miércoles, 7 de septiembre de 2022

Gracias a la vida

¡Ay Indiana!
¿Por qué es tan larga la vida?
Nos vimos ayer y fue hace años,
Con todo lo que se hizo,
Con los genes,
Los cigarrillos,
Los computadores,
Con el café a todas horas,
La lasaña,
Con las historias de las guerras entre el instituto y el departamento,
Que felices ahora otros perpetúan,
Con ese silencio largo y digno de no contarnos los pesares profundos,
Los pasados errados, los presentes inciertos.
¡Profesora!
Alguna esplendida voluntad de la vida la puso en mi camino.
Estas palabras no son para nada suficientes,
Decir gracias no es para nada suficiente.
Sin más que hacer,
Le mando desde el corazón un ramito de fresias.
Usted sabe que la quiero.
¡Ay Indiana!
¿Por qué la vida es tan corta?

miércoles, 3 de agosto de 2022

Homenaje

A esa gente que se le da por morirse antes que uno
Esa a la que uno quiere por cualquier razón o por ninguna
A esos lejos con los que solo compartí un instante
O incluso menos
A veces más si fuimos afortunados
A esa gente a quienes les regalé un pedazo de mi vida
Un trozo de lo que soy
Una tira de recuerdo
Y viceversa
Las que se nos van prematuramente
Si sé, si sé, uno se va cuando le toca, no antes, no después, a tiempo
Y así se han ido
Antes que yo

A usted ni se le ocurra
A usted señor mío
Querida mía
Ni se le ocurra
Que no quiero conocer el mundo sin su existencia

¡Ay como duele!
Como caen estas lágrimas gruesas y tristes
La tristeza más honesta de todas
Como se acurruca el corazón al fondo del pecho
Y titila
Como se desbordan los recuerdos y sobre todo
Como se abre esa caja de los sentimientos
Y se despliegan como una cola, como un arcoíris, como una tormenta
Se derraman los sentimientos que los que se marchan han inspirado
La voz
Las enseñanzas
La calma
La paciencia
Así Profe
Así somos
Así nos vamos
Nos antecedieron los peces y quedan todavía
Ya nos extrañamos
Ahí va el cariño
La sonrisa

martes, 12 de julio de 2022

Holocausto

Te extraño, de esta forma inconclusa e insoportable.
Nunca has sido tú y mi memoria te usa como placebo.
No eres y se me derriten las ilusiones inconsistentes.
No eres tú y no hay nadie más que llene mis expectativas.
Almendra, piel de mariposa.
Me disculpo por hacerte acreedor de mi deseo sediento.
Este desespero ciego por pertenecerte.
No a ti, no a quien eres, sino a la idea que me hago de lo que eres.
Te uso indiscriminadamente como excusa.
Como refugio imaginario de la sonrisa y el cariño.
Como punto de llegada.
No eres tu.
Me disculpo, una y mil veces, me disculpo.
Por este silencio abrupto y torpe.
Por este cariño mal habido y mal gastado.
Te extraño en cada instante solitario,
En el agua que me baña en las mañanas,
En la fruta que me devuelve la vida,
En la letra que reviso y que uso.
Te encuentro en cada palabra en cada verso.
Y no eres tu.
Es solo la idea de la sombra de la idea que eres.
Ese tu que yo invoco se esconde emancipado de ternura.
Se escabulle entre árboles y archivos.
Se retuerce entre ríos y zancadas.
Yo corro hacia ti y lejos de ti.
Yo trato de olvidarte y te recuerdo.
Y tu recuerdo amargo me reseca el paladar y la lengua.
Dragón, flor de cerezo.
¿Cómo puede una idea - tu - ser tan poderosa?
¿Cómo puedo aún retenerte entre los barrotes de mis sueños?
Juro, te juro que quiero liberarte.
Te juro que quiero dejarte libre y solo tú.
Pero soy tan miserable y tan mezquina.
Soy tan dependiente y sedienta.
Te necesito tanto.
Tan envenenadamente te necesito.
Que dejarte ir me cierra los pulmones.
Que borrarte de mi memoria me destruye.
¿Por qué me hago esto?
Es tan doloroso el olvidarte.
Si tuviera cómo te pediría que me perdones.
Si tuviera algún derecho sobre ti te suplicaría que me perdones.
Pero en la realidad no hay de ti nada en mi.
En la imaginación en cambio estoy empalagada.
Toda tu idea me recubre la piel y se derrama.
Todo tu me traspasas por completo y me dibujas.
Mi corazón apenas logra sostenerse ante el poder de tu sombra.
Aceituna, hoja de plata.
Por favor abandóname.
Por favor, idea fulminante, déjame.
No por mí, sino por ti.
No por quien soy, sino por quien quiero ser.
No por amor, sino por respeto.
Sigo luchando como hace tiempo por alcanzar el olvido.
Por dejarte por fin tranquilo en ese espacio mental donde estás bien y a salvo de mi hambrienta lujuria,
De mis sueños desbocados por apoderarme de tu cariño,
Por la obligación destinataria de que seas tu el amor de mi vida.
Huracán, huella de ocelote.
Necesito dejarte.

