Que tristeza tan larga, tan ancha, tan profunda.
La que fue amiga del alma
Es ahora una tortura constante y suficiente.
Cómo te salí a deber?
Dos veces vine a buscarte y te negaste a hablarme.
Hubiera querido que resolviéramos esto.
Hubiera preferido decirnos las verdades.
Pero te cerraste y trancaste por dentro.
Y yo para rogar, ni siquiera a dios.
Ahora es todo presión y desconfianza.
Ahora es solo este trato seco y descarnado.
Este ardor constante,
Este desazón continuo,
Esta ansiedad permanente.
Tres meses obligados nos quedan.
Yo ya hice la tarea de tratar de arreglarlo.
Ahora es tu turno, si el orgullo te deja.
Si no, hasta aquí nos trajo el río.
Tengo que aprender a dejar que te vayas.
A que ya no pese el cariño que te tengo.
A que no me duela este sentimiento de traición controlada.
A que mi vida ya no tenga nada que ver con la tuya.
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