No toco el odio como pecho diurno,
ni sin cesar, de ropa en ropa vengo durmiendo lejos.
Ni soy, ni sirvo, ni conozco a nadie,
ni tengo armas de mar o de madera, ni vivo en esta casa.
De noche y agua no está mi boca llena.
La duradera luna no determina lo que no tengo.
Lo que tengo no está en medio de las olas.
Ni un rayo de agua, ni un día para mí, ni un fondo férreo.
No hay contramar, ni escudo, ni traje,
ni hay especial solución insondable, o párpado vicioso.
No vivo de pronto ni otras veces sigo.
No toco de pronto un rosto ni me asesina. No tengo tiempo.
No me busqueis entonces descorriendo el habitual hilo salvaje
o la sangrienta enredadera.
No me llameis: mi ocupación no es esa.
No preguntéis mi nombre ni mi estado.
Ni me dejéis en medio de mi propia luna o en mi terreno herido.
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