martes, 7 de junio de 2022

Futuro

Te amé
Con todo lo que era mío
Te amé desde el principio y todavía
Con cada célula con cada respiro
En el odio
En la angustia
En la miseria
También te amaba
Entre las lágrimas
El desespero
Y las dudas
También allí te amaba
En el centro de la soledad infinita
Sin tu nombre
Sin tu beneficio
Sin certezas
Te amaba
Inundada de la culpa de darte lo que no querías
Asustada de mostrarte en mí lo que no aprecias
Invadida de contradicciones cotidianas
Yo, así, te amaba
Te amé en todo el tiempo que no has estado
Y en los instantes efímeros en que te vi a lo lejos
Como duelen en el ego los amores no correspondidos
No por eso significan menos
Que yo te amé con todo lo que tengo
Te amé cuando no era necesario
Y cuando no lo merecías
Cuando no hiciste parte de mi vida
Cuando hiciste nada para que te amara
En las noches en que no te tuve
La idea equívoca de ti me enloquecía
Me supuran burbujeantes los olvidos.

jueves, 26 de mayo de 2022

Pertenencia

Parpadeo, han pasado tres horas, parpadeo de nuevo, un minuto, parpadeo, siete horas. El tiempo se retuerce, se distorsiona en mí. La misma pregunta de siempre de desliza entro los huesos ¿Quién soy? ¿Quién soy ahora? ¿Quién soy aquí? ¿Dónde estoy? La respuestas no varían pero tampoco satisfacen a nadie, no son suficientes y tampoco son necesarias. Soy yo, soy yo ahora, aquí, aquí. El tiempo retorcido no puede desenredarse, es una maraña enmohecida y sucia. No hay como rescatarlo o devolverlo. Las heridas invisibles supuran una sabia clara y ácida, corroen las emociones y los porvenires, por costumbre. Me minimizan, me hacen básica, simple, desnuda. Nos acostumbramos los humanos a los horrores, con la edad, nos acostumbramos a ver sin hacer nada los horrores, la guerra, los asesinos, las armas, las angustias. Tenemos la ilusión de la sobrevivencia, del mañana. Pero es ahora, y en este ahora en que apenas puedo volver a las letras, después de cinco días de la muerte en vida que me sepulta en mi propio cuerpo, después del llanto inevitable e inexplicable, después de recoger las piernas hacia el pecho y apretar con el pulgar derecho la palma izquierda, y repetir mil y un veces que hay que seguir respirando, después de recordarse a cada instante que hay un después y todo pasa, pasa también la vida en ese tiempo enmarañado y descompuesto que ya no tengo y nunca fue mío. La vida pareciera ser esa cosa bonita que me pasa entre una depresión y la siguiente y sin embargo, es también todos los años que he estado deprimida, que los cabellos descoloridos también anuncian el pasado y lo poco que queda de futuro. Y como siempre, como nunca, levanto mi estandarte, como cada vez que me destruyo y me hago polvo y me disperso invoco la cordura, no todavía, repito una y otra vez repito, si vas a matarme es no todavía, y luego de una pausa larga sin que entre aire a mis pulmones inhalo, y la vida continua, no todavía, y ondeo mi estandarte, que hay más años en los que hacer ciencia, la muerte no todavía, que hay que hacer, hay que aprender, hay que enseñar, hay que escribir, no vas a destruirme todavía aunque me deslías los huesos, los músculos y las neuronas. Espero, espero a que los espacios vuelvan a hacerse conocidos y tridimensionales, espero a que la comida vuelva a tener algún sabor, algún olor, espero a poder enfocar mis ojos y mis pensamientos, a que las manos se muevan sin tener que suplicarles, a que las piernas no tiemblen. Espero a que las ideas vuelvan a aparecer en