¡Tengo sed!Una sed azul, afilada.
De cuerpos que no he escrito.
De palabras que no he tocado.
Una sed extensa y profunda.
Que consume desaforada pensamientos y sonrisas.
Que se traga irresistible el futuro y los pronósticos.
No se saciara deprisa esta sed.
No se calmara contigo solamente.
No se aplacará con uno o dos genomas.
Es una sed ancestral y permanente.
Una necesidad mortal ineludible.
Una entidad eterna torturada.
Es un animal sórdido iracundo.
Una sombra ahogada y trasegante.
Una sed lucida y resuelta.
Que no permite desvaríos ni retornos.
Que no concede ni esquinas ni rincones.
Que no otorga treguas ni medallas.
Una sed cosa pesada y brumosa.
De reflejos ocultos.
De pozos traspasados.
De noches enfermas.
No es el hambre y sus bemoles.
No es el hueco en el estomago y en la boca.
No es la urgencia del azúcar o la hogaza.
Es más allá.
Más antes.
Más antigua.
Es la sed que previene a la existencia.
El dios requerido antes de la luz.
La voz indispensable antes de la palabra.
El recogimiento del océano antes de la ola.
Es la sed principio de tirar hacia sí.
Con fuerza, hacia lo oscuro.