Es este momento de delirio,
en que abandono el silencio y la prudencia, en que busco en mi cerebro hasta la
agonía las delicias de los segundos compartidos contigo, y los resumo mezclándolos
en millones de posibilidades que configuren imaginarios nuevos y me permitan la
ilusión. Esa mentirosa. Te busco en los rincones de mi mente para intentar
traerte a llenar cada segundo de soledad que me atropella mientras la sangre me
cruza inmune por el pecho y no me da opción de controlarme. No estas, ya lo sé,
lo sé, lo sé bien. No eres tú ahora, lo sé bien, lo sé. Pero la soledad tiene
esos trucos que te desconciertan, esa manera de escurrirse entre los huecos que
deja la paciencia y entre las cuevas que va formando en mi conciencia la
ausencia de otro que procure las sonrisas. La soledad tiene ese poder de
hacerse grande e invencible aliada con el tiempo, solo para recordarme que no
soy infinita, que los segundos son un regalo medido y terminado. Y cómo no
tengo armas para defenderme de su ataque, cómo poco me queda porque el cariño
se me hace pequeño sin quien lo alimente, y la ternura se me acurruca entre los
hombros y el cuello entristecida, como los besos se me ahogan en la boca y se
me olvidan, y la palabras lindas se traducen en miradas que apenas reconozco,
por eso no puedo, a veces simplemente no puedo sostenerme. No puedo quedarme
muda y lejana, no puedo simplemente esperar otro segundo, y entonces sin
permiso, sin razón, sin medida, sin realidades y sin inocencias, reivindico tu
recuerdo al borde de lo absurdo y te nombro con ese nombre que no tienes, y te
llamo cariño aunque no hayas sido sino cuando mucho un silencio incómodo, y
quiero tenerte aquí a mi lado sin siquiera considerar lo que eso significa, y
como todo eso no es más que una idea desfigurada e ilusa de lo que es el
universo, no tengo otro remedio que esculpirlo en letras para hacerlo menos
cierto. Así que aquí estoy, incoherente. Mañana será otro día, y podré quererte
de nuevo de veras, sin apuros y sin dolores, así desde tu lejanía y mi extrañeza,
desde ese punto humano en el que tú eres lo que eres y yo soy esto que soy
aunque no esté muy bien segura de lo que eso sea.
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