mi cerebro. Lentamente, desordenadas, débiles. Las ideas vienen a devolverme la vida. Este naufragio milenario en el océano de mi propia existencia es incesante, este ahogarse para volver a la vida me deshoja, día a día, año a año, vida a vida. Ya no nos enfrentamos a muerte, ya no miro en el espejo a mi enemiga, ya no la alimento de rabias y por qués desconocidos, ya no le permito lastimarme tanto, es extenuante mantenerla a raya. No es el cansancio, es el ahogo, es el abandono necesario y doloroso. Ya no la persigo en circulo para pedirle que me devuelva la vida. Ella, yo, tampoco sabemos dónde está. La espero.

jueves, 12 de mayo de 2022

Larga espera para tanta suerte

Es la urgencia, el bienestar, la necesidad de decir que aún Rateza, que estamos vivos y hay que hacer, y no tan desgraciadamente Cesar ¡Hay muchísimo que hacer! Es tan bueno estar ocupada, es tan valioso tener que hacer y en general no andar por ahí desocupada muriéndose de hambre, no estar sin que comer, sin que querer, sin un lugar en el que sentirse confortable. Más allá de esas posibles carencias, es el hecho del tener que hacer. Es esta sensación permanente y cotidiana de levantarse y tener tareas pendientes, problemas en los que pensar y a los que buscarles solución, estudiantes a los que apoyar y dirigir, propuestas que escribir, correos por leer, proyectos que ejecutar, comandos por aprender, artículos que leer, tesis que evaluar, datos que limpiar, secuencias que analizar, discusiones por tener, artículos que publicar. Esta pequeña y brillante sensación de satisfacción que se me escurre entre las neuronas y me permite ser lo que había querido ser, me permite hacer lo que siempre he querido hacer: buscar entre los genes los rastros de ese proceso incesante y deslumbrante que es la evolución. Seguirle la pista entre adaptaciones y azares, entre individuos y especies, a través de ríos y de montañas. Pensar en ella, actuar en ella, hacer en ella todos los días y con tanta gente, permitir que otros también se apasionen por desentrañarla, conversar con pares sobre los pormenores que conocemos y los que no conocemos, hacer preguntas y más preguntas e incluso esas que sabemos que no podremos contestar en esta vida pero quizás otros luego apoyados en lo que hemos hecho. Reconocer cuanto ha sido el camino para estar aquí hablando de ello y reconocer el camino de otros y encontrarnos en las mismas palabras, en los mismos discursos, en las diferencias que nos hacen más fuertes. Disfrutar cada momento en que se hace algo más porque esta ciencia mía y de todos siga viva, siga desarrollándose, creciendo, reproduciéndose, explicándonos un poco más de todo cuanto se transcribe, se traduce, se expresa, se regula. Explicándonos un poco más de nosotros mismos y de esos que no son nosotros y han seguido sus propias trayectorias evolutivas. Larga espera para tanta suerte. Hay aún pasos gigantes adelante. Hay aún retos y por menores y por mayores que enfrentar y que resolver. Nos falta tanto, como especie ¡Nos falta tanto! y aún así como solo es posible seguimos y aspiramos. La vida cada día es un confuso mar de momentos que se suceden sin demasiado tiempo para considerarlos. En este suceder que es mi vida hoy, agradezco enormemente el camino que he seguido y a todas y todos los que lo han impulsado, incluso a los azares. Así más o menos es la felicidad en mi caso, tener que hacer y a quien enseñar sobre esta ciencia que me enriquece las ideas, las sonrisas, y los actos.

