lunes, 21 de noviembre de 2022

Antiparalelo

El problema, querida mía, es que soy yo quien va a necesitarte primero. Es la soledad mía la que te exige, la que te requiere. No es para nada que yo quiera complicarte la vida, o acudir desesperada a tus brazos, o quebrarme en frente de tu semblante. No es siquiera que te ame y que este dispuesta a darte todo lo que soy y todo lo que tengo. No tiene nada que ver con el cariño que puedo abrigar en el alma por lo que eres. No! Es solo la necesidad temblorosa de una mano extendida. Es la sed intensa ante el desierto descubierto a pleno sol. No es que sin ti no pueda, ni que me hagas falta en el núcleo de cada una de mis células. No eres, finalmente nadie particularmente importante. Eres solo otro conjunto de átomos que se mece en la colina. Solo el instante efímero de una células que trabajan juntas. La conciencia nacida de la interacción del potencial de acción en tus neuronas. Nada particularmente sorprendente. Hay, de seguro muchos otros, han habido, habrán luego. Humanos tan bellos y tan precisos, meciéndose. El problema es este hueco áspero y lustroso que me habita en el pecho, entre las vertebras, en la base del cráneo. Esta soledad seca y descolorida que se alimenta de mis segundos huérfanos. Es esta deuda, este capricho, esta agonía de la soledad austera. Ni tu en todo tu esplendor podrías subsanarla. Ni si fuera cierto que eres lo que a ti te otorgo podrías disminuir el silencio, pasarme tus colores, liberarme de la ausencia. Nunca ha sido tu problema. Y no es siquiera que sea demasiado problemático ¿para qué es que hacemos todo esto? No han cambiado demasiado las preguntas a lo largo de la vida. Debe ser abrumador el conocerlo todo. Deber ser aburrido y ceniciento. Aprecio enormemente las sorpresas pequeñas que me trae el día, aunque ellas tampoco puedan hacer nada para acallar el silencio enorme que el hueco en mi pecho se consume. No hay tarea más allá del respiro. Hay que preguntarse y continuar, recordar que el sentido es de aquí hasta luego. Habrá que ser como la polimerasa, continuar el rito, y de vez en cuando equivocarse con fortuna.

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