Tienes un cuerpo delicioso...
Dan esas ganas simples de acercarse y dejarse tocar por él.
Lástima que seas quien eres, aunque seguramente es también por eso.
Tienes unas manos como para dejarse deshojar...
Como para que se dediquen a mi cuerpo toda una tarde.
Pero tus tardes y mis tardes están muy lejos.
Las cavernas de tu voz son la negación de la humedad de mi silencio.
Ni siquiera un milagro (si existieran) podría sostenernos.
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