Te extraño, de esta forma inconclusa e insoportable.Nunca has sido tú y mi memoria te usa como placebo.
No eres y se me derriten las ilusiones inconsistentes.
No eres tú y no hay nadie más que llene mis expectativas.
Almendra, piel de mariposa.
Me disculpo por hacerte acreedor de mi deseo sediento.
Este desespero ciego por pertenecerte.
No a ti, no a quien eres, sino a la idea que me hago de lo que eres.
Te uso indiscriminadamente como excusa.
Como refugio imaginario de la sonrisa y el cariño.
Como punto de llegada.
No eres tu.
Me disculpo, una y mil veces, me disculpo.
Por este silencio abrupto y torpe.
Por este cariño mal habido y mal gastado.
Te extraño en cada instante solitario,
En el agua que me baña en las mañanas,
En la fruta que me devuelve la vida,
En la letra que reviso y que uso.
Te encuentro en cada palabra en cada verso.
Y no eres tu.
Es solo la idea de la sombra de la idea que eres.
Ese tu que yo invoco se esconde emancipado de ternura.
Se escabulle entre árboles y archivos.
Se retuerce entre ríos y zancadas.
Yo corro hacia ti y lejos de ti.
Yo trato de olvidarte y te recuerdo.
Y tu recuerdo amargo me reseca el paladar y la lengua.
Dragón, flor de cerezo.
¿Cómo puede una idea - tu - ser tan poderosa?
¿Cómo puedo aún retenerte entre los barrotes de mis sueños?
Juro, te juro que quiero liberarte.
Te juro que quiero dejarte libre y solo tú.
Pero soy tan miserable y tan mezquina.
Soy tan dependiente y sedienta.
Te necesito tanto.
Tan envenenadamente te necesito.
Que dejarte ir me cierra los pulmones.
Que borrarte de mi memoria me destruye.
¿Por qué me hago esto?
Es tan doloroso el olvidarte.
Si tuviera cómo te pediría que me perdones.
Si tuviera algún derecho sobre ti te suplicaría que me perdones.
Pero en la realidad no hay de ti nada en mi.
En la imaginación en cambio estoy empalagada.
Toda tu idea me recubre la piel y se derrama.
Todo tu me traspasas por completo y me dibujas.
Mi corazón apenas logra sostenerse ante el poder de tu sombra.
Aceituna, hoja de plata.
Por favor abandóname.
Por favor, idea fulminante, déjame.
No por mí, sino por ti.
No por quien soy, sino por quien quiero ser.
No por amor, sino por respeto.
Sigo luchando como hace tiempo por alcanzar el olvido.
Por dejarte por fin tranquilo en ese espacio mental donde estás bien y a salvo de mi hambrienta lujuria,
De mis sueños desbocados por apoderarme de tu cariño,
Por la obligación destinataria de que seas tu el amor de mi vida.
Huracán, huella de ocelote.
Necesito dejarte.