¿Quién puede huir de esta felicidad clara y abrazadora?
¿De esta belleza aguda y atropellada?
¿Cómo?
Es una cosa horrenda permitirse la felicidad.
La sensación distorsionada de irrealidad que la acompaña es abrumadora.
El infinito miedo subsecuente a que se desvanezca es intolerable.
Ese frío lineal y paralelo a la espina dorsal es permanente.
Los remolinos entre las vísceras sin luz se atropellan entre ellos.
Estas lágrimas de goterones pesados se esconden tras los ojos.
Este cariño desbordado e inmortal me habita y me defiende.
Las sonrisas una tras otra se replican a borbotones.
No es en vano que quiera detener el tiempo en el momento más importante.
Detenerlo allí en cada fragmento de segundo en que están ustedes.
La felicidad me inunda.
Pero no está hecha para ser estática la felicidad,
Se siente líquida, mutable, transitoria,
Como la lluvia,
Me lava la felicidad y sigue de largo,
Es una ahora y es otra luego,
Que vaya cambiando,
Hay que admirar el movimiento.
Que no se detenga,
Que me siga.
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