miércoles, 25 de octubre de 2023

Lejos

El cerebro empieza a volver lentamente.
Reacio.
Algunas pocas ideas empiezan a formarse.
Todavía hacer conexiones entre ellas es imposible.
La memoria es turbia y silente.
No sé que sucedió en los últimos días.
Sé que hubo llanto, ahogo, desespero.
Sé que no podía moverme, ni hacer, casi ni cuidar de mi misma.
Sé que la comida no tenía sabor y que no hacía frío ni calor.
Pero no hay recuerdos.
La especificidad de los momentos me elude.
No sé cuantos días fueron.
Puedo contarlos en el calendario:
Una semana
Dos semanas
Tres semanas
Cuatro semanas  - ¡Que dolor! -
Y esta que empieza con algo de sentido.
Tanto tiempo sin existir realmente.
Sin poder abrazar a la gente querida.
Sin poder enseñar a mis estudiantes.
Sin poder analizar una sola secuencia.
Sin escribir nada más que esta crónica lamentable.
Es tanto lo que las quiero y las admiro.
Ustedes amigas mías que permanecen a pesar de este desastre.
Ustedes que no se desesperan y saben esperar.
Yo solo sé esperar y no creerle a este cerebro mío cuando
se declara adolorido, angustiado, fallido, inútil.
El dolor de cabeza ha cedido.
El insomnio es cada vez menos.
El sueño comienza a ser más tranquilo.
El cariño vuelve a sentirse no solo a saberse.
La piel vuelve a sentir el rozar de la ropa, la temperatura del agua, la amable caricia.
El tiempo vuelve a su paso cotidiano, no a comerse horas o a eternizar segundos.
Aparecen canciones en la cabeza, imágenes, recuerdos, preocupaciones cotidianas.
Todos los quehaceres están atrasados y hay que empezar de cero.
Todavía estoy muy frágil y no puedo decir que se ha acabado.
Pero parece que lentamente vuelvo a ser yo, a esta decisión radical de seguir viviendo.

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