofeno o
acetaminofén y si sí nos daba dos pastillas con un vaso de agua aromática, -
Apóyese en el codo para tomársela – decía. En esas entró la chica de 22 años
que venía llorando y oí que decía algo así como que no sabía porque. Luego de
ver otro par de mujeres entre ellas la de 43 vestirse de igual manera, en
frente de todos, mientras enfermeras y enfermeros andaban de aquí para allá
llevando camillas con y sin mujeres, limpiándolas, conversando entre ellos
sobre como entregaban de bien o mal a una paciente, - Todo Ok – decía úno, –
¿qué significa eso? – preguntaba otra
enfermera entre risas, el enfermero se iba riendo y al volver con otra camilla
y mujer decía algo así como – paciente en pos operación de ligadura exitosa sin
ninguna complicación – y volvían las risas... Luego de un rato que no sé cuánto
fue pero por mucho 20 minutos llego mi turno de vestirme y de pasar a la
siguiente salita de recuperación en donde tenía que sentarme y luego de que fuéramos
varias la última enfermera nos daba las indicaciones pos operatorias, otra vez
recitando como vendedor de bus – Hoy solamente van a tener dieta líquida,
jugos, caldos algo caliente y mañana ya pueden incluir cosas como pure de papa,
arroz, por hoy y por mañana nada de lácteos ni gaseosas, pasado mañana ya
pueden volver a su dieta normal. Si están lactando solo pueden tomar
acetaminofén una cada 6 u 8 horas, si no están lactando pueden tomar lo mismo
que toman para los cólicos: ibuprofeno, buscapina, buscapina fem una cada 8
horas o si el dolor es mucho una cada 6 horas ahí ustedes van mirando. Cómo se
siente? Listas para salir? Alguna pregunta? La acompañante de fulatina de tal
por favor acercarse… mientras sin parar de hablar se paraba en la puerta y empezaba a
llamar a los acompañantes. Llamo a la mía y yo me levanté de mi silla pero me
mareé de inmediato y lo dije en voz alta, así que me volví a sentar y me
desmayé por primera vez de las cuatro que seguirían durante el día. Cuando
volví en mi estaba sudando y cansada como si hubiera corrido, y me habían
puesto oxígeno, la enfermera volvió con su “voz de propaganda fresca” a
preguntarme si ya estaba bien y llamó a mi acompañante, cuando esta llegó con
el carro la enfermera me tomo por el brazo y me acompaño a la puerta donde me
entregó y hasta ahí fue historia. En el carro de camino a casa me desmayé otra
vez, y luego un par más en la tarde al tratar de tomarme la sopa y luego al ir
al baño. No sé bien en que momento caí en cuenta que tenía un microporo enorme que
me cubría la panza y en el ombligo un algodón que se notaba ensangrentado por
debajo. La instrucción era quitárselo al día siguiente cuando me fuera a bañar.
El día siguiente era martes, así que tenía terapia con mi psiquiatra a las 6 de
la tarde como todos los martes y me levante a las 4pm para bañarme antes de
salir para allá. Algo me decía que quitarme el microporo iba a desatar mucho
más que mi panza. Al lograrlo y ver el hilo negro del punto que quedo bajo mi
ombligo no pude de la rabia, todas las sensaciones del lunes se acumularon al
ver ese simple punto y saber que una cicatriz quedaría ahí para recordarme la
decisión que he tomado, lloré enfurecida y empecé a pensar en cómo sacarme la
sensación de encima, empecé a pensar en este escrito. En la terapia conté lo
mismo y lloré controlándome porque lloran me aumentaba el dolor de la cirugía.
Mi psiquiatra amablemente al terminar la sesión dijo: Lamento mucho que la
experiencia haya sido tan horrible. Yo le respondí que sí, pero que lo más triste
es que a pesar de lo mierda que fue tenía que agradecerles (a Profamilia me
refiero), porque por fin había podido hacerme la cirugía y era lo que quería,
porque al fin tengo control sobre mi propio cuerpo de manera definitiva al
menos en cuanto a lo que planificar se refiere, así que tenía que agradecerles
y que de ser necesario, aun sabiendo que era así de horrible lo volvería a
hacer, porque prefiero esto al pánico que me genera la posibilidad de un hijo
con depresión o con una madre depresiva.
El martes pensé terminar diciendo que este es un lugar
en donde ser mujer es un crimen, en donde ser mujer, depresiva, científica, no
querer tener hijos, autodeterminarse y hacerse responsable de uno mismo y de su
cuerpo es un crimen, aún más un lugar en donde es un crimen ser diferente de
cualquier forma … Hoy pienso que la rabia hace que uno se le olvide que los
otros también son humanos, como lo hace la cotidianidad de un trabajo enmarcado
en el sistema de salud que tenemos, como les ocurre a las enfermeras que nos
atendieron. Hoy prefiero contra la experiencia aferrarme a la visión de Jane
Goodall en la que para nuestra especie todavía hay esperanza.
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