miércoles, 11 de mayo de 2022

De la maternidad y otros derechos reproductivos

Pocos temas me hacen tan visceral y cínica como los derechos reproductivos. Aparte de los estereotipos y la discriminación continua y recalcitrante por la identidad de género, a los cuales procuraré no incluir ni considerar en este escrito, el tema de los derechos reproductivos me crispa la médula y los horrores. Que otro ser humano tenga el poder de decidir por otro su maternidad o paternidad me corroe, me niega las amabilidades, y me provoca ser tajante e impositiva. La obligatoriedad de la maternidad y la paternidad las hacen abominables y míseras. Forzar a un ser humano a ser madre o padre es mezquino y malvado. Para mí, forzar una vida que no es deseada es lo único peor que la muerte. Sin abordarlos, reconozco que hay innumerables matices derivados de aspectos sociales e históricos más generales que es necesario considerar ante una posible reproducción. Independientemente aseveraré que ninguna mujer bajo ninguna circunstancia en ningún momento debería ser forzada a ser madre, aún más, lo reitero: ninguna mujer bajo ninguna circunstancia en ningún momento debería ser forzada a ser madre. Por mil y un razones y en principio porque nos pasa adentro, porque es nuestra vida, nuestro cuerpo, nuestro útero, nuestra sangre, nuestras hormonas, nuestros recursos químicos, biológicos, mentales, sociales, económicos, es nuestro tiempo. Esa valoración de la mujer por su potencial reproductivo me parece mercantil, esclavista, traficante. La maternidad y la paternidad deberían ser adorables, amables, bonitas, deseadas, al menos deseadas. La decisión de traer al mundo a otro ser como nosotros mismos debería ser eso, una decisión, un proceso mental y emocional de negociación con una misma (y con el otro responsable) en el que se evalúa si las condiciones son apropiadas y suficientes para enfrentar una responsabilidad que es para el resto de la vida y más allá para la vida de todos los futuros descendientes. El riesgo a fallar es enorme y comenzar desde la imposición es una condena al fracaso. Los hombres tampoco deberían ser obligados a ser padres. Aquí es indispensable aclarar que la maternidad y la paternidad no son solo el hecho de poner los óvulos y los espermatozoides. La maternidad y la paternidad incluyen el compromiso y la dedicación en la crianza. Pagar una porción recurrente de dinero a aquellos a quienes contribuiste a concebir sin hacer parte de su vida cotidiana no te hace padre (ni madre), ciertamente por lo menos no uno bueno. De todas las ideas y acciones retorcidas que los humanos hemos inventado y hemos usado los unos contra los otros, aquellas asociadas a los derechos reproductivos, como la violación, la esterilización forzada, la penalización del aborto, la dificultad en el acceso a la salud sexual y reproductiva, la estigmatización social y económica, y todos los comportamientos derivados que atacan y castigan a quienes no o si desean reproducirse, son las que se me hacen más perversas y traumatizantes, las más invasivas y agresivas. Son las ideas y acciones que atentan contra los derechos reproductivos las que me generan la reacción más instintiva, casi maternal diríamos, la de proteger la vida que ya está aquí, la de ahora, no la vida que no ha existido.